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¡Ganaron los Morenos!

¡Ganaron los Morenos!

Pues no hay plazo que no se cumpla, y hoy llegó. Por fin, después de casi un siglo de mundiales, los Ratones Verdes jugaron muy bien y le ganaron ni más ni menos que a su coco: la poderosa escuadra de Alemania. Y fue muy grato estar vivo para ver, después de muuuucho tiempo de andar en estas pataleadas mundialistas, como un equipo conformado con puro mexicano, nacido en México, le puso las peras a veinticinco ni más ni menos que al equipo más poderoso del mundo y actual campeón. La verdad es que sí dio gusto ver que los otrora infumables ratoncitos le jugaron de tú a tú y en momentos fueron mucho mejores al grado de que bien fácil pudieron haber anotado otros dos tantos…, pero con ese gol del Súper Chucky bastó para que la alegría se desborde por todo el país.
Y lo que más gusto dio fue ver que los mexicanos, morenos ellos casi todos, no se achicaron frente a los todopoderosos teutones, la raza aria, rubiecitos y grandotes. No se dio el caso de la chambonada de último momento que haya dejado con las manos vacías al equipo mexicano. Aguantaron con agallas y el triunfo es indiscutible. Sin más. Felicidades, equipo. Felicidades, afición. Ya se necesitaba que se diera un golpe de este tamaño.
Es que, queriéndolo o no, se rompen muchos moldes y paradigmas y se puede ver un futuro halagador a partir de este evento: la superación del futbol mexicano en lo que se refiere a sus clubes y sus representativos nacionales. Al demostrar que los jugadores descendientes del mestizaje de europeos y la raza de bronce pueden solventar compromisos de esta naturaleza sin hacerse chiquitos ni aflojar el cuerpo a pedido del rival. Es posible que federativos y dueños volteen a ver a sus fuerzas básicas para lograr, ahora sí, un semillero de talentos que cumplan con los requisitos de reclutamiento para todas las escuadras del futbol profesional y la de los estudiantes y los llaneros y se tenga por mucho tiempo, equipos representativos que puedan competir a cualquier nivel, y ganar.
El equipo nacional (espero que al final de la contienda mundialista sean los EX Ratones Verdes) venía arrastrando un trauma brutal a pesar de sus excelentes números bajo el técnico colombiano Juan Carlos Osorio. A ese trauma se le puede llamar el “Síndrome de Chile”, pues en la última Copa América, en un resultado atípico y accidental, la selección chilena le atizó siete perforaciones a la selección, logrando que toda la confianza previa se diluyera en la nada y todavía, en la Copa Confederaciones, la misma selección germana le atizó un marcador de escándalo. A los descalificadores se les pidió humildad y prudencia y haciendo caso o no, con esos valores hoy se obtuvo un triunfo histórico para el deporte más seguido en México. Y la revancha (servida en frío), hoy indica que Chile ni siquiera está en la competencia a pesar de ser el flamante bicampeón de la Copa América y pues, con pena y todo, pero los orgullosos alemanes, sufrieron una dolorosa (y para ellos humillante) derrota ante sus eternos pichones. Otra vez, enhorabuena, queridos Ratones, de esto no hay todos los días. Se vale celebrar con todo.
En las analogías, se puede escoger la que en lo particular se cree que es la peor pesadilla de nuestro país, La Maldición de Malinche, fenómeno que provoca un sometimiento casi congénito hacia lo europeo. Hoy, al fin, por fin, los morenazos le faltaron al respeto a sus verdugos blancos y salieron avantes. Otra maldición superada es aquel complejo de inferioridad que hacía surgir el sometimiento de todo un pueblo otrora con mejores perspectivas con el cántico masivo de ¡Sí se puede! Hoy sólo se escucharon los “Oles” y el “Cielito Lindo”. Qué maravilla.
Otro trauma superado es que si la gente se pone a trabajar en serio y con las metas y objetivos bien trazados, las posibilidades de superación están más que abiertas. Con trabajo serio y bien planteado no hay meta que no se logre.
Otra más consiste en que por fin se llega a un mundial con un equipo hermanado y humilde que está dispuesto a todo con tal de lograr las metas comunes. Quizás de ahí también se pueda aprender algo y nuestra ciudadanía entienda que solo volviendo los ojos hacia lo que define como comunidad es lo que a la larga hará que el país salga adelante. Si cada uno de los ciudadanos aprendiera a amar a su prójimo, el presente y el futuro dejarían de ser inciertos.
También, a ver si la prensa en todas sus variantes aprendiera a respetar el trabajo de los demás, les permitiría grandes momentos de silencio que les pudiera aportar un sentimiento de participación con asuntos educativos y culturales. Mucho se ganaría.
Y por último, el ejemplo que nos muestra que con tesón, devoción y entrega, se puede hacer caer a gigantes y algunos victimarios eternos que siempre han tenido la cacerola por el mango y será hora de darles una revolcada.
Este primero de julio, nuestro país estará de fiesta. Ciudadano, meta gol. Su voto vale mucho. No se atarante, vote bien.

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