¿Habrá fraude?

¿Habrá fraude?

Aun día de que millones de mexicanos elijan al próximo presidente de México, una de las interrogantes más fuertes es la de si habrá fraude electoral durante el día de la votación y las horas siguientes a éste. La duda es legítima, pero la pregunta es incorrecta.
La pregunta que debemos hacernos es ¿qué tanto el pueblo está consciente de las proporciones de un fraude electoral que se ha venido fraguando no por semanas o meses, sino por años e incluso décadas en nuestro país? El artífice de dicha medida ha sido primordialmente el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y el fraude que ha aplicado en múltiples comicios, regiones del país y sexenios, sólo puede entenderse como una compleja maquinaria en la que intervienen y se complementan diversos engranes.
Entre las piezas más sólidas y permanentes de dicha maquinaria están la inducción por parte de los gobiernos de la pobreza en amplios segmentos sociales, los cuales a partir de la necesidad y la ignorancia venden su voto por ínfimas cantidades, o bien lo cambian por algún servicio público. Se trata de un nicho de oportunidad extenso, pues de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en los últimos dos años la cifra de pobres alcanzó los 53.4 millones de pobres, incremento que se ha generado entre el gobierno del expresidente Felipe Calderón y el de Enrique Peña Nieto.
El empresariado representa otro actor clave en la compra del voto, pues al menos en las últimas dos elecciones presidenciales, organismos como el Consejo Coordinador Empresarial y tiendas como Soriana o Coppel no han escatimado en invertir en tarjetas de saldo, contratación de espots para favorecer principalmente al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y al Partido Acción Nacional (PAN), así como amagar a empleados y hasta proveedores para coaccionar el sufragio a favor de dichos partidos. Se trata de una pinza muy efectiva manejada por la clase política y los empresarios que buscan mantener el privilegio de no pagar el Impuesto Sobre la Renta (ISR), y perpetuar el esquema laboral que vulnera los derechos de los trabajadores.
Ahora bien, lo anterior representa un esquema de gran calado que tiene como punto crítico el mantener amplios sectores sociales en condición de vulnerabilidad, pero ello es sólo uno de los elementos que se conjugan. De manera paralela se ha registrado -al menos en los dos últimos sexenios- el que ciertos personajes tengan metidas las manos en aspectos clave de la elección. En 2006, por ejemplo, Carmen Aristegui dio a conocer que fue el cuñado de Felipe Calderón, Diego Hildebrando Zavala, quien tuvo el acceso completo a la base de datos de todo el electorado mexicano, y no sólo eso, sino que también tuvo los datos de las preferencias electorales de cada votante, lo que despierta la hipótesis del “rasurado” de padrones a favor de Acción Nacional en ese momento.
La manipulación del sistema que provee los resultados preliminares de las elecciones, conocido como el PREP, fue exhibido en esa elección por académicos, analistas y ciudadanos, los cuales hicieron ver la forma en que el sistema sumó votos a favor de Felipe Calderón en la medida exacta en la que le restaba sufragios a Andrés Manuel López Obrador, correlación que es absolutamente imposible en términos estadísticosen razón de que se trata de candidatos independientes el uno del otro. Pese a los señalamientos, para el Instituto Nacional Electoral (INE) nunca fue necesario dar una explicación coherente al respecto, pero lo más grave es que para este 2018 no hay nada que nos garantice que no se vuelvan a generar esas “irregularidades” cibernéticas, las cuales también estuvieron presentes en la elección que supuestamente ganó Peña Nieto.
El otro elemento del que prácticamente todos los partidos han echado mano son las páginas de internet, en razón de que a diferencia de los años previos, ahora buena parte del electorado se informa y convence a partir de lo que recibe de las redes, en particular las nuevas generaciones de votantes. Peña Nieto le apostó a su ejército de bots, pero ni con las carretadas de dinero que les invirtióha podido hacer contrapeso a los más de 16 mil 820 mensajes negativos de los que diariamente el priístaes objeto-principalmente en Facebook y Twitter-, según estimaciones de la agenciainsurgentepress. Ésta informó que previo a su cuarto informe de gobierno, Peña ya acumulaba más de 82 millones de comentarios de burla o negativos. Esa inercia alcanza hoy día a José Meade, quien además la acentúa con su falta de carisma y el “toque” para con las féminas del que se jacta Peña Nieto.
Por si la pobreza y las manipulaciones digitales no fueran suficientes, la violencia irrumpió y hasta la fecha se han acumulado 132 asesinatos de personas relacionadas a partidos o agrupaciones políticas, incluyendo 48 candidatos, según lo reportado por Servicios para una Educación Alternativa (EDUCA). Las amenazas y el robo de papelería electoral en varios estados(cinco correspondientes a las elecciones de carácter federal y 19 de elecciones locales) complementan ese cuadro de violencia.
En la presente elección las televisoras y sus faranduleros; ex presidentes (en especial Calderón y Fox), y prácticamente todo el que percibe en una coyuntura política a nivel federal una amenaza a sus intereses, ha operado a favor de José Antonio Meade o Ricardo Anaya, quienes son los candidatos que prometen mantener el statu quo a favor de empresarios y políticos. Las acusaciones en contra de estos, que van desde el lavado de dinero hasta el desempeño incompetente y sospechoso de Meade como secretario de Hacienda, los han posicionado muy abajo en las preferencias electorales. Pese a todo ello el INE pareciera modular sus declaraciones para generar la sensación de que cualquier cosa puede ocurrir, cuando en otras elecciones se ha mostrado mucho más abierto a considerar las encuestas.
En el fraude de 1988 a pocos sorprendió el fraude priísta, pero algunos todavía mantuvieron cierta credibilidad en la autoridad electoral; en 2006 a nadie sorprendió el fraude panista, y a muchos sorprendió el nivel de implicación del INE en las “irregularidades”. En 2018 todos hemos sido testigos de las prácticas fraudulentas de los últimos meses, las cuales incluyen la manipulación de voluntades, los privilegios hacia ciertos candidatos y el mutismo sesgado de la autoridad electoral. Esperemos que todo ello no pueda más que la voluntad de los mexicanos para elegir a su próximo presidente.

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