La danza, arte para la revolución social. [Entrevista con la coreógrafa Victoria Rivapalacio]

La danza, arte para la revolución social. [Entrevista con la coreógrafa Victoria Rivapalacio]

La Gualdra 340 / Danza

Ciudad de México.- Victoria Rivapalacio cree en el poder revolucionario de la danza para transformar la realidad y crear conciencia sobre los graves problemas que vive el País, como el abuso sexual contra la infancia.

“La danza es una forma de expresión, de vivir, de estar en el mundo, es una forma de auto conocimiento, sabes lo que puedes y no puedes hacer, reconoces tus límites corporales, tus barreras y también sabes que las puedes ir rompiendo”, explica.

Para ella la danza es sinónimo de libertad, estudió una licenciatura en danza contemporánea en la Universidad de Leeds al norte de Inglaterra y en la Escuela Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); en 2006 ganó la beca de Jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

Basada en lo que Isadora Duncan, precursora de la danza moderna planteaba, en el sentido de que “la danza debe expresar lo que está pasando”, Rivapalacio piensa en montar una obra que sensibilice a la población en México sobre la violencia sexual infantil.

“Queremos hacer una metáfora con una cañería porque todo lo que se va en ella son los desperdicios los desagües esta parte de la cañería es quitarnos de todo lo malo que hemos vivido y que traemos encima y que preferimos encerrarlo en el silencio”.

Y es que según la artista, uno de los principales problemas cuando un niño sufre violencia sexual es que los adultos cercanos no les creen a las niñas y los niños que rompen el silencio tras haber sido víctimas generalmente de familiares o personas cercanas.

Lo que se busca con esta obra es que los adultos se concienticen, pongan atención a la infancia, les ayuden a romper el silencio, en cambio son violentados nuevamente con la incredulidad y el rechazo.

Generalmente, los adultos niegan el hecho y los acusan de mentir.

“La gente debería creer que esto sucede, un niño, por ejemplo tiene miedo de que no le crean porque fue un familiar o alguien cercano quien abuso de él, e incluso el agresor llega a amenazar a los niños de muerte”.

Cuando un niño es violentado sexualmente, agrega, Rivapalacio, no sabe si está bien o está mal lo que le está pasando, aunque siempre tiene esta intuición una corazonada de que algo no le gusta que lo que le pasa no es normal.

“Y si al niño le pasa algo, los adultos son quienes no le creen o si logran hablar y denuncian el sistema judicial los revictimiza con la poca sensibilidad de los jueces”, agrega.

Se espera que esta puesta en escena esté lista en próximos meses y sea presentada en el foro experimental Black Box del Centro Nacional de las Artes.

Danza de contacto en escuelas

Rivapalacio aplicó el método de “danza de contacto” con maestros de escuelas primarias del país para que acercaran a los niños a este arte de una manera inclusiva. El principio elemental de esta práctica es que la danza es para todos y libre.

“La danza de contacto surge en el post modernismo con Steve Paxton, plantea que puedes guiar a alguien y ser guiado, al tiempo que descubres movimientos a través del tacto, busca que lo cotidiano pase a la escena y que el ciudadano común pase a la danza”, dice.

El objetivo es despertar la creatividad en los maestros y desarrollar empatía con los niños.

 “La idea es que los maestros acepten que los niños desde chiquitos pueden empezar a expresarse a través del movimiento corporal sin que se califiquen de bonitos o feos a los niños ni sus movimientos sino que aceptemos que son expresivos y creativos”, señala.

Nacida en la ciudad de México, de 40 años, Rivapalacio ve en la danza una manera en que los niños se empoderen, creen un mundo propio, abran horizontes y construyan una personalidad sensible al entorno y conscientes de su cuerpo y del otro.

En 2015 montó una coreografía infantil sobre la vida de Isadora Duncan, la mujer nacida en San Francisco California que rompió con el paradigma de la danza clásica para implementar una manera más libre de expresión en el escenario.

Esta obra además de que interactuaban los niños en escena es multidisciplinaria, se creó un video, e ilustraciones con un libro para niños de la bailarina norteamericana que además fue impulsora del voto femenino.

“Los niños interactuaban con nosotras y entraban en varias escenas, la idea era que ellos formaran parte de la obra y experimentaran qué es estar en el escenario, los niños se movían como el viento como las olas del mar, porque Isadora pensaba que la danza debe ser expresiva y libre, no se puede encajonar en ciertos estereotipos”, explica.

En escena, si bien los niños son guiados, ellos proponen sus movimientos, se mueven de acuerdo a lo que ellos sienten, con libertad, tal como en vida lo hizo Isadora Duncan.

“El niño siente que su propuesta está siendo valorada en ese momento en escena y se vuelve parte de la obra”, señala la coreógrafa.

Contra los estereotipos

¿Sigue la danza marcada por los estereotipos?

-En la danza el entrenamiento es difícil, en la vieja escuela se cree de que tienes que estar delgado y obedecer a cierto prototipo. En muchos casos las niñas terminan con trastornos de la alimentación como bulimia y anorexia. En México sigue prevaleciendo el estereotipo de que el bailarín tiene que tener cierta línea estética, como ser delgados o tener cualidades quinestésicas especiales. Sólo con educación se pueden romper los paradigmas discriminatorios. Yo creo que la danza es para todos, asegura

¿Cómo la danza es factor de cambio social?

-La danza es para todos y sirve para autoconocimiento, confianza seguridad, en ese sentido empodera a los niños al adulto o a quien sea.

La coreógrafa señala que para la danza no hay edades, y recuerda el caso de José Limón quien a los 24 años empezó a bailar y creó su propia danza, su propia técnica, se fue a Estados Unidos y generó su propia compañía de danza.

¿Cómo acercarse a la danza?

-La danza más que entenderla, hay que sentirla, preguntarme qué me pasó cuando estuve sentado frente al escenario. Como espectadores no sabemos percibirnos a nosotros mismos, sentir lo que está pasando, la danza permite observarnos a nosotros mismos.

A Rivapalacio, la danza le ha dejado una herencia fundamental en la vida, el arte de conocer y aprender a escuchar al cuerpo. “Descubres que tu cuerpo es tu casa, es el lugar donde vives, es tu vehículo para estar aquí en este momento. El cuerpo tiene memoria, habla de las emociones de mi imaginario”.


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