La poesía vehemente de Fernando Carrera

La poesía vehemente de Fernando Carrera
Fernado Carrera. Foto de Alejandro Camacho.

La Gualdra 335 / Entrevistas / Poesía

 

Fernando Carrera (Guadalajara, Jalisco, 1983) es autor de los libros de poesía Expresión de fuego (Mantis Editores-Sec. de Cultura de Jalisco, 2007); Donde el tacto (ICA-Conaculta, 2011; Là où le toucher/ Donde el tacto, segunda edición bilingüe, Mantis Editores-Écrits des Forges-Sec. de Cultura de Jalisco, 2015); y Fuego a voluntad (Instituto Municipal de Cultura de Toluca, 2018). Recibió el Premio Nacional de Poesía Horacio Zúñiga de los Juegos Florales de Toluca 2017 y el Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos 2010. Recibió Menciones honoríficas en el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2009 y en el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2006. Becario del Programa de estímulo a la creación y al desarrollo artístico, del Conaculta y la Secretaría de Cultura de Jalisco en 2008-2009 y en 2010-2011.

Ha sido publicado en diversas antologías y en medios impresos y electrónicos a nivel nacional e internacional, tales como: Revista Crítica, Revista de la Universidad de México, Confabulario-Suplemento del Periódico El Universal, Periódico de poesía de la UNAM, Revista Armas y Letras, Revista Tierra Adentro, Revista Punto de partida, Revista Luvina, Suplemento La Jornada semanal, y en publicaciones de Chile, Suecia, España, India, Grecia, Eslovenia, Albania y Bangladesh entre otros. Libros y poemas de su autoría han sido traducidos al francés, inglés, turco, griego, esloveno y albanés. Es sin duda uno de los poetas de su generación más comprometidos con la palabra escrita, y su obra refleja además de madurez la profundidad necesaria para indagar en las cuestiones que reflejan nuestra fragilidad.

 

Armando Salgado: Fernando, has dicho que la etapa actual en la que vivimos es la más vanidosa de todos los tiempos; ¿cómo relacionas esa vanidad con los estímulos que existen en nuestro país y que alientan la creación artística, en este caso literaria que nos compete?, ¿consideras que un premio, una beca o cualquier distinción definen a un poeta?

 

Fernando Carrera: Vivimos en la sociedad que habita la ilusión de la pantalla en la pantalla ad nauseam; cada quien habita un palacio de espejos donde sólo se mira mirarse, consciente de que del otro lado de los espejos los otros miran. La representación y el espectáculo, el broadcasting de sí mismo caracterizan nuestros días; el autor del Eclesiastés saltaría de gusto y con un guiño nos escupiría un “se los dije”. En un país con tan exagerado número de estímulos, entre premios y becas de todo tipo, es fácil que el estímulo se vuelva el fin y no un medio, algo accesorio y secundario a nivel artístico y crítico. Me parece que estamos viviendo ese fenómeno y derivado de ello, otros perversos a la autenticidad de la creación y procesos artísticos, tales como: la sobre-publicación; procesos acelerados y carentes de espacio, tiempo y silencio en la construcción de libros de poesía; y una pérdida del sentido crítico y autocrítico estimulada por el vértigo y ruido en las dinámicas de las redes sociales como la híper-exposición, la falsa competitividad en términos de velocidad y cantidad (que no tendrían que ser nunca referentes críticos de la calidad de una obra) y la reducción del diálogo crítico al “laikeo”. Partiendo de lo anterior contesto tu segunda pregunta: no, ningún premio o beca pueden medir ni mucho menos definir a un poeta, ni a nivel crítico ni artístico. Aclaro que no hablo desde el resentimiento, pues he obtenido estos estímulos algunas veces.

 

AS: Relacionado a lo anterior, ¿qué personajes históricos u obras literarias te recuerdan la importancia de la escritura y la necesidad de asignarle un tiempo de creación suficiente?

