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Ante un país que se cae a pedazos

Ante un país que se cae a pedazos
Celebración por triunfo de AMLO. Foto de Armando Vega-gil.

La Gualdra 345 / Especial Elecciones 2018

 

En 1994 yo tenía 22 años. Eran las elecciones federales donde se decidiría quién tomaría las riendas del Ejecutivo Federal. El año había sido muy convulsionado: la irrupción del EZLN, los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu. Entonces vislumbraba la caída del PRI. Quise ser partícipe de ese acontecimiento histórico y me sumé a un movimiento de vigilancia del sufragio: Movimiento Ciudadano. La casilla que me tocó observar estaba en la cabecera municipal de Tepechitlán, Zac. Desde que llegamos, una noche anterior a los comicios, el ambiente fue hostil. En el restaurante donde cenamos, un tipo nos advirtió que nuestra presencia ahí era inútil.

Durante la jornada electoral vi cómo un tipo se acercaba a las personas mayores y les decía: “¿Ya están hartos del PRI?, ¡Táchenlo para que no gane!”, y las personas ingenuas e ignorantes, lo hacían. Había muy cerca de la casilla un vehículo oficial de Gobierno del Estado. Todo eso lo reporté en el acta correspondiente. Horas después se daba a Ernesto Zedillo como vencedor. Durante el cómputo y escrutinio de las boletas un sentimiento de desilusión embargó mi ser. Uno a uno los votos por el Revolucionario Institucional hacían una mayoría arrolladora.

Seis años después el PRI salía de Los Pinos. Pese a ello no festejé, no me sentía parte del cambio porque no vislumbraba ningún cambio. Este año las cosas fueron distintas. Un amigo muy querido me invitó a fungir como representante de partido. Acepté y el primero de julio, en punto de las siete treinta horas, estaba en la casilla. Me sorprendía la conciencia cívica de quienes esperaban impacientes la apertura de la casilla (una señora fue la primera en llegar pero la última en votar por horarios de su trabajo), así como sus antípodas (quienes llegaron en chanclas y pijama después de las seis de la tarde).

A diferencia de la elección del 94, la emoción recorrió mi cuerpo. Cada voto por López Obrador me decían que había esperanza de un mejor país en cada persona que lo emitió. Al final el resultado fue abrumador. Estoy contento, sí. Pero también consciente de que las voces críticas debemos seguirlo siendo, que debemos exigir(nos) resultados; que un gran porcentaje de los electores son de clase media baja y baja, que no leen por placer, que no son consumidores de la oferta cultural, pero que ello no les ha impedido sentir la rabia e impotencia ante un país que se cae a pedazos.

 

 

*Zacatecas. Promotor de la lectura.

 

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