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El Santo Oficio Seis

El Santo Oficio Seis
Rufino Tamayo. Maestros cantores. Óleo sobre tela. 87x70 cm. 1949. Colección Privada

La Gualdra 338 / Río de palabras

 

¿Y ella? Ella existe.

Zoe Valdéz

 

Te voy a contar un cuento: Éste era un gato, con los pies de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuenta otra vez? Él le dijo mientras fumaba envuelto en nubes de humo, grises… y bebía sorbos de cuba libre haciendo sonar los cubos de hielo contra el vaso. Ella preguntó: ¿Por qué dejaste que los barcos naufragaran, encallaran? ¿Por qué dejaste que se fueran a la fregada? ¿Por qué jijos se largaron con la música a otra parte las pinches sirenas? ¿Por qué todo se fue al diablo? ¿No te dolió perder? ¿Eh? ¡Te estoy hablando… chingaos! Ten la decencia de responder… carajo. Ella estaba llorando, encabronada… Sí, bien emputada… ¡Ahí viene un avión cargado de..! ¿Por qué no le dijiste que la amabas? Que por las noches sentado en la sala de tu casa te ponías bien briago y la vida se te había convertido en un verdadero infierno. Sí, cubas libres, Tom Collins, desarmadores, cervezas, mezcales derechos, sólo con chupetones de sal y rebanadas de naranja… los limones son para el tequila. Y al otro día gárgaras de Astringosol. Respondió él, y siguió fumando como chacuaco. Dándole sorbitos al cuba libre. ¿Por qué? ¿Qué te hacía falta? Brindando en silencio con las arañas, calladito. Las paredes de la casa crujieron adoloridas. Te voy a contar un cuento, dijo: Un elefante, se columpiaba, en la tela de una araña… Y como veía que resistía, fueron a llamar a otro elefante… Y apuró un trago gordo de mezcal, ya sin hacerle gestos. Ella sólo suspiraba, pensando: ¡Dónde carajos se fueron las putas sirenas? O las pescaron y enlataron en aceite de oliva. Y se las comieron con galletas saladas, o habaneras o tostadas asoleadas. Él se puso a cantar bajito, todo desafinado: Ella quiso quedarse, cuando vio mi tristeza, pero ya estaba escrito… ¿Por qué el mal agüero? ¿Por qué la revoltura? ¡Aaaaay mis hijos!, pasó volando la Llorona por las azoteas, a ver si no se da en la madre con los tinacos Rotoplás, con los tendederos, o la chamuscan con los cohetes, porque en este pueblo todo el tiempo, ya sea de día o de noche truenan cohetes. O le pega un tiro un valentón. Y todo por andar de chillona. Ya todos la traen de ojeriza… por chillona… y culera… ¿quieres que te cuente un cuento? De cómo le dieron pira los siete enanos a Blanca Nieves. ¿Qué chingaos me ves? ¿Traigo monos pintados en la cara? Yo tenía diez perritos. Uno se murió en la nieve. Ya nada más me quedan nueve, nueve, nueve. De los nueve que tenía, de los nueve que quedaban, uno se fue con Pinocho. Ya nada más me quedan ocho, ocho, ocho. De los ocho que tenía, de los ocho que quedaban, uno se subió a un cohete. Ya nada más me quedan siete, siete, siete… Dijo. Y cerró los ojos y suspiró. Ella lo mira. Lo está mirando.

 

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