Candidatos no registrados

Candidatos no registrados

En la elección para presidente de la república mexicana de 2006 Víctor González Torres, conocido poseedor de farmacias de similares, contendió por ese cargo apoyado por la asociación “Por un país mejor”. No existían las candidaturas independientes pero sí la figura de “candidato no registrado”. De acuerdo a Luis Carlos Ugalde, en aquel entonces consejero presidente del IFE, los votos emitidos para esos candidatos carecen de todo valor jurídico (nota de El Universal del 25 de junio de 2006). El 4 de noviembre de 2017 aparece en Siempre! un breve artículo de Flavio Galván Rivera, quien fungió de presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) de 2006 a 2007, titulado “El candidato más independiente” en el que nos relata la vicisitud del ciudadano León Ignacio Ruiz Ponce quien preguntó al INE si existen dos o tres tipos de candidatos a puestos de elección popular. La rauda respuesta fue que sólo existen dos: los postulados por partido político y los independientes. No conforme con esa respuesta decidió elevar su pregunta al TEPJF donde, por mayoría (con el voto del presidente del tribunal en contra) se confirmó la respuesta del INE: sólo hay dos tipos de candidatos, los no registrados carecen de validez como ya había dicho Ugalde. Durante el año de 2004, en un municipio de Veracruz, se presentó el caso de una mayor votación a favor de un candidato no registrado que fue echada abajo por mayoría en el TEPJF, la oposición de una minoría de magistrados parece natural (nota de La Jornada del 23 de diciembre de 2004). Pese a todo circulan interpretaciones que postulan la validez de las candidaturas no registradas y recientemente el Congreso Nacional Ciudadano, una asociación civil que tenía por hábito el llamado a no votar, decidió postular a Ma. de Jesús Patricio Martínez como su candidata no registrada a la presidencia de la república (nota del 14 de mayo de 2018 de La Jornada Zacatecas). ¿Oportunismo electoral?, ¿convicción cívica?, ¿ingenuidad deliberada?, ¿la última carta de Salinas y la mafia del poder contra AMLO? Quizá sólo sean ganas de debatir un asunto que permanece en el olvido porque no resulta de interés para los partidos, cuyas disputas son las que suelen definir la agenda legislativa. El supuesto fundamento de las candidaturas no registradas es el artículo 39 constitucional donde se establece que la soberanía reside en el pueblo, pero como es natural no articula las formas de su ejercicio, que se deja a artículos posteriores y leyes reglamentarías, por lo que tomarlo para apuntalar a los candidatos no registrados es ambiguo y abierto a controversia. Con todo, la inquietud prevalece porque, creemos, existe un arraigado sentimiento contra los partidos, los candidatos independientes y toda la parafernalia burocrática que rodea el registro de un aspirante a una candidatura, pero la posibilidad de generar un debate al respecto se finca en condiciones históricas, tratemos de avizorar la situación presente. Podemos distinguir dos formas generales de organización: la jerárquica y vertical basada en burocracias centralizadas cuyo ejemplo es el Estado nación y la organización espontánea, horizontal, de corta o mediana duración que se puede ejemplificar con el mercado competitivo no monopolista u oligopolista. A partir de estas dos formas, de sus empalmes y competencias, formas más complejas pueden emerger, tal como se aprecia en las megalópolis, los países, los continentes y el mundo. Dotar de validez a una candidatura no registrada es abrirse a efectos no lineales en los procesos electorales, es decir, permitir la autooganización social independiente de las jerarquías institucionales es arriesgarse a los resultados no deseados de la acción intencional. Pero esta dirección es contraria al aparato “ciudadanizado” que los partidos han venido construyendo para darle certeza a las elecciones. Construir burocracias electorales con rígidos sistemas jurídicos es el legado histórico del desmontaje del aparato de control gubernamental desarrollado por el PRI durante su periodo de auge, cuando las elecciones legitimaban decisiones de la cúpula del partido. Transitar a la democracia en México equivalió a construir un sistema de elecciones confiable que, a pesar de todo, ha estado bajo la constante impugnación de la izquierda aglutinada en el PRD y hoy día en Morena, por lo que no resulta extraño que en el discurso del líder indiscutido de esa izquierda institucional, Andrés Manuel López Obrador, aparezca de cuando en cuando la retórica alusión a dejar de lado las instituciones, cuidándose de nunca hacerlo. Esto lo que refuerza es la organización jerárquica, con un jefe carismático en la cúspide capaz de tomar decisiones casi infalibles, pero no es propicio para que florezca la autoorganización debido a que con ella crece la inestabilidad social y por tanto las posibilidades de cambio por fuera de las decisiones cupulares. ¿Es deseable que haya cambios sociales no controlados por los gobernantes? Con ese tipo de cambios no hay certeza de nada, si acontecen sus resultados serán impredecibles, por eso son efectos “no lineales”, pero sí es claro que quienes gobiernan una población no tienen entre sus perspectivas permitirlos, por eso cualquier discusión en esa dirección está cancelada. Sin embargo las candidaturas no registradas están ahí están, son un problema y deberíamos discutirlo. ■

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