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Adiós a los pejechairos

Adiós a los pejechairos
Juan Carlos Villegas

La Gualdra 345 / Especial Elecciones 2018

 

El triunfo de AMLO no es el resultado de la enajenación irracional de millones de personas que durante más de un sexenio vienen cargando los apelativos de pejezombis, chairos o Amlovers; esa búsqueda de liderazgo, esa necesidad de un mesías, como muchos de los detractores no dejaron de gritar durante los 6 años del gobierno gris de EPN, es el reflejo del hartazgo, de la miseria en la que se ha hundido al país durante décadas, es la respuesta a los miles de desaparecidos, a los constantes feminicidios, a la incompetencia de los servicios de salud, educación y seguridad, a la inmensa podredumbre y corrupción que ha hecho famoso el nombre de México en el mundo.

En el 2000 yo tenía 12 años pero recuerdo la alegría generalizada cuando ganó Vicente Fox y la gente se dio cuenta que la alternancia era posible. Pero el vaquero guadalupano decepcionó antes de llegar a la mitad de su mandato. En las elecciones del 2006 no alcancé a votar, pero conocí a un Obrador menos fuerte que el que hoy gana la presidencia. Calderón impresionó por su inteligencia en los debates y tuvimos a un presidente que con su guerra contra el narcotráfico hundió al país en una ola de violencia de la que seguimos sin salir del todo.

En 2012 estaba convencido, como la gran mayoría, del triunfo del Peje, pero el famoso fraude colocó a EPN en la silla a pesar de los escándalos que lo rodearon durante toda la campaña. AMLO perdía y recuerdo que aquella noche, mientras el PREP entregaba los resultados, el ambiente no era ni por poco parecido al que se vivió ayer. En las redes sociales todo era repudio y decepción. La gente estaba encabronada y los medios institucionales trataban de rescatar la imagen de un primer mandatario pulcro y bien peinado, con una sonrisa tan falsa como la forma en que llegó al poder. Las calles estaban vacías y no se veía ese casi 40% de mexicanos que había apoyado a Peña Nieto. No hubo festejo.

Ése es el punto, ahora, en 2018, voté por AMLO, pero no con el convencimiento que lo habría hecho en 2012. Voté por Obrador porque como varias personas (más inteligentes que yo, por supuesto) lo dijeron: a pesar que su proyecto -y sobre todo sus juntas, Morón en Morelia, por ejemplo- no me convence del todo, creo, y lo pongo en mayúsculas: CREO EN LA GENTE QUE CREE EN AMLO, porque conozco a muchos, porque los he visto trabajar en ese proyecto desde 2006, porque por primera vez, al menos desde que yo tengo memoria, tenemos un presidente que alegra y da esperanza a los más de 20 millones de mexicanos que votaron por él. Bastó la noche de ayer para darnos cuenta de eso. Bastaron las redes sociales, el festejo en el Zócalo. La alegría generalizada -con sus excepciones, claro-. La más evidente de estas decepciones: la del apenas 5 por ciento del electorado que creyó en la figura caricaturezca de El Bronco (no se puede evitar recordar al Quadri de 2012). Sorprendente el despunte de su candidatura en las últimas semanas del proceso, un despunte que tenía en la vanguardia a los jóvenes de 18 a 20 años que votaban por primera vez. Un caso que debemos analizar en los meses venideros: ¿qué esperan los ciudadanos nacidos en las raíces de los 2000 de la política? Algo que ya es noticia vieja: se acabaron la izquierda y la derecha, aunque se insista en la imagen de pesadilla de las últimas dictaduras comunistas del siglo pasado. Estamos frente a nuevos ciudadanos –desinformados, sí, tal vez incluso asincrónicos-, ¿qué les va a ofrecer este gobierno de izquierda a esas nuevas generaciones para que en las próximas elecciones no cedan su voto al nuevo cartoon? Crear una nueva democracia es también una tarea pendiente, porque se ganó, lo dijimos ayer en la noche, lo coreamos todavía hoy: ganó México. Pero hay que recordar que una gran cantidad de electores primerizos comienzan su vida democrática con una derrota.

¿Ahora qué queda? Lo que también ya se ha dicho: primero, tirar a la basura todo ese odio que se gestó en estos meses de campaña. Olvidar las descalificaciones, el clasismo, el rencor. Darnos cuenta que se acabó el sexenio de los pejechairos, de los amlovers y de los pejezombis, a partir de hoy y hasta el 1 de diciembre de 2024, todos debemos ejercer una crítica útil, verdadera, activa frente al presidente que elegimos y su Congreso (porque al parecer Morena es mayoría).

Hoy, lunes 2 de julio de 2018, veo más alegres que inconformes, y eso me alegra, pero recuerden que la chamba apenas comienza. Ayer Obrador reiteró que no iba a decepcionarnos, pues no decepcionemos tampoco nosotros a la gente que creyó en el proyecto que, ojo, no es un proyecto de AMLO, ni de MORENA, sino uno de toda la gente que ayer salió a votar por él.

Y por último, a los que creyeron en la estupidez de que seríamos como Venezuela, les digo: ni Venezuela ni Suiza. Ahora sí que lo veamos como bendición o maldición, pero siempre vamos a ser este país y esta familia: México.

 

*Escritor michoacano.

 

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