Antología de poesía mexicana: entrevista a Juan Domingo Argüelles (Primera parte)

Antología de poesía mexicana: entrevista a Juan Domingo Argüelles (Primera parte)

Es difícil, Juan, hoy en día hablar de antologías. Quizás podríamos situar su auge hasta la década de los noventa. Además, a mi juicio, hay una contradicción en tu propuesta de antología, ya que por una parte dices que se trata de un proyecto editorial que busca acercar al mayor número de gente posible a la poesía que se está haciendo, así como al recorrido de la historia de la poesía en México. Sin embargo, me parece que los dos tomos en que está dividida la antología son excesivamente voluminosos, pesados, vamos, yo no me imagino a una persona que va en Metro cargando un tomo…
“Mira, más que una contradicción es una paradoja. Yo lo veo así. Antes que nada te planteo el proyecto: antes que nada se trata de un proyecto antológico de la poesía mexicana que tiene tres etapas: los dos grandes volúmenes que constituyen el corpus de la poesía mexicana que es, a mi parecer, la antología más incluyente, más abarcadora, y que muestra un panorama muy amplio, que por supuesto lo demuestra al plantearse un volumen únicamente para aquellos poetas nacidos después de 1950, que es el segundo volumen, el cual llega hasta la década de los poetas nacidos en 1980. Surgió de la necesidad de plantearnos ese proyecto no para complacer, necesariamente, al lector de poesía en sí que ya lee con mucha frecuencia, que ya tiene por hábito leer poesía…”.
Y que además tiene ya todas las antologías…
“¡Claro!, que no necesita antologías. Lo que tratamos fue buscar que esos libros constituyesen, desde esa primera etapa, eso que a mí me hizo lector o que consiguió que yo me hiciera lector de esas antologías que antes había en las casas junto con México a través de los siglos, junto con la enciclopedia Grolier, junto con las antologías de autores clásicos, porque en mi casa había ese tipo de libros y obviamente estaban ahí, incluso como objetos bonitos, que se encontraban de manera cotidiana en la sala, y que representaban para la familia el hecho de que se pudiera decir: no somos tan ‘bestias’, no somos tan ignorantes. Mira, tenemos también nuestra cultura, aquí está, apreciamos los libros. Entonces yo comencé a leer poesía porque encontré un tomo de una antología de la poesía española e hispanoamericana en donde leía mis primeros poemas de Salvador Díaz Mirón, de Rubén Darío, de Guillermo Prieto, en fin, de los grandes poetas mexicanos, hispanoamericanos y españoles: García Lorca, Miguel Hernández, etc. Y yo era un niño que comenzaba sus andanzas, gracias a los profesores, como declamador. Entonces me aprendía de memoria poemas de Amado Nervo, de Rubén Darío…”.
Y que además era lo que se acostumbraba antes, el hermoso hecho de declamar la poesía…
“Sí, porque declamar significaba aprenderse el poema de memoria con cierto ritmo, con cierta cadencia y luego hacer ademanes: era el recitador, el cual cumplía una función importante en las actividades cívicas: día del maestro, día de la madre, día de la bandera…”.
Me gustaría creer que ya desde entonces ibas haciendo, por decirlo de alguna manera, una especie de “miniantología”, de tal manera que tenías a tus autores y a tus poemas favoritos…
“Además que eran poemas que uno no comprendía desde la niñez. Ya más grande vine a saber el significado que tenían los poemas. Pero había una cosa que era la magia del idioma que era lo que me llevaba a sentirme maravillado”.
Y con la musicalidad del español, de cada palabra…
“Todas esas cosas. ¿Qué quiero decir con esto? Que yo dije estamos perdiendo el gusto por la palabra escrita no porque la gente haya dejado de leer sino porque hay muchos más entretenimientos y muchas más ofertas. Sin embargo, una prueba de que la gente sigue leyendo y que además contradice la idea de que existan muchos lectores de libros por Internet es que en España sólo el tres por ciento de la facturación de libros es libro electrónico. Y en México hablamos de menos del uno por ciento”.
Hablamos de que la gente sigue leyendo el libro tradicional…
“Y lo que pasa es que incluso la transición hacia el libro electrónico fracasó en sus proyecciones y pronósticos”.
¿Por qué?
“Actualmente, todos los libros tal y como los conocemos tendrían que estar en el museo, porque así fue cómo se planteó cuando Negroponte lo plantea en ser digital y dice esto se va a acabar”. ■

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