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Andrés Margar, el músico nato con imagen de vaquero que busca conformar una disquera

Andrés Margar, el músico nato con imagen de vaquero que busca conformar una disquera
Andrés Margar, de 21 años de edad, dio a conocer su primera producción discográfica. La imagen fue tomada en la biblioteca de sus padres. Fotos: CORTESÍA
  • Hace menos de dos semanas presentó su primer material, un EP titulado Tales of a cowboy
  • La portada, realizada por Gustavo Villagrana, es la imagen de un vaquero que en vez de balas carga flores
  • Junto con su amigo Daniel Arteaga planea crear la casa discográfica Two Track Records
  • “La grabación de mi EP fue una especie de tesis de escuela para mí. Lo que no sabíamos lo investigábamos”, refirió
  • “Sabía que me iba a dedicar a la música, pero no me di cuenta en qué punto lo supe”
  • Este joven anhela, además, estudiar jazz, pues lo considera “la manera más inteligente y apropiada para acercar a la música”

Con una formación musical que inició, de manera involuntaria, a la edad de 8 años, y tras haber tomado un camino que lo regresaría a ella, ya por decisión propia, Andrés Margar, de apenas 21 años de edad, da a conocer su primera producción discográfica, el EP Tales of a cowboy, “una especie de tesis de escuela” donde expone una voz poseedora de variados matices y mediante la cual busca dar a conocer el trabajo de producción realizado por él y un amigo suyo bajo el nombre Two Track Records, disquera independiente que buscan crear.

Andrés Márquez García, nacido en Binghamton, Nueva York, Estados Unidos, y de padres villanovenses, formó su proyecto solista Andrés Margar, del cual presentó, mediante un concierto el pasado martes 10 de abril, en la sala principal del teatro Fernando Calderón, su primer álbum, el cual contiene cuatro piezas y un bonus track de una sesión en vivo que se integra de esas cuatro composiciones, y cuya imagen principal y protagonista es un vaquero.

Todo ello fue grabado por Andrés y su amigo Luis Daniel Arteaga Cid en la biblioteca de los padres del primero. En cuanto al bonus track, lo realizaron a fin de mostrar a quienes escuchen el álbum el trabajo de producción hecho por ambos.

Ese martes, Andrés Margar inició la presentación de su proyecto solista con la proyección de imágenes de caballos, para referir al vaquero que luego representaría por medio de su vestimenta, escenografía y músicos que lo acompañaron. Tales of a cowboy es el título que le fue revelado a Andrés en dos circunstancias distintas, ambas con la imagen de un vaquero, por lo que relaciona a este álbum con un libro vaquero.

El vestuario y pacas de pastura para ganado rodeando a cuatro músicos, entre ellos Andrés, aludieron, pues, al título del disco. Se trató de una escenografía montada por el equipo de La Cáscara, que también apoyó en la iluminación y el staff, aparte del guitarrista Carlos Martín Vásquez Díaz.

Allí, Andrés presentó sus cinco piezas y algunos covers. Respecto a las primeras, ejecutó Vaquero, que está en inglés y en la que cuenta la historia de un vaquero depresivo; Coraje existencial, que habla básicamente de “aprender a amar la realidad” y encontrar la manera de solucionar los problemas; You gotta move on, que está en spanglish y habla de superar lo que causa aflicción; Flying away, que es el bonus track del EP, y Day all night, la historia de un hombre que quiere seducir a una mujer en una fiesta, y durante la que Andrés mostró sus aptitudes en el canto, por medio de la intercalación de matices. Esta última pieza, además, posee un ritmo hip-hop o de tipo platicado en una estrofa; se trata de una canción muy peculiar por sus voces, sonidos y ritmos.

En cuanto a los covers, interpretó No good, de Kaleo; Lonely boy, de The Black Keys; You know I’m no good, de Amy Winehouse, y Time moves slow, de BadBadNotGood.

Respecto al diseño de la portada, fue realizado por el artista Gustavo Villagrana, quien ese día mostró postales con la misma imagen, una foto montada donde Andrés porta un cinto que en vez de balas tiene flores y que Andrés agarra como diciendo que con éste, su primer material, está “listo para empezar la batalla”.

