Godard obtiene en Cannes la Palma de Oro Especial con su ‘Le livre d’image’

Godard obtiene en Cannes la Palma de Oro Especial con su ‘Le livre d’image’

La Gualdra 339 / Desayuno en Tifany’s, mon ku / Cannes / Cine

 

Lo volvió a hacer Jean-Luc Godard (87 años). La leyenda viviente de la mítica nouvellevague entró a la Competición por la Palma de Oro en el 71 Festival de Cine de Cannes, con Le livre d’image (El libro de imagen).

Y otra vez con una película que exige al espectador. Que le exige concentración y preparación cinematográfica, porque como lo hizo hace cuatro años con Adieu au langage (Competición por la Palma de Oro en 2014 y ganadora del Premio del Jurado en Ex-aequo con Mommy de Xavier Dolan) la película no tiene un narración -clásica ya es obvio decir que no- oral aparentemente organizada.

El título lo dice: el Libro de imagen, ni siquiera podemos saber si se traduce como Libro de la imagen, con el artículo “la” porque en francés o en plural  el libro de imágenes. La cinta es un recorrido visual cercano al documental y roto por una narración ficticia en los últimos 25 minutos de la cinta, que tiene una duración de 83 minutos.

Godard lo explica así:

 

  • ¿Aún recuerdas cómo ejercitábamos en otro tiempo nuestro pensamiento?

Normalmente empezábamos de un sueño….

  • Nos preguntábamos, cómo en la oscuridad total

Pueden surgir en nosotros los colores de una tal intensidad

  • De una voz dulce y débil

Diciendo grandes cosas

Importantes, sorpresivas, profundas y justas cosas

  • Diríamos un mal sueño escrito en una noche tormentosa
  • Bajo los ojos del Occidente
  • Los paraísos perdidos
  • La guerra está ahí…

 

Godard nos lleva, a través de la manipulación de cada cuadro recuperado de diversos soportes, documentales, ficciones, noticieros, anuncios comerciales, y del sonido con cada voz y ruido alterado, a una historia de la barbarie occidental ante el mundo árabe, del Islam y de los musulmanes. Quedó atrás –y su libro nos va a llevar- el genio de la revolución en Rusia, el terror de la Shoah y el siglo XX. Ese siglo ya está ahí y pasó con Godard como el artista revolucionario, ahora mira al presente –como siempre lo ha hecho- y ve en sus imágenes los prejuicios de nuestros ojos al Oriente.

Por tanto, la película exige no sólo al espectador, sino al proyector de la película tener una sala equipada para modificar el formato de la imagen y la distribución de los sonidos por diferentes partes de la sala. Por ejemplo, un cuadro se adelgaza y se hace alto, al tiempo que una parte del sonido cae sólo en alguna parte de la sala mientras que la otra se queda como alejada, esperando a que el sonido circule y llegue a donde uno está sentado.

El libro de imagen recupera, por ejemplo,  fotogramas de Sergei Eisenstein Alexander Nevsky y ¡Qué Viva México!, para montarlos enseguida contra algún noticiero contemporáneo.

Quizás para entenderlo es importante tener los ojos bien abiertos en los primeros 60 segundos de la película: un dibujante toma entre sus dedos pedazos de película de cine que va desenrollando y montando en una moviola. Sólo vemos las manos de la persona. Podemos pensar que es una breve puesta en abismo de Godard, el dibujante, que está apunto de experimentar con la teoría de Aby Warburg.

Warburg propuso en su iconología una historia universal de las imágenes como marcos referenciales universales. Imágenes que se comunican en el paso del tiempo y de las culturas, y que el hombre, entonces, llega a compartir, a interpretar y a imaginar sin darse cuenta. Warburg explicó, como lo haría Roland Barthes medio siglo más tarde, que el ojo humano según su cultura tiene una referencia visual, un Punto (punctum) en una imagen que nos lleva a identificar detalles distintos a cualquier otra visión.                           La única guía que puede explicar este Punto son nuestras referencias individuales y la cultura.

La imagen construida por Godard, porque siempre construye, es a partir de una pantalla que no es blanca sino negra, que arranca su película en lo negro y con la voz en la narración por el propio Godard. Una voz rota, rasposa, cavernaria, o como diríamos en México: aguardientosa y casi moribunda. La imagen del libro de Godard es una migración de imágenes y la creación de un nuevo referente visual de la historia actual del mundo al momento en que su autor está más cerca de la muerte que de la vida.

En Cannes, los comentarios de los críticos se dividieron, entre los que se burlaban  con frases como “Si yo hago un collage de Youtube puedo venir a competición?”, a las de otros que dijeron: “Uno está saturado de imágenes y puedes salir del cine con cierta tranquilidad después de ese bombardeo”.

Lo cierto es que Godard, como es costumbre desde hace 50 años, no vino a Cannes. Tampoco vino a Cannes este año a recibir la Palma de Oro Especial otorgada por el jurado. Si ni siquiera recibió a su amiga y compañera de aventuras de 1960, Agnès Varda, cuando quiso visitarlo durante la realización de su documental Visages villages  realizado en colaboración el fotógrafo JR y que terminó por estar nominada a los Óscares y obtuvo el Ojo de Oro a Mejor documental en Cannes 2017. Así es Godard…

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-339

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