Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría, en Cannes

Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría, en Cannes
Cartel de Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría FOTOS: CORTESÍA DEL FESTIVAL DE CANNES

Se presentó en la sección paralela de la Quinzaine des réalisateurs la película Carmen y Lola, dirigida por la española Carmen Echevarría. El filme es el resultado de un largo proyecto, que la realizadora emprendió para dar visibilidad a un colectivo, el de las gitanas lesbianas, que es prácticamente invisible en España.

En un primer momento, su intención de entrevistarse con ellas un fructífera, ya que tenían miedo a manifestarse y que se las reconociese. Tuvo que hacerse pasar por gitana en las redes sociales utilizadas por lesbianas, bajo el seudónimo de “gitana guapa” (el mismo que utiliza un personaje en la película), para que tras muchos intentos consiguiera contactar con gitanas que quisieran testimoniar sobre su situación dentro de una comunidad que se caracteriza por la condena y el rechazo de la homosexualidad.

La película narra la historia de dos jóvenes gitanas cuyas vidas se acaban cruzando. Carmen se prepara para seguir el destino trazado para cualquier mujer gitana: después de dejar la escuela, se dedica a ayudar a sus padres en el mercado y en casa, y quizás trabajar de peluquera, esperando a que su familia dé el visto bueno al casamiento con un joven gitano al que apenas conoce. Lola, al contrario, es una buena estudiante cuyo proyecto es ser maestra, y se esconde en un rincón de un cyber-café para entrar en chats donde puede conversar con lesbianas, para ir descubriendo su propia sexualidad. Y claro, Carmen y Lola se acaban encontrando, y surge inmediatamente una atracción mutua. Pero esa atracción acaba generando conflictos con su comunidad y modelando la relación que surge entre ellas, pero sobre todo termina transformándolas.

Fotograma de Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría

Carmen y Lola se enfrenta de manera valiente a un tema que entrecruza dos ámbitos complejos, como son el mundo gitano y la homosexualidad. Uno de los riesgos que corría la película, especialmente comunes cuando se trata de retratar al mundo gitano, es el abuso de estereotipos que acaban simplificando la realidad. No logra siempre la directora evitar una caracterización demasiado marcada de algunos personajes, en particular los secundarios, aunque podemos preguntarnos si es posible escapar del empleo de modelos cuando se trata de cruzar dos cuestiones tan complejas.

Es notable también la interpretación de unos actores que no son profesionales, y que resultan en su mayoría convincentes, en particular en el caso de las dos protagonistas. Sin embargo, la interpretación se ve algo lastrada por una guionización excesiva, aunque vaya adquiriendo fluidez a medida que transcurre la película. Las escenas en las que mejor funciona esta química, como las de la boda, son las que parecen haber sido rodadas capturando lo que iba se iba generando frente a la cámara, con una menor planificación. A pesar de estas imperfecciones, la ópera prima de Arantxa Echevarría consigue darle voz a este colectivo desgraciadamente invisible.

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