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¿Qué tan importante es el Tratado de Libre Comercio para los mexicanos?

¿Qué tan importante es el Tratado de Libre Comercio para los mexicanos?

En estas últimas semanas ha cobrado notoriedad la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México. Las frecuentes descalificaciones de Donald Trump demuestran que no comparte con sus socios el propósito de modernizar el tratado, sino que busca que nuestro país y Canadá pierdan y EE. UU gane. Parece que para el presidente norteamericano no existe la posibilidad de un acuerdo en el que los tres países resulten ganadores. La mayor parte de los observadores del proceso ya han descartado la pronta culminación de la renegociación y la ubican hasta el año 2019, lo que pone muy nerviosos a los representantes del gobierno de México que apostaron fuerte a que el anuncio se haría a más tardar este mes de mayo, antes de la elección del 1º de julio. Para tener una idea de cuan importante es para los mexicanos el TLCAN actualicemos algunos indicadores importantes.
El PIB por persona ha pasado de algo menos de 5,000 dólares, a precios constantes de 2008 en 1994, a algo más de 6,600 dólares al cierre del año pasado. Puede parecer mucho, pero una tasa media de crecimiento ligeramente superior al 1% anual es muy decepcionante para un país emergente que venía de expandirse a un ritmo mayor al 3 % por año entre 1950 y 1980 —un periodo conocido como desarrollo estabilizador—. Y la convierte en una de las economías más rezagadas de América Latina y el Caribe. “Si el TLC hubiese tenido éxito y hubiese restablecido la tasa de crecimiento de los años anteriores a 1980, cuando las políticas desarrollistas eran la norma, México sería hoy un país de altos ingresos, significativamente por encima de Portugal o Grecia”, subrayan los economistas de la CEPAL en un reciente estudio en el que evalúan los cambios que el tratado propició en la segunda mayor economía de América Latina.
“El diferencial salarial [con EE UU y Canadá] tenderá a cerrarse con el tiempo”, auguraba en agosto de 1992 el entonces secretario de Comercio mexicano, Jaime Serra Puche. Hoy, el salario medio real —ya descontada la inflación— apenas ha subido un 4% en el periodo y aunque en EE UU y Canadá el sueldo promedio ha crecido a una tasa inferior a la del conjunto de la economía, el diferencial con sus vecinos del norte se ha ampliado. La contención salarial aplicada por los sucesivos gobiernos neoliberales desde 1994 ha logrado su principal objetivo: atraer a empresas estadounidenses, sobre todo manufactureras, asegurándoles unos costos laborales muy bajos, lo que ha supuesto un yugo para millones de trabajadores mexicanos, especialmente para aquellos que cobran el salario mínimo, con la consecuencia de que el mercado interno se encuentra contraído significativamente. La precariedad laboral del país se origina debido a que 57% de la población ocupada se encuentra en la informalidad, pero del total de 54.4 millones de personas ocupadas sólo 531 mil tienen percepciones por arriba de los 26.5 mil pesos mensuales, cantidad que resulta un monto 25% inferior al que en Estados Unidos perciben los trabajadores de salario mínimo (alrededor de 33 mil 60 pesos), es decir, los pobres, lo que explica la inconformidad de los negociadores de EE.UU. y Canadá con los salarios que se pagan en México. El problema es mayor si asumimos que la mayoría de las plazas registradas como nuevas pagan un salario mínimo, y que solo algunas más pagan hasta dos minisalarios. En conclusión, empleo formal sí, pero en condiciones cada día más precarias, mientras 57 % de la población ocupada sobrevive en la informalidad.
En cuanto a la desigualdad recordemos que el 1% de la población recibe más de un tercio de la riqueza nacional. El libre movimiento de bienes y servicios transformó amplias regiones mexicanas —fundamentalmente el norte, El Bajío y, en menor medida, el centro del país—, que se industrializaron y se transformaron por completo. El sur, por el contrario, permaneció prácticamente estancado en el tiempo, lo que abrió la brecha regional. Pero la desigualdad entre Estados es solo una cara de la moneda. México arrastra, desde mucho antes del TLC, un serio problema de inequidad entre sus ciudadanos que los años de libre comercio con la primera potencia mundial solo han contribuido a mitigar en parte.
El propósito principal del tratado fue consolidar un conjunto de políticas económicas, así como la liberalización de la industria manufacturera o la inversión extranjera. Si bien algunos de los cambios eran, sin duda, necesarios y/o positivos, el resultado final ha sido décadas de fracaso económico en casi cualquier indicador económico o social, tanto si se compara con el periodo desarrollista como si la comparación es con el resto de América Latina desde la entrada en vigor del TLC. ■

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