El voto como derecho y como obligación ciudadana

El voto como derecho y como obligación ciudadana

El sufragio es un derecho, eso lo sabemos todos. La pregunta es si también es una obligación ciudadana. En más de 20 países se considera que votar es tanto un derecho como una obligación, como el caso de Argentina, Ecuador, Bolivia, y muchos más; por tanto, deben sufragar, y si no lo hacen se hacen acreedores a una amonestación económica o de trabajo comunitario. Es razonable legislar de esa manera, porque las elecciones son decisiones que impactan a todo el país, y el costo económico y social de la omisión afecta a toda la nación. La obligación es la expresión legal de una responsabilidad ética: ser ciudadano es justamente asumir la responsabilidad del destino colectivo de la polis, del Estado.
En México la abstención encarece el costo del voto. El dinero público destinado a la totalidad del proceso electoral ha subido mucho: en 2006 se gastó 2.5 mil millones de pesos; en 2012 subió a 4 mil millones; y este año llegamos a 7 mil millones de pesos. La abstención, en promedio, es del 40 por ciento, esto es, no votan 4 de cada 10, aunque hemos tenido procesos con el 60 por ciento de abstención. Este año deberán votar casi 90 millones de sufragantes, de tal manera que si todos participaran el costo por voto sería de 80 pesos. Pero si la abstención llegara al 60 por ciento se eleva hasta 203 pesos, o si queda en la expectativa que tenemos, costará 135 por sufragante. Por ello, cada abstemio nos costaría 54 pesos por cabeza que se multiplica por millones.
Si el gasto económico es enorme, el costo social es aun mayor. Los tramposos cuentan con cotos de voto duro; por ello, mientras menos sea el voto libre, la oportunidad de que ganen los corruptos es mayor. Y el efecto de ser gobernados por personas que van detrás de la renta pública ya lo hemos sufrido: es más del 10 por ciento del PIB nacional, sin sumar el enorme sufrimiento de las capas vulnerables de la población. Alguien que compra votos y hace trampas es un delincuente, que hace campaña diciendo que combatirá tanto la corrupción como la delincuencia…, ¡el colmo! Si el voto libre disminuye, este tipo de candidatos incrementa su posibilidad de gobernar y quedar a cargo de todos nuestros recursos. Y claro está: estos sujetos no harán nada para resolver los problemas públicos que tenemos. Justo como ahora estamos.
La participación, como podemos observar, es un derecho, pero también es una obligación o una responsabilidad. Justo por esto, en México debemos comenzar a considerar hacer obligatorio el sufragio. Con comicios que registren participación del 85 o 90 por ciento del padrón, elevamos bastante la tasa de voto libre, y con ello, la posibilidad de mejorar gobiernos y que sean menos corruptos. En suma, la elección de autoridades es un derecho y una obligación. Si no asumimos esa responsabilidad, sólo somos pobladores no ciudadanos.

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