Zacatecas, sismicidad y patrimonio arquitectónico o la encomienda de San Nicolás Tolentino

Zacatecas, sismicidad y patrimonio arquitectónico o la encomienda de San Nicolás Tolentino
Juan Pantoja de la Cruz, San Nicolás de Tolentino, 1601, óleo sobre lienzo, 261 x 133 cm. Museo del Prado. Madrid, España.

La Gualdra 335 / Patrimonio

 

El centro-norte de México se ha considerado, generalmente, como una región tectónica estable, caracterizada por una baja sismicidad y por una ausencia de registros de movimientos fuertes del suelo. Tal es el caso del Estado de Zacatecas, el cual es considerado como una zona en donde la actividad sísmica se considera muy baja o prácticamente inexistente. Sin embargo, de acuerdo a registros históricos existentes, se ha encontrado que en el Estado han ocurrido eventos sísmicos de baja y mediana intensidad desde la época colonial hasta nuestros días. Dentro de los registros consultados, llaman la atención dos crónicas que hacen referencia a un período de actividad sísmica de gran intensidad en el año 1622, las cuales se citan textualmente a continuación:

“Tembló en Zacatecas con mucha fuerza, causando el sacudimiento de notables estragos en los edificios. Por espacio de cuatro meses continuaron repitiéndose los temblores dando origen a que se despoblara la ciudad. Con este motivo los habitantes de aquélla juraron patrón a S. Nicolás Tolentino, a moción del cura d. Juan Ortega Santelices. En 9 de junio llovió ceniza” (Martínez, 1890).

“Fue muy memorable para la ciudad de Zacatecas el año de 1622, porque parece que el estar opulentas las minas y buenas las leyes de los metales, daba motivo a algunos desordenes y siendo así que nunca se habían experimentado temblores, el día 6 de mayo comenzaron, y por espacio de cuatro meses se continuaron tan terribles, que se discutió quedarse la tierra despoblada, hasta que el cabildo y regimiento de la ciudad en concurso del vicario eclesiástico, que entonces lo era d. Juan de Ortega Santelices, con todos los demás vecinos determinaron elegir patrón para que los librase de ellos, y habiendo propuesto varios santos, salió en suerte glorioso San Nicolás Tolentino, a quien juraron celebrarle todos los años sus fiestas, como lo hacen con gran solemnidad, y no ha vuelto a temblar” (Mota, 1856).

 

La narrativa realizada en ambas citas señala, de manera concisa, la presencia de eventos de magnitud considerable durante un periodo de inusual actividad sísmica de acuerdo a la zonificación sísmica actual del país, la cual nos recuerda que, el reciente incremento de la actividad símica en el estado de Zacatecas y en particular en las zonas aledañas a la ciudad capital, no debería de sernos completamente extraño del todo.

Para las distintas autoridades encargadas de la protección y conservación del patrimonio arquitectónico, el reto que se presenta ante esta situación es coyuntural, ya que debemos asimilar que prevenir el daño es preferible a repararlo una vez que éste ya ocurrió, sobre todo si se tiene en cuenta que el patrimonio cultural es mucho más vulnerable que otros bienes y además, que éste es un recurso no renovable.

Basta darse una vuelta por el primer cuadro de la ciudad para darnos cuenta que, si bien es cierto que algunas cosas se han hecho correctamente, todavía nos queda mucho por hacer. La consolidación de una postura conjunta de los diferentes organismos para disminuir, controlar y mitigar la vulnerabilidad del patrimonio arquitectónico tanto monumental como menor, debería ser una tarea casi obligada que debería de empezarse a gestar en lo inmediato con el fin de realizar una adecuada “gestión del riesgo”. La otra opción es, dejar la encomienda a San Nicolás Tolentino.

 

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