La jauría mediática

La jauría mediática

Cuando ya realizaron lo fundamental sus campañas electorales todos los partidos, los que van perdiendo -de última hora- pretenden cambiar el sentido de la voluntad popular mayoritaria, por vías sucias e ilegales: los medios masivos de comunicación, la compra de votos y las falsas promesas o mentiras, más el gasto público del “año de Hidalgo”.
Nuestros inteligentes comentaristas de radio y televisión, que lo mismo hablan de estrellas de cine que de futbol, ahora se revelan como politólogos de brillantes ideas, degradando la vida política e ideológica nacional a dos aspectos: a dar golpes bajos e improvisando sus ideas, sin poder negar su orientación política, sea al servicio de quien les paga, su patrón, o el patrocinador político o económico. Especialistas en hablar mal de alguien incluso con odio.
Los estudios de la OCDE revelan que son las empresas trasnacionales y sus dueños, a través de despachos, los principales corruptores del mundo, los que sobornan gobiernos, autoridades. A la vez que imponen sus intereses en las políticas internacionales, con el FMI, BM, OMC, Consenso de Washington y los tratados de libre comercio, TLC.
No es casual que la Unión Europea incluya en sus TLC con otras naciones, junto a la cláusula democrática, el Acuerdo Anticorrupción en las renegociaciones que efectúa, como la de México.
Resulta impotente el INE ante las denuncias de compra de votos, que no debe requerir la denuncia ciudadana o partidista, por ser garantía ciudadana electoral, que se debe perseguir de oficio a las directivos de los partidos y castigar a sus candidatos, cómplices de esos actos ilegales a todas luces, ya que degradan la democracia nacional.
Los compradores de votos medran con la pobreza nacional, esa obra del neoliberalismo y los partidos que profesan esa doctrina criminal que ahonda la desigualdad económica y social, al favorecer a unos cuantos y castigar a la pobreza de la mayoría.
La estrategia neoliberal incluye mantener un alto nivel de desempleo, para bajar los salarios vía la sobreabundancia de la oferta de mano de obra. Igual que reducir los salarios al máximo, ocurre como proceso desde 1983, cuando trasplantaron la doctrina neoliberal a México, que crece con Salinas en 1988, producto del fraude electoral. Los salarios se deprimen hasta 70% de 1990 a 2015, afirma la CEPAL.
De esto no hablan los candidatos del PRI y el PAN, ni del Pacto por México con el que impulsaron privatizar Pemex y CFE, entregados al gran capital extranjero y nacional, impulsaron entregar los derechos del trabajo a los empresarios, a través del proyecto del PRI, CTM y CROC. De su reforma laboral no hablan los candidatos, los que quieren prolongar la misma estrategia neoliberal.
Como tampoco hablan los medios, la gran prensa, la dos TV y las radios de la corrupción con ejemplos, ambos PRI y PAN prometen lo que sus partidos no hacen desde hace décadas: ¿cuándo subió al doble o al 50% el salario el PRI o el PAN, en sus gobiernos federales?
¿Cuándo combatieron la violencia de modo racional y eficaz, atacando las causas los gobiernos del PRI o del PAN? Al contrario, Peña Nieto repite a Calderón: sacan al ejército a las calles y los fracasos se repiten. Pero ahora con la Ley de Seguridad Interior pretenden legalizar –contra la Constitución- que el ejército permanezca en las calles.
De eso no hablan los candidatos del PRI y el PAN, ni los comentaristas de la jauría mediática que los apoyan. ¿Alguien lleva la cuenta de las promesas electorales incumplidas de PRI y el PAN? De la corrupción:
¿Cómo se puede construir un hospital público de 150 camas y equipos especializados en 350 millones de pesos por un gobierno y, el mismo hospital, construirlo con 7mil millones de pesos? Con los recursos del erario público o del pueblo y sin trasparentar. Eso no lo explican el PRI o el PAN, menos en el “año de Hidalgo”.
La unidad pactada por el PRI y el PAN en 1988, consistió en que el PAN apoyó el fraude de Salinas, en contra de su propio candidato Clouthier; unidad sellada con la muerte del último. Ese año el PAN dejó de ser la vieja “leal oposición” se que conoció de 1939 a 1988, para trocarse en “aliado”. Antes los separaba el Constitucionalismo Social, ahora los une el neoliberalismo. Además, el PRI ya solo no podía. El PAN fue la primera muleta del PRI
En el sexenio de Zedillo se consolidó la unidad del PRI y el PAN, pero al caer el apoyo popular del PRI, por el desprestigio y corrupción del gobierno de Salinas (1988-1994) y el mediocre gobierno de Zedillo (1994-2000), requería el relevo del PAN. Ahora el apoyador sería el PRI, de Fox y Calderón, al grado de que Salinas se volvió “consejero” de Calderón, según denuncia del jefe de la campaña electoral de hoy del PAN (La jornada, 15-VI-18).
La unidad PRI y PAN promovió al desafuero de AMLO en 2005, para impedirle su candidatura a la presidencia en 2006; al no lograrlo, recurrieron a la campaña más sucia del siglo, y aseguraron el triunfo del PAN por 0.5%. Así armaron el segundo fraude electoral.
Repitieron la mancuerna, alternando el poder, con el turno del PRI y la novedad fue el fraude con la compra de votos de los pobres, con el apoyo del gobierno del PAN. Enrique Peña Nieto puso de moda la compra de votos, también en los sindicatos en recuentos, se repitió el estilo del PRI-Peña con Grupo Peñoles, usando a su líder sindical para impedir el triunfo del Sindicato Minero en la mina El Coronel de Zacatecas, pero fue derrotado por la dignidad minera en 2014.
La culminación del maridaje PRI-PAN llegó el 2 de diciembre de 2012, un día después de asumir la presidencia Peña, firman el “Pacto por México”, que en realidad lo acordaron mucho antes, primero para apoyar el fraude de 2102, luego para realizar las privatizaciones más ambiciosas de 1983 a 2012 y las reformas más viles de la historia. Un Pacto verdadero traidor de la Revolución del 10, de la Constitución de 17 y del cardenismo de 38.
Todo parecía “miel sobre hojuelas” en estos últimos 5 años, la alianza PRI-PAN parecía indestructible, hasta que se midieron los irreductibles y ambiciosos de poder; Meade vs. Anaya, que llevan 6 meses en dura pelea por ganar el segundo lugar, para lograr ser quien encabece el fraude de 2018, del que no se desisten; tanto, que por esa ambición de ambos de poder, sigue la jauría mediática, la compra de votos y todas las formas de campaña sucia, junta a la confrontación del PRI y PAN arrastrados por la competencia Meade-Anaya. En los tres debates no hablaron los candidatos del PRI y PAN de la profunda división interna que arrastran sus organizaciones, ni de la crisis de su alianza.
Quizá logren un aporte a la nación: acabar con la sucia alianza del PRI-PAN y destruir ellos solos el fraude electoral de 2018. Pero en realidad el fraude solo lo frena el pueblo, la mayoría y la amplia ventaja que lleva el primer lugar, que bien expresan el profundo malestar e inconformidad de la ciudadanía con la política neoliberal de los últimos 6 gobiernos.

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