La polarización perversa

La polarización perversa
Máscaras de Obrador, Meade y Anaya en una tienda en la CDMX foto: la jornada zacatecas

La proximidad del primer debate entre candidatos presidenciales, que se realizará el próximo domingo 22, marca el inicio de la polarización que, procurada en la opacidad de los estrategas con procedimientos inescrupulosos, procura influir en la franja del electorado libre, es decir, aquella que puede definir una elección.
Previsible en buena medida, nos aproximamos a condiciones similares a las de 2006, en cuanto a la manipulación para el arrebato de ciudadanos que se posicionan conforme a su percepción, generada la mayoría de las veces en información tergiversada o magnificada.
Se trata del intento por colocar verdades a medias o mentiras absolutas en la opinión pública para despertar emociones colectivas como la ira y el miedo, antes que procurar empatía o debate. Polarizar al electorado, facilita la imposición de decisiones cupulares contrarias a la democracia y al pluralismo.
El fenómeno no es privativo de México y lo que hasta ahora se ha documentado sobre Cambridge Analytica deja ver el grado de perversión que, mediante el empleo del big data y otras sofisticadas herramientas tecnológicas, se puede conseguir frente a un electorado siempre vulnerable a la manipulación.
Naturalmente, las fórmulas tradicionales no están en desuso y la magnificación de asuntos de la agenda pública para favorecer a uno deteriorando a otro, sigue vigente. O en su caso, es un amasijo entre el uso perverso de la tecnología y las formas viejas de incidir en la opinión pública.
Ejemplo de estos días es la conferencia de Carlos Slim, que defendió el aeropuerto y dijo temer las decisiones del presidencial Andrés Manuel López Obrador. La alineación fue evidente en los otros candidatos, así como en quienes le concedieron a Slim –el hombre que llegó a ser el más rico del mundo con negocios mexicanos al amparo del poder– trato de autoridad, omitiendo que el diseño del proyecto aeroportuario peñanietista fue contratado a su yerno, Fernando Romero, que lleva la gerencia de obras en las que el propio Slim es el principal contratista beneficiado.
Claro que todo va por destronar al puntero en los estudios de opinión y así es como se magnifica la renta de un avión privado de gama económica, que el propio López Obrador hizo público, como lo había hecho en noviembre en una gira por Nayarit. O que se le haga ver como enemigo de los niños por no asistir a la firma de un compromiso impuesto por sociedad civil filoempresarial, al que además saludó y ofreció opciones para suplir su ausencia que no fueron aceptadas.
Del otro lado, la embestida en redes sociales al diario Reforma tiene el sello de la presión que desde el lado lopezobradorista suele desplegarse en contra de aquello con lo que no están de acuerdo, no les gusta o les resulta incómodo, especialmente, luego de la descalificación que el propio candidato hiciera a ese diario el lunes, antes de que publicara el sondeo polémico.
En tiempos de confusión, cuando más expuesta está a noticias falsas y firmas opacas, lo que menos necesita la sociedad es perder la dimensión real respecto de los medios informativos serios y necesarios como Reforma.
En cualquier caso, es momento de actualizar aquellas interrogantes de Laswell (quién dice qué, a quién se lo dice y con qué efecto), pero eso es tarea de los ciudadanos para evitar la manipulación y aun la polarización nociva a la que intentan conducirlos quienes se disputan el poder.

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