Espectáculo bélico y realidad

Espectáculo bélico y realidad

Una vez más, como cada semana o el día de la semana que sea, el tiempo mengua, apremia y se desvanece, con todo y su incesante devenir, pues en eso consiste el tiempo, en un gasto continuo, desde que se nace y hasta que caduca la particular vida. Para cada uno, lo interesante, podría estar (ocurrir) en ese lapso y si ocurre, debería ser interesante, pues el interés de una vida no es fortuito ni de gratis, incluso, aunque se trate de una pasión o de La Pasión que más lo encienda a uno, ésta puede ser (o llegar a ser) múltiple y diversa, con la sola condición, tan objetiva como subjetiva, de que lo encienda a uno, lo que uno hace, pues, si no, no sería pasión, ni fuego.
El asunto de la pasión, no ocurre sólo en cuaresma, ni en sábado por la noche, sino en la hora y el día de la semana que sea, incluso, sin avisar, la pasión brota y se concreta en alguien y en algo, luego tan inasible, que ni nos damos cuenta de ella hasta que de tan fuerte arder, quedamos encendidos o en cenizas, cálidas, lo suficiente como para esperar volver a empezar el incendio subjetivo en que nos convirtamos para abrazar y abrasar antes de que se nos pase tan ardiente, como riesgosa, posibilidad de quedar encendidos o en ceniza, ¿por cuánto tiempo, para siempre?
El colmo, esto es algo que uno ni siquiera sabe, ni se da cuenta, por eso se debe, creo, esperar reiniciar encender y arder, otra vez en algo o en alguien, y serán dos incendios que, para que valga la pena deberían ser fulgurantes, no sólo echar hispas, ni ser sencillos fuegos de artificio, insistir hasta que de ellos se pueda escuchar el crack. No muy distinto en cambio es, cuando uno inicia a arder en otro ser y mejor si también es ardiente, crocante, arrojador de chispas como si fuera incendio y también arde. Esta posibilidad requiere de dos fuegos que se consumen bajo el artificio y riesgo de ser una unidad candente.
Este mundo está poblado por personalidades, algunas hasta arbitrarias, por estar empeñadas en hacer fuegos para azar a otros, y hacerlo hasta poner a arder sus mismas casas, barrios o ciudades, si eso es lo que quieren abrazar con fuego, por supuesto, como Trump, que lo lleva en aviones para que sus invitados a presenciar tan incinerante espectáculo vean sufrir a aquellos a quienes el fuego abraza. Fuego transportado, como cohetes, en aviones especiales para dar el espectáculo y de ser posible, ante las cámaras, incinerar y matar, sin sufrir daño, ni morir, sino más bien disfrutar sin riesgo, del espectáculo ofrecido por el hacedor / encendedor del fuego, ¿Trump? ¿Matar?
A quien decidieron azar, si puede, se preparará para defenderse o se defenderá como pueda, si el fuego lo toma por sorpresa. Sorpresas raras en las que a veces se musita la palabra, justicia, que debe sonar rara para quien tratan de azar o de matar de alguna otra manera, dependiendo del arsenal con el que se agreda y da igual si hay invitados, porque será una quemazón con carácter hasta multinacional, por el origen diverso de aquellos, quienes pueden hasta llevar sus propios aviones para incendiar a su objetivo humano y cultural, designado por eso, para ser incendiado hasta por el mismísimo señor Trump, venido de tan lejos e ido a tan lejanas tierras para asar, como castigo, a algunos aborígenes por sus faltas ¿ambientales y mortales? cometidas contra lo que el TRUMP(as) entienda o defina como civilización; personaje, sin moral o muy escasa, como para poder gobernar a los Estados Unidos y hacerlo despuntar como pionero, siquiera por un rato más. Esperemos que su esfuerzo de matar (hasta inocentes) y su gloria, le alcancen para que no siga jorobando a México, a los mexicanos y a los paisanos, con terminar de construir el muro que tiene en la cabeza y mejor combine su agresivo actuar presidencial con más frecuentes y prolongadas visitas a sus hoteles, de lujo, por supuesto.
Como sea, en el arte de divagar, los límites, porque los hay, dependen de eso que a veces quasi bíblicamente se llama ociosidad. De ella se dice, ser la madre de todos los vicios y a partir de eso, uno bien pudiera pensar que la ociosidad es otra cosa distinta. En fin, ya ni como dar marcha atrás en este escrito, cuando todo va para adelante, sobre todo lo electoral, con un formato comunicativo diseñado por cada uno de los partidos políticos o de las instancias políticas participantes en la elección, federal, estatal o municipal, cuyo formato (programático general y particular) proporcionó el IFE y cada partido político u organización política se encargó de llenar como mejor quiso y pudo, ¿se hizo bien o como se pretendió sucediera en Monterrey?

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