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Una propuesta de regalo para el 30 de abril

Una propuesta de regalo para el 30 de abril

La Gualdra 336 / Promoción de la lectura / Día del Niño

 

Una gran parte de la población menor de treinta y cinco años y que tiene en la lectura una opción de esparcimiento y recreación regular, tuvo en su infancia ese encuentro seductor con los libros. Los responsables de ello fueron primordialmente los padres y madres de familia, sus mentores y hasta sus hermanos. Creo que una pequeña proporción pudiera adjudicarse al personal bibliotecario y a mediadores, que llevados por la pura intuición, buscaban establecer puentes, lazos entre la palabra escrita y esos infantes. Lo crucial de este encuentro es, sin lugar a dudas, la imaginación expansiva de la edad.

Carlos Monsiváis, en una entrevista hace dieciocho años, aseveraba lo siguiente: “Si alguien comenzó a leer a los 18 o veinte años ya tiene una enorme desventaja, pues no padeció los terrores y los goces de ir comprendiendo; llega a la lectura con una capacidad instalada de conocimiento que le impide disfrutar muchas de las maravillas, de las fascinaciones y de las sorpresas que ofrece la lectura”. ¿Cuántas veces no nos dimos explicaciones del mundo a partir de nuestra imaginación? La luna como un gran ojo, los vidrios rotos en una noche iluminada como fragmentos de estrellas que cayeron. La mirada de la infancia.

Pero también hay tres elementos más que habría que rescatar de esos encuentros: primero, el acompañamiento amoroso del mediador, quien no buscaba nada (palabras de Pennac), sino compartir una afición y provocar una emoción; segundo, la libertad: no había que realizar dibujos, resolver cuestionarios o entregar reportes de lectura. Nadie nos decía cómo era el lobo de Caperucita, cada quien lo construía con sus referentes y tercero, que aún contra las posturas de hacer de la literatura una herramienta didáctica, prevalecía la imaginación. Después, después llegó la escuela y todo eso se acabó.

La literatura infantil también crecía, junto a aquellos pequeños, y arribaba a temas inconcebibles para ella hace tres o cuatro décadas: abuso y acoso sexual, trastornos alimenticios, activismo social, violencia en varias manifestaciones, infanticidio, irreverencia. Autores como Ricardo Chávez Castañeda, Mónica B. Brozón, Toño Malpica, Francisco Hinojosa, Graciela Montes, Emma Wolf, y muchos más, comenzaron a poblar las librerías, bibliotecas públicas y bibliotecas escolares. La nueva generación tenía más opciones, incluyentes, multiculturales, reales y no aquella literatura que, sin cuidado porque no era importante, reproducía estereotipos:

 

Cuando los cazadores se retiraron, el rey dijo al león: “Me has mentido. Caminan como hombres”. El león respondió: “Ellas sabían que serían sometidas a esta prueba. ¿Por qué no haces traer doce ruecas a la antecámara? y cuando ellas entren se entretendrán con ellas; los hombres no hacen eso”.

 

Como adultos, regalemos una lectura divertida este 30 de abril. Algunos títulos pueden ser: La peor señora del mundo; La venganza de la trenza; Querido hijo, estás despedido; Natasha; El libro de las cochinadas; El séptimo hermanito y permitamos que el placer de volver a ser niños nos embargue tanto que es imposible no compartir esa emoción.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-336

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