AMLO y el Zapatismo: un guiño de encuentro

AMLO y el Zapatismo: un guiño de encuentro

La última declaración del comandante Galeano (lo seguimos identificando como Marcos) del EZLN se puede interpretar como un guiño de aproximación: “el capital no dejará pasar a AMLO”. Esto significa que tienen algo en común los zapatistas y López Obrador: son contrarios a la lógica rapaz del capital. Y eso es un motivo suficiente, no para pertenecer a la misma organización o compartir la ideología o tener el mismo proyecto político, sino suficiente para llegar a un acuerdo táctico en función de eso que tienen en común, resistir a dicha rapacidad. Los pueblos indígenas han sido las grandes víctimas del despojo de las mineras, las talas de bosque de maderas finas y los bancos de agua. Y el capital que destruye la base material de los pueblos originarios es el mismo que avanza en la captura del Estado y provoca las montañas de corrupción y milita bajo una bandera: el neoliberalismo.
Los desencuentros entre la expresión política de Andrés Manuel y el zapatismo han sido varios. El primero fue líder nacional del PRD, y este partido se descompuso muy rápido en el sureste, se alió a los caciques y atacó a las bases de apoyo zapatistas. Estos últimos esperaban una reacción de sus dirigencias nacionales, pero no ocurrió. Recordemos que meses antes, los zapatistas habían tenido a Cuauhtémoc Cárdenas como invitado especial a la formación de su organización civil nacional (el Frente Zapatista), así que era “un amigo” o aliado del zapatismo. Después se sintieron traicionados cuando el PRD negoció con el PRI alejarse de los indígenas rebeldes, y a lo cual hubo un premio: el reconocimiento de la gubernatura de Michoacán del hijo de Cuauhtémoc. A lo que también sin duda contribuyó uno de los males de toda la izquierda y que infecta también a los zapatistas, el sectarismo con discurso puritano. Ahora la dirigencia del PRD es una rémora de los operadores neoliberales del país, y AMLO salió de éste y creó su propio partido. Se separó de esos grupos que tanto insistieron en desmarcarse del EZLN, a nombre de la ‘modernidad política’.
En suma, es una historia de encuentros y desencuentros. Pero ahora, los zapatistas emprenden una experiencia electoral muy digna, donde mostraron honestidad y calidad moral. Eso (en estas circunstancias) es un activo político de enorme valía. El mismo valor que toma de bandera AMLO: la honestidad. Otro punto importante de encuentro.
Hace algunos meses los líderes de ‘Podemos’ en España, hacían el llamado al diálogo y acuerdo del Zapatismo con Andrés Manuel. Y lo hicieron desde la convicción de la importancia de construir un polo de las izquierdas que pueda enfrentar a la hidra capitalista. López Obrador y el EZLN no tienen el mismo proyecto político, eso debe ser evidente. Pero también lo es que tienen puntos de contacto muy importantes que justifican una agenda de acuerdos: el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y las 13 demandas históricas de los mismos. Hacemos votos para que estas fuerzas dialoguen y se den la mano en dos o tres temas estratégicos que los aproximen en esta coyuntura nacional. Sería un avance en la lucha por la igualdad y la justicia en México.

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