Donoso Cortés y las contradicciones del liberalismo

Donoso Cortés y las contradicciones del liberalismo

Alrededor de 1909 la Home University Library of Modern Knowledge de Londres comisionó tres libros para introducir a sus lectores a la argumentación política. Son Liberalismpor Leonard Trelawny Hobhouse (1910), The Socialist Movement por Ramsey MacDonald (1911) y Conservatism por Hugh Cecil (1912); en su artículo “¿Tres ideologías o una? La seudo batalla de la modernidad”, incluido en Después del liberalismo (Siglo XXI, (1998) México), Immanuel Wallerstein sostiene que esas son las tres ideologías, o reacciones, al advenimiento de la modernidad en el siglo XIX. Considera que pueden diferenciarse por su relación al tiempo: el conservador quiere que el tiempo se ralentice, que se detenga, el liberal solicita un progreso razonable mientras que el socialista exige acelerar el curso del tiempo pero indica, además, que quedan caracterizadas por aquello a lo que se oponen. Los conservadores se oponen a la revolución, los liberales a los conservadores en tanto que los socialistas a ambos pero ninguno, fuera de los discursos, se opone al Estado, es más, lo necesitan. Wallerste inconcluye el citado artículo sugiriendo que sólo existe la doctrina liberal en tres versiones distintas. Tenemos, pues, una versión sofisticada de la percepción vulgar que no encuentra diferencia entre los partidos políticos. En un artículo posterior, “Las insuperables contradicciones del liberalismo”, contenido en el ya citado libro, el autor sostiene que cuando los Estados liberales centrales construyeron su paquete de derechos humanos y bienestar ignoraron las múltiples identidades y opresiones, lo dice con prístina claridad: “…los derechos eran proclamados como universales, pero lo último que querían los liberales era que esos principios liberales fueran tomados literalmente, es decir, aplicados universalmente. Con el fin de que los principios no fueran tomados de manera literal, el liberalismo necesitaba una fuerza coercitiva, y esa fuerza coercitiva fue el racismo combinado con el sexismo”. La creciente desigualdad del mundo es la mejor prueba de cuan fraudulenta es la ideología liberal en cualquiera de sus versiones. Volvamos al siglo XIX, en 1851 apareció en Madrid el “Ensayo sobre catolicismo, liberalismo y socialismo” de Juan Donoso Cortés. Desde el título notamos una mayor definición del conservadurismo, porque el catolicismo lo es pero inconfundible con el socialismo o el liberalismo. Así se impugna la tesis de Wallerstein acerca de una única ideología, que lo es si no se toman en cuenta las fuerzas sociales reales de un momento histórico. Donoso concibe al socialismo como una teología que, por satánica, sucumbirá ante el catolicismo, mientras que las flaquezas del liberalismo son su ateísmo, escepticismo y debilidad ante la decisión porque no sabe lo que quiere, o sí lo sabe, pero no quiere decirlo. Lo escribió así: “El supremo interés de esta escuela está en que no llegue el día de las negaciones radicales ó de las afirmaciones soberanas; y para que no llegue, por medio de la discusión confunde todas las nociones y propaga el escepticismo sabiendo, como sabe, que un pueblo que oye perpetuamente en boca de sus sofistas el pro y el contra de todo, acaba por no saber a qué atenerse y por preguntarse a sí propio si la verdad y el error, lo justo y lo injusto, lo torpe y lo honesto son cosas contrarias entre sí, ó si son una misma cosa mirada desde puntos de vista diferentes”. Casi una diatriba contra el posmodernismo. Dicho con claridad: Donoso confía en la verdad revelada como fundamento último que destruye cualquier pirronismo, punto que Wallerstein no tomó en cuenta porque en la geocultura liberal dominante la teología debe desdeñarse.Carl Schmitt recodificó la crítica de Donoso en términos de su teología política, en la que el arranque de cualquier acción es la decisión, cosa que la ideología liberal pospone mediante la discusión parlamentaría. Al seguir el postulado de perfecta igualdad de los hombres, que Wallerstein prefiere denominar “universalidad de los derechos humanos”, Donoso razona de la siguiente manera: “De ahí se deducen las siguientes consecuencias: siendo los hombres perfectamente iguales entre sí, es una cosa absurda repartirlos en grupos…Siendo esto así lo que en buena lógica procede es la disolución de la familia,…, la supresión de la familia lleva consigo la supresión de la propiedad…”. No aplicar universalmente los derechos proclamados universales es no seguir las consecuencias lógicas de lo dicho. Si todos son iguales cualquier vínculo fuera del legalmente reconocido por el Estado debe suprimirse, las identidades, pues, deberían no existir. Género, raza, preferencia sexual y demás vindicaciones ajenas a Donoso son consecuencias lógicas que debe conceder el liberalismo, pero que no puede porque eso es reconocer que hay desigualdades de fondo que no se evaporan por decreto. Quizá las luchas por los derechos de la mujer, del negro, de los animales, por el aborto o el casorio entre homosexuales no sean nuevas después de todo, son la consecuencia de la geocultura liberal que apenas se están manifestando a lo largo del mundo. Wallerstein, armado con la metodología braudeliana de la historia se encuentra, en el espacio de las ideas, con conclusiones que un católico neurótico desarrollo 120 años antes desde posiciones epistemológicas negadas, pero no suprimidas, inaceptables para los teóricos de la hora presente, pero irrefutables. ■

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