FC: Bueno, querido Armando, si me pusiera a enlistar lo que tu pregunta pide no terminaríamos en veinte cuartillas. Baste recordar algunos ejemplos de manera aleatoria: la obra de la poeta polaca Wisława Szymborska consta de nueve títulos solamente en toda una vida de trabajo, y le valió no sólo el Nobel (en 1996) sino el reconocimiento crítico y popular; de Leonardo Da Vinci tenemos 11 cuadros en el mundo, y se sabe que no fueron muchos más los que hizo; Bruckner, Mahler y Beethoven no hicieron más de nueve sinfonías, pero qué sinfonías; John Donne no publicó un solo libro, mas contamos con varios de sus poemas en nuestros días; ya ni hablemos del ejemplo de Rulfo. Mi mantra personal (por así llamarle) en cuanto a lo que concierne a la creación literaria es el siguiente: lee mucho, escribe lo posible, publica poco.

 

AS: Eres un escritor que ha publicado sólo poesía, te caracterizas por ser muy perspicaz en lo que haces y eres conocedor del temple que debe tener la escritura de un poemario: ¿qué recorrido nos sugieres para abordar tu obra, hay un orden en particular?, ¿cómo fueron los procesos de cocción en cada uno de tus libros?

FC: Gracias por lo que comentas, es el intento, al menos. He publicado también ensayo literario y crítico en revistas y publicaciones, aunque aún no un libro o recopilados como volumen; dicho esto, sí, los libros que he publicado son de poesía. En cuanto al orden de lectura de mis libros, en principio está el orden cronológico de aparición de los mismos (Expresión de fuego, 2007; Donde el tacto, 2011; Fuego a voluntad, 2018), que implica necesariamente momentos de vida distintos que permean el proceso creativo, pues siempre busco que cada nuevo libro sea esencialmente distinto a los anteriores y me lleve a territorios inexplorados para mí, y para que esto sea posible es fundamental darle el tiempo necesario a cada proceso (el tiempo, otra vez); creo, en este sentido, que una de las situaciones más tristes en las que puede caer un artista es la auto-imitación. Fuera de lo anterior, no hay un orden de lectura en particular, dado que estos tres títulos no conforman una tríada.

 

AS: Tu libro Donde el tacto fue traducido al francés por la poeta François Roy, y publicado por Mantis Editores y Écrits des Forges, en coedición con la Secretaría de Cultura de Jalisco, en 2015. Mucho se dice sobre las traducciones, algunos han compartido que sólo son aproximaciones a la obra, y que jamás revelarán la materia original con la que está hecha. ¿Qué representa para ti que traduzcan tu obra a otros idiomas?, ¿has tenido oportunidad de asistir a encuentros internacionales?, ¿cómo percibes la poesía mexicana frente a poetas de otros países?

 

FC: La traducción de poesía, si se hace a conciencia, no sólo es una lectura atenta (como dijo el poeta Mark Strand), sino una actividad del todo creativa. Se trata de transvasar el agua poética (la sustancia del poema) de un vaso único a otro único, diferente. En este proceso la literalidad de los vocablos no podrá salvarse siempre, aunque el sentido sí, en su mayor parte si el poeta traduce desde el conocimiento profundo y el amor por ambas lenguas. Sí, dije el poeta, pues descreo de un traductor de poesía que en principio no lo sea. Para mí el tener la fortuna y ocasión de que otros colegas, mis pares, nativos de otra lengua decidan poner en marcha su talento, inteligencia y trabajo para llevar mi trabajo a su lengua, representa la oportunidad y el vehículo formal y estético para dialogar con lectores insospechados; es, así lo siento, de lo mejor que puede pasarle a un autor y su trabajo. He tenido la oportunidad de asistir a encuentros y festivales internacionales en Europa, México y Latinoamérica; la impresión que he tenido respecto a la poesía mexicana frente a otras es que, en general, casi siempre sobresale en términos de creatividad, ingenio y potencia, tanto en sus vertientes aparentemente más experimentales como en las (aparentemente) más moderadas en este sentido.

