De Cannes, dos películas por amigos críticos: ‘Une affaire de famille’ y ‘Lazzaro Felice’

De Cannes, dos películas por amigos críticos: ‘Une affaire de famille’ y ‘Lazzaro Felice’
Lazzaro Felice

La Gualdra 342 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

Como hicimos el año pasados después de la fiebre del Festival de Cannes, este año hemos hecho la misma dinámica y preguntamos a algunos colegas críticos y de la prensa sobre cuáles fueron sus películas favoritas de todo el festival con todas las categorías incluidas. Aquí les presentamos el texto de dos de ellos.

Marta Álvarez, Laureano Montero[i]

Manbiki kazoku / Une affaire de famille / Shoplifters (Hirokazu Kore-eda, Japón, 2018): Palma de Oro en Cannes 2018

Éramos muchos los que conteníamos la respiración esperando que el filme de Kore-eda se alzara con la Palma de Oro. Para una parte de la crítica, el premio se justificaba como colofón a una sólida carrera cinematográfica; otra parte juzgó el galardón inmerecido, considerando la película como menor dentro de la filmografía del director japonés y del certamen al que concurría.

No podemos entrar en comparaciones exhaustivas: no hemos visto todas las películas de Kore-eda y tampoco todas aquéllas contra las que competía, pero no creemos que sea necesario. Une affaire de famille/Shoplifters se impone por sí misma: por el tratamiento que hace de unos temas tan actuales, universales y, nos atrevemos a decir, tan cinematográficamente peligrosos, como son la precariedad y los lazos familiares. Han sido, de hecho, los temas que de un modo u otro han planeado este año sobre la mayoría de los filmes del festival, aunque pocas realizaciones han sido tan adecuadas y consistentes como la de Kore-eda, quien nos ofrece un filme a un tiempo amable ‒lejos de todo miserabilismo, lo cual favorece la adhesión del espectador‒ y brutal, porque no nos deja obviar la dureza de las circunstancias. Es ésta una película de personajes y el director demuestra su capacidad para acercarse y acercarnos a ellos sin juzgarlos, desvelando su extrema complejidad; se hace también evidente su talento para crear espacios inagotables, como esos personajes que los habitan: una exigua casita se convierte en símbolo de resistencia y de delincuencia, y, sobre todo, en espacio de convivencia y de proyección de esos otros lugares (y vidas) en los que los personajes han vivido, quieren y no quieren vivir y vivirán. Una gran película, ligera y profunda, emotiva y distante, que permanece en el espectador, con dudas, preguntas e imágenes.

Fotograma de Une affaire de famille .

Pamela Biénzobas[ii]

Lazzaro Felice

El tercer largometraje de Alice Rohrwacher (Corpo Celeste, 2011, y Le Meraviglie, 2014) es cine en estado de gracia. Una sola certeza parece existir en esta película que borra todos los puntos de referencia, desconcertándonos permanentemente: el poder de la bondad y la misericordia más puras e inocentes.

Poco importa en qué registro de realidad o en qué espacio-tiempo nos encontremos en esta historia de siervos y señores; de milagros y de engaños. No se trata de confundirnos por pretensión o manipulación, sino de invitarnos a participar en la construcción lúdica de su mundo a través del cine, inventándose sus propias reglas (o liberándose de reglas) para hablar de lo esencial. ¿Por qué la música no desafiaría las leyes de la física para abandonar el edificio supuestamente sagrado de una iglesia para seguir esa encarnación de la bondad que es el personaje de Lazzaro? ¿Necesitamos una explicación a la condición material del joven, que se despierta tras unos veinte años como si nada?

La “fábula”, como se presenta Lazzaro Felice (reivindicando así su emancipación de los códigos de realidad), sublima la pureza de su protagonista oponiéndola sin cinismo a la vileza inherente en todo el resto de la sociedad, tanto victimarios como víctimas. En esta ilustración de que “homo homini lupus”, Lazzaro es el último en la cadena de lobos; el único que no busca uno más débil al que comer. Y esa vulnerabilidad asumida con alegría puede ser precisamente la salvación de los demás.

Componiendo cada escena con un uso tan certero como sutil del sonido y la imagen, Rohrwacher crea una película a la vez mística y muy material. Su dura crítica sociopolítica escapa de la amargura gracias a la tremenda fe que tiñe todo el filme. Una fe ajena a la de la religión omnipresente en el muy católico contexto italiano de la película, que como tan a menudo sirve de instrumento de manipulación, sometimiento y resignación. La fe de que está imbuida Lazzaro Felice es fundamentalmente aconfesional: es la fe en la bondad latente de la humanidad.

[i] Profesora en la Université de Franche-Comté y profesor en la Université de Bourgogne. Ambos especialistas y programadores de cine latinoamericano en Suiza.

[ii] Crítica y consultar freelance. Miembro del jurado FIPRESCI del Festival de Cannes 2018.

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