Asimismo, en dicha imagen, las flores se relacionan con la forma de ser de Andrés, como él mismo lo expuso ya en una entrevista exclusiva posterior al concierto, señalando: “Lo contrario al amor no es el odio, sino el miedo, que es lo que hace que nos bloqueemos existencialmente. Es por puro miedo por lo que nos duele algo. Ahora están las balas de amor”.

La imagen de vaquero, de acuerdo con lo que explicó Andrés ya en una entrevista exclusiva posterior al concierto, le fue revelada en dos circunstancias totalmente personales. En cuanto a la primera, mencionó: “Cuando estaba en Boston escribí una canción muy depresiva, de esas canciones que se escriben solas y que no sabes de dónde salieron. No me sentía deprimido. La canción habla de un vaquero que quería a una mujer y la mujer lo rechazó siempre. Entonces, el vaquero decidió suicidarse con una escopeta”. Respecto a la segunda, hace unos ocho o nueve meses, imaginó un vaquero de juguete parado en la tierra.

Este vaquero es el que está ahora en la portada de su disco y es al que alude el título del mismo. Cada canción, cada historia cuenta alguna etapa de la vida de Andrés.

Fue así como de camisa y pantalón negros, pañoleta roja y sombrero tras la nuca, sosteniendo una guitarra eléctrica en algunas piezas, y una electroacústica durante otras, y colgando de su oreja izquierda un arete largo, Andrés Margar y los músicos Sergio García Gaeta, en la batería; Ricardo Mata, en el bajo, y Usiel Villalobos, en la guitarra, hicieron de la presentación de este EP un evento interesante y revelador.

Al final de su presentación y con una mirada positiva mediante la cual Andrés refleja su personalidad amorosa y expresiva, lanzó a su audiencia este consejo: “Recuerden: las tormentas siempre son pasajeras. No se estresen”.

Imagen de la portada de su EP

Imagen de la portada de su EP

Ya en la entrevista exclusiva, Andrés recordó que ingresó a los 8 años de edad a la Unidad Académica de Música de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ); sin embargo, en ése, su primer acercamiento a la música, ésta no le atraía, pues era más una obligación impuesta por sus padres, ya que él sólo anhelaba jugar futbol. Ante ello, sólo estuvo tres años en esa escuela, de modo que a los 11 años les dijo a sus papás que ya no quería asistir.

Luego, comenzó a tomar clases con un maestro particular de nombre Rafael Hernández Hidalgo, odontólogo que ha dedicado toda su vida a la música. Con él tomó clases de guitarra eléctrica durante dos años, y al entrar a la prepa, coincidieron nuevamente. Fue en la prepa del Tec de Monterrey cuando Andrés empezó a componer sus propias canciones –bajo la instrucción de Hernández Hidalgo-, para un concurso que realiza esa institución. Así, cada semestre, Andrés realizaba una tocada con una banda que formó, de nombre Sensor y la cual duró cerca de cuatro años. A la par, buscaba bares y otros lugares donde tocar covers. Posteriormente, el grupo cambió de baterista y se presentó dos veces en el Festival Cultural Zacatecas (FCZ).

Antes de concluir sus estudios en la preparatoria, Andrés hizo audición en la Ciudad de México, esperando ingresar al Berklee College of Music, ubicado en Boston, Massachusetts, Estados Unidos. En ese entonces tenía 17 años y le gustaba la música, aunque no sabía que se dedicaría a ella ni, mucho menos, sentía que era buen músico para ser aceptado en esa universidad. Allí, audicionó como guitarrista, pero no fue aceptado; sin embargo, sí lo fue como cantante, pese a que nunca había tomado clases de canto.

Apoyado por sus padres económicamente, Andrés, quien desde pequeño vive en Zacatecas, se trasladó a Boston a los 18 años, donde estudió canto durante un año debido al alto costo de esa institución, donde, dijo, enseñan varios géneros, incluido lo contemporáneo. Al regresar a Zacatecas, volvió a la UAZ, pero sólo permaneció dos semanas, pues personalmente no le satisfizo. Pero esta pronta salida la realizó a escondidas de sus papás, y todo ese semestre ensayó en una casa abandonada cercana a su casa; tras cinco meses de hacerlo, les dijo la verdad.

