Luces y sombras del proceso electoral

Luces y sombras del proceso electoral

Todo mundo ha festejado la copiosa participación en las elecciones de este domingo. De hecho, mucha gente se quedó sin votar, sobre todo aquellos que iban de tránsito. Las casillas especiales fueron insuficientes para cubrir el interés ciudadano a votar. El voto libre rebasó con mucho los reductos del llamado voto-duro. Fue precisamente la determinación del voto blando la que salió victoriosa, que sacó de la arena legislativa y gubernamental a los partidos tradicionales burocratizados y acostumbrados a mover sus piezas divorciados de la gente y en profundo autismo. Por lo que podemos decir que la elección significó remover al burocratismo partidario de derechas e izquierdas, que en este caso iban aliadas. La mayor decepción y el más afectado fue el PRD, que está al borde de la extinción: las burocracias partidarias que pactaron con las políticas neoliberales fueron ahora demolidas. Viene algo bueno, una luz: un nuevo mapa político que inicia obligado a renunciar al autismo.
Es de aplaudir la civilidad política de reconocer el triunfo de la oposición. En medio de un ambiente de violencia, es importante esta muestra de civilidad. Sin embargo, que esa civilidad no se convierta en impunidad: hubo irregularidades como la compra del voto de grupos que se agarraban con las uñas al poder. No entendían que eran rechazados por su corrupción, y la paradoja de la cosa es que pretendían continuar en los cargos corrompiendo la democracia. Sus acciones para ‘asegurar’ la votación que les diera el triunfo terminó por hundirlos. Ratificó a la ciudadanía los motivos para sacarlos de la arena: su conducta mafiosa e inmoral. Es el caso clarísimo de Antorcha Campesina del PRI; que por décadas ha representado los vicios de la política: clientelismo, manipulación, violencia y esquirolaje de los movimientos sociales (campesinos) genuinos. Pero hubo una luz: el rechazo contundente a esas expresiones políticas.
Una sombra es lo que alguna gente califica como ‘los saltos de las ratas’; esto es, el cambio oportunista al partido ganador por parte de ciertos actores políticos que lo único que persiguen es estar dentro de algún puesto público: lo que los mueve no es un proyecto social o una carrera política legítima, sino el interés particular de seguir en el gobierno. Incluso cayendo en abiertos actos de traición política. Esto genera un reto a los partidos ganadores: renovar su militancia con ciudadanía fresca y nuevos ánimos. Sobre todo, jóvenes con entusiasmo por el cambio social.
Hubo luces y sombras, pero se han impuesto las luces: hay un ánimo lleno de esperanza de que lo que se prometió en campaña (cambios profundos) realmente ocurra. Y la esperanza siempre es luminosa: moviliza a las personas por la posibilidad de salir de la crisis económica, superar la pobreza o conseguir la paz. Todos motivos luminosos. Hay un manto de oscuridad en nuestro país, esperamos que estas luces tomen fuerza y aclaren las tinieblas en que nos encontramos. Otro México es posible.

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