Wislawa Szymborska: prosas reunidas

Wislawa Szymborska: prosas reunidas

Es la mujer. La gran poeta. Y con una sencillez de esas que se extrañan hoy en día. La Mozart de la poesía. Así es como se conocía a Szymborska. Saquen ustedes conclusiones. En 1996 recibe el Premio Nobel de Literatura por una obra que si se analiza bien es breve. Apenas unos cientos de poemas. Lo he dicho en otras partes. Hay una clave tras del trabajo literario de Wislawa. La autocrítica.
Es ella misma quien se encarga de ponernos al tanto cuando le hacen una entrevista para el periódico español El País. Son de esas preguntas un poco idiotas. Si le preguntamos a quien la hizo quizás nos confirmaría que así se sintió luego de que la hizo. Si a Szymborska se le consideraba la Mozart de la poesía, ¿cómo era posible que su obra se estructurará a través de unos cuatrocientos poemas, pongan más, pongan menos, algún otro tanto de textos sueltos?
Respuesta. Wislawa guarda silencio durante algunos segundos. Seguro que una pregunta así ya le han hecho más de cien veces. Tal vez hasta mira al entrevistador con cierto dejo de cariño: un periodista ingenuo es más fácil de encontrar de lo que se cree. Y contesta. La Wislawa. La misma mujer que lo mismo podía escribir de política que de los fideos. La misma mujer que demostró a la literatura que cualquier tema es bueno cuando se tiene ganas de crear. Como aquel texto maravilloso de Mickey Mouse de Walter Benjamin.
Que en literatura no existe eso de los temas buenos o los temas malos. Hemos vivido en el engaño durante muchos años. ¿Y saben qué es lo peor? Que muchos de los jóvenes creadores actuales se la creen: quieren encontrar temas tan elevados que, una vez que dan con ellos, los superan, terminan no sólo por rebasarlos sino por aniquilarlos. Adiós talento. Adiós creatividad.
Los labios de la Wislawa seguro temblaron. Dijo: es muy fácil. Al lado de una mesita, junto a la cama, tengo un bote de basura. Hay poemas que no sobreviven a la noche. Hay poemas que al amanecer terminan en el bote. Detengámonos aquí. Una palabra: autocrítica.
La editorial Malpaso poco a poco se ha colocado en el mercado editorial mexicano como una editorial con un muy buen catálogo de autores. Contrario a lo que hacen otras editoriales, Malpaso le apuesta y da a conocer autores cuya obra no es tan leída entre los lectores mexicanos, por una parte; por otra, Malpaso le apuesta y da a conocer el trabajo narrativo de autores que en una primera instancia no lo son, es decir, diarios de viajes. autobiografías. Por ejemplo.
En este caso la editorial Malpaso da a conocer lo que es todo un agasajo. Las prosas reunidas de Wislawa Szymborska (2017). Seré sincero con ustedes. Cuando me enteré de que la editorial se había dado a la tarea de reunir estos textos bajo la traducción y prólogo de Manel Bellmunt Serrano me asaltaron varias dudas. Un poco inquieto. Me explico: cuando un poeta se quiere expresar en algún otro género literario, en este caso la prosa, no puede evitar contaminar con su primer oficio el que ahora quiere desarrollar. En ocasiones los resultados son desastrosos porque no se sabe bien cuáles son las intenciones del autor. Si escribe prosa, lo hace de una manera tan poética que mejor la hubiera trabajado en un poemario. No es el caso de Wislawa, por supuesto.
Este libro reúne textos diversos que la escritora publicó en distintas revistas y periódicos a lo largo de su vida. Los hay de todo tipo: una sabrosa miscelánea que se puede leer en el orden que uno desee sin que por eso se altere su comprensión. Al comenzar con la lectura di con una cita de esas que, al menos a mí, parecen traer su propia luz bajo el brazo. Aquí está: “Y una cosa más, lo digo de corazón: soy una persona anticuada y creo que leer es el pasatiempo más hermoso creado por la humanidad”.
Y otra más: Wislawa señala aquellos libros inteligentes de los que (el lector) aprenderá cosas inteligentes… y también libros estúpidos de los que algo sacará.
Este es un libro divertido, sabroso, antisolemne, que lo mismo nos habla del arte de escribir que de los entremeses de Cervantes. Juicios divertidos, breves, una fresca forma de admirarse del mundo y de reírse de él, reírnos de nosotros mismos, ejercicio este tan hermoso que Wislawa solía practicar a la perfección. ■

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