Leer: una práctica colectiva

Leer: una práctica colectiva

La Gualdra 335 / Día Mundial del Libro

 

 

Con frecuencia se cree que la lectura es un acto solitario, de solitarios. Menciono creencia porque se olvida que leer es establecer un diálogo con el autor, los personajes y con uno mismo. Cuando leemos ponemos sobre la mesa nuestros conocimientos, sentidos, valores, miradas retrospectivas y prospectivas, nuestra fe. El autor hace lo propio. Es precisamente en el encuentro de estos elementos donde la lectura cobra forma y deja de ser mera decodificación. Es entonces cuando el mundo crece y nuestra mirada es distinta, enriquecida, multicultural. Quien no lee, se priva de todo ello, sus estrategias mentales disminuyen.

En ese diálogo autor-lector, se presentan –en ocasiones- lagunas que el segundo no puede desentrañar. ¿Cuántas veces no hemos vuelto a releer un pasaje porque no lo entendimos?, ¿cuántas otras no fuimos capaces de “pescar” alguna idea que el texto nos ofrecía?, o a la inversa, ¿cuántas –ante la carencia de referentes- todo nos parecía novedoso? (Para corroborar esto último, revise sus lecturas de alguna materia introductoria: se subrayaba mucho). De ahí que Lichtenberg planteé la siguiente pregunta: “Cuando un libro y una cabeza chocan y suena hueco, ¿es culpa del libro?”. La respuesta la tiene usted y dependerá de las circunstancias.

El diálogo con los otros nos permite mirar con ojos que no son los propios, por principio de cuentas, pero también compartir nuestras visiones del mundo, decimos quiénes somos a partir de nuestros juicios a la trama o personaje, ponemos el énfasis en el lenguaje o el argumento, nos impresionamos y emocionamos. Cuando el otro sabe que experimenta algo similar sabe que no está solo. En un encuentro de niños lectores, uno de los infantes participantes se maravilló al encontrar muchos alumnos como él: “¡No soy el único, no soy el único!” celebraba y rompía la soledad impuesta por la sociedad.

El diálogo con uno mismo ocurre constantemente durante la lectura. Las líneas plasmadas en el texto nos claman a plantearnos ¿quiénes somos?, a resolver situaciones en función de lo que somos, a generar simpatía o antipatía por uno u otro personaje. Esas ganas de subrayar los libros, la impotencia de no poder hacerlo cuando no son nuestros, son acciones que muestran el diálogo señalado. El libro es un espejo, pero no siempre está dispuesto a decirnos que somos la belleza del reino. Por eso nos duelen algunos textos, porque ponen el dedo en la llaga e impulsan esa voz interior.

Hoy, Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor, celebremos el libro, celebremos al lector, celebremos al autor, celebremos a la palabra, celebremos al diálogo derivado de las lecturas. Y seduzcamos a quienes no leen: con las historias que nos habitan, con lo que nos ha conmovido, con lo que nos arrancó una carcajada o una lágrima, con la sensibilidad e inteligencia que pueden dar los libros.

 

 

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