Aparte de esos ensayos en la casa abandonada, durante las noches, en su casa, experimentaba con micrófonos, porque en Boston buscaba estudiar ingeniería en audio y producción musical. En ese tenor, comenzó a investigar en Internet y a experimentar sobre el tema todo lo que le fuera posible. La grabación la inició en diciembre de 2016 y la finalizó en enero de 2017, pero al no quedar satisfecho, volvió a grabar, utilizando lo anterior como maqueta, y en conjunto con los músicos.

Así, se animó a grabar junto a Daniel -quien fue parte de la banda que tuvo en la prepa- su EP, y para ello eligió la biblioteca de sus papás debido a la acústica de ese espacio. Andrés y Daniel estudiaron juntos cursos de producción musical en línea para producir dicho EP y, posteriormente, crear una disquera independiente. Su EP es, entonces, el inicio de este proyecto que se llamará Two Track Records. “La grabación de mi EP fue una especie de tesis de escuela para mí. Lo que no sabíamos lo investigábamos”.

Empezaron a grabar en mayo de 2017. “Experimentamos con los lugares. Se tiene pensado que si se graba en un lugar cerrado rebotará el sonido, pero creo que depende de la necesidad de la canción y cómo queremos que suene el instrumento. Experimentamos con cosas de la vieja escuela como lo que se denomina cámaras de eco, que se utilizaban en los años 60 para lograr la reverberación, cuando no existían efectos electrónicos”.

Este EP contiene cinco piezas, una de ellas la pista adicional de una live session que tiene como finalidad que la audiencia compruebe y compare cómo está la interpretación en vivo, para poder vender el proyecto de disquera. Por ello, estarán soltando un video cada mes y medio para darse a conocer; ya soltaron Vaquero y el siguiente será Coraje existencial.

Andrés escribe, hasta ahora, más en inglés porque, dijo, se le facilita más escribir en ese idioma. “Se dice que tenemos determinada personalidad dependiendo del idioma que hablemos. Escucho más música en inglés. La que escuchaba en español era como más balada, pop, pero ya no la escucho mucho, no porque no me guste. Pero en inglés es donde están todas mis influencias”. Sin embargo, Andrés busca cantar tanto en inglés como en español con la finalidad de ser escuchado por un público más extenso.

Su banda favorita es Radiohead, y afirma que le “gustaría entrar en una etapa experimental como con música un poco más sicodélica”. Otras de sus influencias son The Beatles, Bruno Mars, Coldplay, Zoé, Porter y música mexicana como de Pedro Infante, además de Frank Sinatra, entre otros.

Otro anhelo de Andrés, aparte de realizar producción musical, es trasladarse a otra ciudad para estudiar jazz, género al que considera como “la manera más inteligente y apropiada para acercar a la música, para entender cómo funciona ésta”.

En torno a su regreso a la música luego que de niño desertó, comentó que ocurrió de una manera que no se dio cuenta: “Sabía que me iba a dedicar a la música, pero no me di cuenta en qué punto lo supe. Cuando empecé a cantar en la prepa, ahora que lo pienso, le ponía mucho empeño, como ahora, pero en ese tiempo no pensaba que de esto me gustaría vivir. Siento como si hubiera ido caminando por una carretera y hubiera habido una salida y la tomé, sin darme cuenta que el letrero decía “Música”. Seguí caminando y cuando voltee, ya llevaba mucho camino recorrido, por lo que pensé en dedicarme a esto, seguir por allí. Fue algo que se dio”.

Andrés continuará con su proyecto solista, pues, expresó, le resulta algo complicado tener un solo grupo para todas sus presentaciones, porque acepta que “cada músico tiene un proyecto individual” y sus propias ocupaciones. Es por esta razón por la que ese día se presentó con lo que fue el tercer equipo con el que ha trabajado.

 

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