El final de la era neoliberal y de los fraudes electorales

El final de la era neoliberal y de los fraudes electorales

El próximo domingo será una realidad el triunfo de la democracia en México ¡Por fin! De Andrés Manuel López Obrador y de la gran mayoría del pueblo. Ningún candidato puede comparar su apoyo popular con el de AMLO, ni en los actos políticos que realiza en las plazas públicas y a lo largo y ancho de la nación, porque a ningún candidato lo acompaña tanta gente como a él, ni a nadie lo estiman tanto.
Las fotos, los videos, la TV, la Radio y otros medios no mienten, son pruebas irrefutables. Pero más que nada la gente misma, la ciudadanía que apoya a AMLO acredita la mejor prueba del triunfo, de la enorme ventaja de él por sobre los demás candidatos.
Además, las encuestas públicas dan una ventaja a AMLO del 20% sobre el más cercano rival; igual en las internas, porque aparte del Reforma, Universal y otros diarios y profesionistas, el PRI y el Pan tienen sus propias encuestas internas, que no dan a conocer por obvios motivos, que les dicen a Meade y Anaya, como el espejo de la bruja: “No, no eres tú el más popular, ni el preferido del pueblo.”
Vamos a ver, de los políticos, ¿quién ha estado más en contacto con la ciudadanía y en los poblados más apartados, con los pobres? ¿Quién ha recorrido el país más veces? ¿Quién conoce mejor los problemas de la nación? ¿Quién ha atraído más militantes de otros partidos al suyo?
AMLO -en tiempo electoral pero también fuera de él- recorre el país de sur a norte y de esta a oeste, vive en contacto permanente con la gente. En cambio el PAN y el PRI solo la ambición del poder los mueve.
Hoy como nunca, desde 1988, el PAN y el PRI se divorcian, se atacan y destrozan, lo que hace imposible unificar sus fuerzas contra AMLO. Salvo el último día, sí se ponen al servicio de la oligarquía.
Como nunca el fraude electoral se debilita en manos de Peña Nieto, quien cuenta con los recursos del Estado, para ponerlos al servicio de la oligarquía –Slim, Larrea, Bailleres, Azcárraga y otros- y del fraude.
He aquí el centro del conflicto: o reconocer la voluntad del voto popular, la legalidad y la democracia, o ir contra la mayoría ciudadana y levantar las protestas y actos de ira, e imponer el fraude e ilegalidad con el ejército e intentar sumir al pueblo en la frustración con un gobierno falso
¿Se podrá convencer a la opinión pública con fraude el 1 de julio, luego de seis meses de estar en la preferencia de la ciudadanía: o se provocará un levantamiento popular?
Lo cierto es que el actual escenario político por la presidencia es inédito, la enorme diferencia de más del 20% y por tanto tiempo, no había ocurrido en 1988, 2006 y 2012. Ni antes se habían confrontado tanto el PRI y el PAN, como en estos últimos seis meses.
¿Quién podría dar un resultado contrario al que el pueblo espera el 1 de julio, quien asumirá esa irresponsabilidad histórica? ¿Quién se atrevería a imponer otro fraude, que significaría desafiar al pueblo mexicano?
Sólo un enfermo o un grupo oligofrénico o esquizoide puede intentar un fraude y provocar la ira y la protesta del pueblo. Solo un débil mental por el poder y la ambición, sería capaz de levantar una acción colectiva y popular para exhibir el fraude y a México en todo el mundo.
Exhibiría al “ganador” por fraude, como un pobre diablo, un incapaz que tendría al pueblo en contra y a la opinión pública internacional. Sería un fraude imposible: levantaría el país y a la opinión internacional.
¿Quién querrá seguir con gobiernos como el de Salinas, un sexenio de sangre, infamia y crimen? Inició con la muerte Ovando y Gil del PRD (el 2 de julio de 1988) y luego con la de Manuel Clouthier, el candidato del PAN que nunca reconoció el triunfo de Salinas, como lo hizo la dirección del PAN. Durante su sexenio murieron más 400 militantes del PRD (de aquel PRD 1988-1994) seguidores del Ing. Cárdenas, quien realmente ganó la elección. Para terminar el sexenio, con la muerte insólita de Colosio por un criminal solitario, cuando era protegido por el Estado Mayor Presidencial, para concluir con la muerte de los Ruíz Massieu. Profundizó la política neoliberal a favor de la oligarquía nacional y extranjera, abrió la frontera a las maquilas trasnacionales con sindicatos y contratos colectivos “a la carta”, al gusto de los empresarios, de protección patronal, por supuesto, con líderes blancos, bajos salarios y empleos precarios, todo a espaldas de los trabajadores.
¿O alguien querrá que repita un gobierno al estilo de Peña Nieto? Forjado en las entrañas y mañas del PRI, aprendiz de Televisa, la escuela de simulación neoliberal. Que gracias a la traición histórica del “Pacto por México” del PRI, PAN y PRD se fueron a fondo contra la Revolución, La Constitución y la obra del Cardenismo, hasta destruir los cimientos del Estado Social, para hacer una nación al servicio de las trasnacionales, nativas o extranjeras, no perdamos de vista que la oligarquía nacional ya tiene trasnacionales fuera del país y su capital radica en la banca extranjera, por si el barco –la nación- se hunde, como las ratas serán los primeros en saltar.
¿O queremos más gobiernos del PAN? tan neoliberales como el PRI de la última generación, pero con menos mañas y trampas, pero iguales de serviles a Estados Unidos y a los ricos, en ambiciones y acciones ilegales, porque al final de cuentas un presidente surgido de un fraude, no puede hacer otra cosa que actos ilegales y traiciones a la patria.
O que lo diga Calderón, cuando entregó el territorio nacional sin límite a la oligarquía nativa y extranjera, para explotar la minería; o cuando sacó el ejército a las calles violando la Constitución, sin resolver nada, al revés, haciendo crecer la violencia y dando más fuerza al narcotráfico.
O que lo diga Peña Nieto, que repitió a Calderón en dejar el ejército en las calles, duplicando la violencia en el país y “legalizando” una vida con narcos en el país con la Ley de Seguridad Interior, o guardando silencio ante las agresiones de Trump contra los migrantes mexicanos, incapaz y cobarde de levantar denuncias legales y políticas en el mundo contra la bestia del norte.
Peña inició su gobierno (producto del fraude por compra de votos) con promesas que nunca cumplió, como la mejora económica de los pobres y los de pobreza extrema o la mejora salarial. Y concluye con mentiras, dice que deja al país en paz, será la paz de los sepulcros, y que generó 3.5 millones de empleos en su sexenio, lo que resulta insostenible en un país que crece al 2% anual promedio en seis años, y que cuantifica los empleos precarios semanal, quincenal o mensual para un mismo trabajador, como si cada uno fuera nuevo, cada vez que se registra.
Resulta indispensable el cambio y dejar atrás los fraudes electorales y la política neoliberal -dos caras de la misma moneda-, para avanzar por la democracia y restablecer el Constitucionalismo Social y Soberano.. ■

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