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Plan Estatal de Lectura: brilla por su ausencia

Plan Estatal de Lectura: brilla por su ausencia

La Gualdra 334 / Promoción de la lectura

 

El periodo gubernamental de la actual administración estatal no ha dado a conocer un Plan o Programa Estatal de Lectura. Las razones también se desconocen entre la población: lo mismo puede ser falta de interés hasta el diseño que aún está en marcha, pasando por múltiples explicaciones más. ¿Es necesario este documento? Sí. Porque él nos permitirá conocer, y de ser posible, participar desde la sociedad civil. No es sencillo. Por principio de cuentas habría que empatar las visiones de los sectores cultural, magisterial, bibliotecario, profesional, de gestores culturales, de mediadores de lectura y, desde luego, de gobierno.

Entre los beneficios que se obtendrían sería en abatimiento de costos en varios rubros. Pero por otro, evitará que ocurrencias personales adquieran el status de Programa, sin serlo. Y no lo son simple y llanamente porque tampoco existe un documento rector (coherente con la política pública estatal). Si digo “ocurrencias” es porque ante las exigencias de la ciudadanía en torno a la obtención de resultados, en el ámbito de los libros -lo he dicho y lo repito-, el espectáculo, la farándula, el culto a la personalidad (de un autor, mediador, promotor, libro) está por encima de los lectores (así, como masa).

También sería una herramienta que vincule normativamente las instituciones que realizan actividades en pro del fomento de la lectura, el libro y la formación de lectores. De lo contrario las líneas de acción seguirán obedeciendo a iniciativas personales dadas por filias y fobias, amistades y paranoias. Es decir, urge un instrumento rector de política pública en torno a la lectura. La confusión y desconocimiento de todo ello provoca que quien llegue a encabezar alguna dependencia gubernamental que tenga entre sus funciones las acciones hacia la lectura mencionadas, intente incidir, supervisar, e incluso, dirigir, ámbitos que están fuera de su competencia, desatendiendo su tarea primordial.

Uno de los rasgos que caracterizó a la administración anterior fue su desprecio y desinterés por el tema aquí tratado. Si este gobierno anhela ser diferente, deberá colocar a la lectura como un objetivo estratégico transversal de algunos componentes del Plan Estatal de Desarrollo. Pero atención: no estoy aludiendo, ni hablando de individuos. Las instituciones funcionan con, sin y a pesar de sus figuras. Puntualizo y reitero: la lectura debe ser una política pública fundamental. Que el interés plasmado en el discurso se lleve a la práctica.

Pero también, por otro lado, habría que sensibilizar a quienes diseñan todos estos instrumentos y herramientas de gobierno. Acostumbrados a metas y objetivos de mediano y gran impacto, miran con desconfianza el proponerse un alcance del diez por ciento de la población. Esta cifra es una locura. La lectura no es acto de multitudes, pero sí podemos aspirar a engrosar la nación de lectores.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_334

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