Las potencias del éter

Las potencias del éter

Nos dice Guillermo Hurtado: “El 24 de noviembre de 1929, desde su refugio en Guaymas, Vasconcelos lanzó un manifiesto a la Nación en el que afirmaba que había ganado las elecciones y anunciaba que, ante la imposición de Ortiz Rubio, saldría del país, como antes había hecho Madero, esperando que el pueblo se levantara en armas para defender su voto” (“La revolución creadora” UNAM, 2016, p. 387). Temeraria provocación de José Vasconcelos al régimen callista ante resultados abrumadores: obtuvo 105,655 contra 1,825,732 de Pascual Ortiz Rubio; el fraude, aunque auténtico, no bastaba ya para levantar al pueblo a su favor. Contra las directivas leninistas plasmadas en “¿Qué hacer?”, Vasconcelos creía en la espontaneidad de las revoluciones: el pueblo, la masa, se alza por motivos indescifrables transparentes al líder iluminado, no por cálculos siniestros de mafias oscuras. Pero el pueblo no lo siguió. La hipótesis de Hurtado es que para 1929 las condiciones que habían permitido la sublevación contra Porfirio Díaz habían cesado, y la derrota de Vasconcelos constituyó el último acto político e intelectual del maderismo como vertiente de la revolución mexicana (p. 391) dejando el escenario libre para el desarrollo del callismo, que con el tiempo llevaría a la fundación del PRI. ¿Qué tuvo Madero que no tenía Vasconcelos? En carta a su padre, fechada el 20 de enero de 1909 en San Pedro, Coahuila (“Epistolario, 1900-1909” SHCP, 1985, p. 297), le dice, para consolarlo de los peligros reales o imaginarios que veía y para convencerlo de darle su bendición, lo siguiente: “Esos peligros que tú corres son hipotéticos, pues si bien es cierto que la lucha va a estar ruda, los elementos que nos secundan serán poderosos, y si una puerta se cierra, se abrirán cien”. ¿De qué elementos poderosos habla Madero?, ¿sentía tener a los yanquis de su lado?, ¿había recorrido el país las veces suficientes para considerar que el pueblo lo secundaba? He aquí lo que, en la misma carta, explica: “…es bueno que sepas que entre los espíritus que pueblan el espacio existe una porción que se preocupa grandemente por la evolución de la humanidad, por su progreso, y que cada vez que se prepara algún acontecimiento de importancia en cualquier parte del globo, encarna gran número de ellos, a fin de llevarlo adelante, a fin de salvar a tal o cual pueblo del yugo de la tiranía, del fanatismo, y darle la libertad, que es el medio más poderoso de que los pueblos progresen” En otras palabras, que se confirman en párrafos subsecuentes de la citada misiva, aquellos que tomarían las armas ya estaban listos, ya tenían, por usar las palabras de Madero, la idea preconcebida de luchar porque por ese motivo habían dejado la quietud de su mansión en el éter (Madero dice “espacio”, pero a fines del XIX “éter” y “espacio” se resolvían en lo mismo: la plenitud de todos los misterios). Para despertar a esos soldados el instrumento fue su libro “La sucesión presidencial de 1910”. Si juzgamos una teoría por sus predicciones la de Madero resultó precisa, porque cuando convocó a la rebelión logró aglutinar a su alrededor los elementos necesarios para enfrentar el régimen de Díaz. ¿Era verdad entonces que las potencias del éter estaban de su lado? Uno de tantos espejismos de la política es que si se logra la victoria entonces los fundamentos teóricos que la fundan son correctos, pero esto es falso porque de una secuencia de proposiciones falsas se pueden seguir proposiciones verdaderas, por lo que, aunque ocurra lo que predice la teoría, bien podría ser errónea en sus supuestos. Vasconcelos cayó en el resentimiento, es decir, renegó del maderismo porque, según enseñó Madero: “Yo esperaba que mi carta te habría hecho meditar sobre el verdadero objeto de la vida y que, comprendiendo que a este mundo venimos a cumplir una misión relacionada con nuestra vida eterna, debíamos dar más importancia a esa misión, que a las pequeñas peripecias de la lucha, peripecias que llegan a embargar nuestros sentidos si no nos elevamos en alas de nuestras nobles tendencias a las serenas alturas del espíritu desde donde podremos apreciar en su justo valor todas las pequeñeces de este mundo y comprender claramente que nuestro paso sobre él es transitorio, y el objeto que nos trae a él, bien determinado”. No era misión de Vasconcelos derrotar la estructura en ciernes de lo que sería el PRI; eso quedó para el PAN de Manuel Gómez Morín; por lo que su arrebato de imitación de Madero debía ser ignorado por las potencias espirituales que le tenían reservado otro destino. En las páginas del “Ulises criollo” se puede apreciar la misión que debía cumplir, que era la del escritor que perdura a través de su literatura. Marco Flaminio Rufo, personaje del cuento “El inmortal” de Borges, buscó la vida eterna en las aguas de un río porque no pudo conseguirla mediante hazañas en la guerra. Sin duda la política es una guerra en la que Vasconcelos nada tenía que hacer, pero quedó su obra literaria como gesta de su vida y cumplimiento de la misión que las potencias ultraterrenas le habían deparado. ν

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