 

AS: Con el paso del tiempo vas conociendo el medio artístico, sus deformaciones, sus bondades, su manera de vibrar frente a lo verdadero, ¿qué opinión tienes de los escritores jaliscienses?, ¿a quiénes debemos de leer de forma casi obligada, ante la diversidad de propuestas poéticas que hay en cada entidad?

FC: La poesía que se escribe en Jalisco, no sólo en Guadalajara, es múltiple en cuanto a su apuesta estilística, formal y abordaje lingüístico, en todas las generaciones que están produciendo; lo anterior como efecto o resultado no sólo del hecho de venir de una gran tradición literaria, sino también de circunstancias como que, solamente en Guadalajara, hay varias y varios poetas de gran calidad y relevancia en el diálogo literario y artístico a nivel nacional. No creo en las lecturas obligadas, mas a quien busque acercarse a la poesía que se escribe actualmente en Jalisco o por jaliscienses le sugeriría, sin duda, leer (por sólo mencionar algunos títulos): Descripción de un brillo azul cobalto y El cardo en la voz, de Jorge Esquinca; Voluntad de la luz, Ebriedad de Dios y Llámenme Ismael, de Luis Armenta Malpica; Espiga antes del viento, antología de Carmen Villoro y también su más reciente libro Liquidambar; El pobrecito señor X, de Ricardo Castillo; Caballos en praderas magenta, de Ernesto Lumbreras que reúne varios de sus libros, entre ellos Espuela para demorar el viaje y El cielo; Reducido a polvo, Fractura expuesta y Qué fue de mí, de Luis Vicente de Aguinaga; Desandar, de Ricardo Yáñez; En las manos, la niebla, de Jorge Souza; Oscúrame, de Ingrid Valencia; y Dos estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz, de Luis Eduardo García.

 

AS: Recientemente obtuviste el Premio Nacional de Poesía de los Juegos Florales de la ciudad de Toluca, con un jurado conformado por María Baranda, Waldo Leyva y Juan Arzate Salgado, por lo que tu libro Fuego a voluntad pronto estará disponible: háblanos de él, ¿qué elementos lo separan o aproximan a tus otros libros, por ejemplo, Expresión de fuego, tu primer libro publicado hace 11 años?

 

FC: Fuego a voluntad está ya a pocas semanas de salir, actualmente se encuentra en el proceso de edición, será editado y publicado por el Fondo Editorial del Instituto Municipal de Cultura de Toluca. Es un libro distinto a Expresión de fuego, mi primer título publicado por Mantis Editores y la S.C. de Jalisco en el 2007, y aunque ambos comparten el elemento y la palabra fuego en sus títulos en cada uno el fuego funciona como un eje metafórico distinto. En Expresión de fuego este elemento surge de la intuición central de las palabras como entes que, en la voluntad de quien acude a ellas para decir el mundo, se encienden y mueven: el lenguaje es un universo para decir el universo que llamamos real. En Fuego a voluntad el fuego refiere a la energía que nos anima, el espíritu entendido como animus (a la manera que lo comprende Lucrecio Caro en su poema “De la naturaleza de las cosas”) y no como alma o anima, en una comprensión más de orden sagrado y religioso. Hay ciertas situaciones que tienen una fuerte carga existencial que detonan un proceso de transformación y en toda transformación hay una violencia inherente, como en el movimiento de las placas tectónicas. A través de ese dolor, lo que llamamos espíritu se puede encender al punto de que ejerza su potestad a voluntad: el espíritu se enciende y trasciende el cuerpo llevándolo a un punto de pleno poder. Eso es lo que une a todos los apartados que van abordando lo anterior a través de la unicidad y búsqueda diferente que cada poema conlleva. Fue un libro que tomó cinco años en ser escrito, y otro más de revisión estructural. Mi anhelo es que resulte en una lectura interesante y emocionante para el buen lector, que no es otra cosa que quien lee desde su autenticidad con apertura, entrega y crítica.

 

 

 

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