La estrategia electoral errática de la coalición Por México al Frente

La estrategia electoral errática de la coalición Por México al Frente

Una de las primeras tareas del grupo de estrategia de una campaña política es determinar si la competencia principal será entre dos, tres o cuatro fuerzas políticas, así como las afinidades y contradicciones entre ellas, para prever los posibles cursos que puede tomar el proceso electoral. Teniendo claro quienes serán los actores principales se puede definir la estrategia para conseguir los votos necesarios para triunfar, elemento de la mayor importancia en la planeación de todas las fases de campaña, tanto que condujo a Carlos Flores Rico, experto en consultoría electoral, a denominar uno de sus libros ¡Es la estrategia, estúpido!, haciendo una analogía con la famosa frase que utilizó Bill Clinton en 1992 durante su campaña contra Busch padre: ¡Es la economía, estúpido!
Desde el principio de la campaña por la Presidencia de la República era claro que los actores eran: Por México al frente con su candidato Ricardo Anaya, Juntos haremos historia con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Todos por México con José Antonio Meade. AMLO con una intención de voto un poco mayor de un tercio con tendencia a crecer, y frente a ella las dos fuerzas restantes con poco más del 20%, correlación que aconsejaba unir a estas últimas para crear una fuerza competitiva. Ello cobraba mayor racionalidad atendiendo a la cercanía ideológica y política entre ellas, que se puso de manifiesto al inicio del mandato de EPN con la aprobación, por todas ellas, del Pacto por México y que la propaganda electoral de ambas fue orientada contra AMLO. Sin pensarlo mucho, el coordinador de estrategia del frente por México Jorge Castañeda y el propio Ricardo Anaya, alentados por el activismo empresarial a su favor, se lanzaron a promover el voto útil conminando a Meade a renunciar, sin conocer la opinión de EPN y su candidato. A las dos semanas, esa iniciativa tropezó con el rechazo del presidente y de Meade, quienes relanzaron su campaña con el relevo del dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa. Otro golpe significativo a la idea del voto útil a favor de Anaya ocurrió durante el encuentro de AMLO con los principales empresarios, quienes pararon su campaña mostrando que ya asimilaron la inevitabilidad del triunfo de AMLO. En ese contexto aparece un nuevo video que fortalece la presunción de que Ricardo Anaya se ha beneficiado de operaciones financieras presuntamente ilegales, generando una situación de crisis en la conducción del frente, a la cual Anaya respondió con la decisión de romper lanzas con EPN de manera estridente y denunciar un supuesto acuerdo de éste con AMLO.
Por lo que ha dicho, Anaya basa ese nuevo posicionamiento estratégico en la creencia de que el antipriismo de buena parte de los electores que tienen la intención de votar por AMLO la cambiarán al enterarse de tal acuerdo, suposición que no toma en cuenta la información que arrojan casi todas las encuestas de que esos electores son los que manifiestan mayor firmeza en su intención de voto, que no existe prueba alguna que apoye la existencia del acuerdo mencionado, mientras que ha sido muy notoria la orientación anti AMLO de la propaganda y del activismo de las fuerzas oficialistas. Nada hay que apoye la idea de que la corriente electoral que ha levantado AMLO se divida solo porque Anaya dice que el acuerdo existe y que el propio AMLO lo ha propuesto, refiriéndose a expresiones de éste referidas a que no tiene deseos de venganza y a que el titular del poder ejecutivo no invadirá funciones de procuración ni de administración de justicia. Anaya olvida que en el programa Tercer Grado AMLO señaló que no detendrá las investigaciones de los casos Odebrecht, Estafa Maestra y Casa Blanca. En síntesis, la nueva estrategia de Ricardo Anaya no tiene sustento en la realidad, por lo que está destinada al fracaso.
Por otra parte, la nueva narrativa de la campaña de Anaya implica propiciar la percepción de que el frente quedó aislado y que su principal adversario, AMLO, recibirá un nuevo impulso, lo que inmediatamente incentivará el tránsito de los pocos grupos perredistas que permanecen leales a Anaya, y el de no pocos priistas, rumbo a la corriente electoral morenista. ¿A quién se le ocurriría esa nueva estrategia? ¿Quién está al frente? Todo indica que fue Anaya quién de bote pronto respondió al nuevo video incriminatorio, abandonando sus llamados a los electores del PRI y aliados a emitir un voto útil en su favor, para adoptar como nuevo blanco electoral a los electores convencidos de votar por AMLO, buscando convencerlos de que lo castiguen por traicionarlos con el hipotético acuerdo con EPN. Todo indica que Anaya no entiende que no entiende de estrategia electoral. ■

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