“Se están haciendo mal las cosas”, pues aumentó número de feminicidios: activista

“Se están haciendo mal las cosas”, pues aumentó número de feminicidios: activista
De izquierda a derecha: Diana Arauz Mercado, Elvira Hernández Carballido, Alejandra Araiza, Josefina Hernández y Elsa Ángeles Vera foto: alma ríos

De 2014 a 2017 se registraron 8 mil 904 asesinatos; sólo 2 mil 182 fueron tipificados bajo este delito

Realiza Sizart foro de Construcción Ciudadana; abordó dos bloques de conferencias

 

En los 30 años recientes han aumentado los asesinatos de mujeres, apenas en la época reciente tipificados como feminicidios, y que se expresan cada vez con mayor crueldad. Y a pesar de lograrse en 2014 la paridad 50-50 para que ellas lleguen a los puestos de elección popular, se ha incrementado la violencia política en su contra, pero también, persiste la amplia tolerancia social a la difusión en medios de comunicación de la violencia de género en canciones, ahora propuesta en una combinación tóxica con la cultura del narco. Tras una lucha ardua por lograr la tipificación de la violencia obstétrica, las cifras de la incidencia de este delito exhiben que hay mucho trabajo por hacer.
“Estamos haciendo mal las cosas”, sintetizó Elsa Ángeles Vera en referencia a la aplicación de políticas públicas que deberían tener como efecto la erradicación de la violencia hacia las mujeres y que no exhiben su efectividad aun cuando se ha generado una Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia que tiene sus correspondientes en los estados, protocolos de actuación y otras herramientas institucionales.
El Foro de Construcción Ciudadana organizado por el Sistema Zacatecano de Radio y Televisión (Sizart) abordó este jueves dos bloques de conferencias, “Escenarios de violencia” y “Cultura de género y violencia”.
El panel fue moderado por la docente investigadora de la Maestría Doctorado en Historia de la UAZ, Diana Arauz Mercado; participaron Elvira Hernández Carballido, Alejandra Araiza, en el primer bloque, y Josefina Hernández y Elsa Ángeles Vera, en el segundo, todas, también profesoras investigadoras en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo e integrantes del Cuerpo Académico “Escenarios de la Comunicación”, cuyas líneas de investigación son perspectiva de género y el análisis de medios.

Justicia para Carmen
“La justicia para Carmen llegó”, y con su lucha, para muchas mujeres en México víctimas de violencia obstétrica. Emilia Hernández Carballido es coautora con la que se convirtió de víctima en activista, del libro Justicia para Carmen: Historia de vida de una mujer hidalguense que luchó por el para qué de su vida (Editorial Academia Española, 2016).
La investigadora y periodista leyó un fragmento del testimonio “de la primer mexicana que abrió un juicio contra un médico” para denunciar los malos procedimientos en la atención de su parto, mismos que implicaron la muerte de su hija, y como secuela, la esterilidad de la que iba a convertirse en madre.
El caso ocurrido en 1988, hace 30 años, derivaría más tarde y a partir de una militancia sustentada en su convicción de ninguna otra mujer padeciera lo que Carmen Rincón Cruz vivió, en la tipificación de la violencia obstétrica, modalidad ya incluida en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
No obstante el logro, Hernández Carballido también trajo a colación las cifras de la Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2016I), primer herramienta que recuperó información sobre el tema en el país.
“Los datos son contundentes”, de octubre del 2011, al mismo mes de 2016, 33.4 por ciento de las mujeres entre 15 a 49 años que tuvieron un parto sufrieron violencia obstétrica.
Y de 3.7 millones de mujeres a las que se les practicó una césarea, 10 por ciento no fue informada de la razón, mientras que al 9 por ciento no le pidieron autorización para hacerla.
Durante el periodo 2010 a 2015, también expuso, 2.9 millones de mujeres en el mismo rango de edad que tuvieron un parto, fueron víctimas de algún maltrato físico o psicológico por parte del personal médico que las atendió.
Y según el Inegi, a 4 de cada 100 mujeres les fue colocado un método anticonceptivo sin preguntarles, y 9 de cada 100 señaló que la presionaron para aceptar una operación para no tener más hijos sin explicarles el por qué.

La violencia que se canta y se baila
También en una expresión de síntesis de lo que trató ayer de exponerse, Alejandra Araiza, integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) y teórica del feminismo, dijo “estamos hablando de dolo y estamos hablando de personas”.
Ella se refirió a los estudios que ha hecho del mensaje de canciones que se difunden ampliamente en medios de comunicación, no sin antes aclarar términos como equidad de género, perspectiva de género y violencia de género, la primera que dijo todavía es una aspiración.
Habló justo de la violencia de género, otra expresión de violencia simbólica de la que a las mujeres les “toca la peor parte” y que se normaliza cuando a ellas se les exhibe como un objeto sexual, y como objeto por tanto desechables.
Alejandra Araiza ha analizado canciones de música de banda y grupera, en las que ya se ha vinculado la violencia de género con la cultura del narco, y que narran violaciones como si fueran temas románticos o fueron sustento para realizar un video en que se muestra un feminicidio en que el agresor además resulta impune, como el polémico caso del tema que interpreta Gerardo Ortiz.
Todo esto ocurre aun cuando en la ya citada Ley sí se han incorporado criterios que se refieren al contenido en los medios de comunicación.
Araiza instó a la construcción de “otras formas de relacionarnos” en las que coadyuven los comunicólogos, haciendo su trabajo con perspectiva de género.

Otra forma de violencia real contra
las mujeres, la política
En un recuento histórico de los avances en materia de derechos civiles de las mujeres y las etapas por las que se ha transitado su lucha por conseguirlos, Josefina Hernández Téllez, también periodista, colaboradora del suplemento de La Jornada, Doble Jornada y la Revista Fem, se refirió al acceso que tienen desde 2014, a la paridad para acceder a los espacios de representación popular.
Pero que acotó, entre otros datos, no se deben a una convicción democrática e igualitaria del gobierno sino a políticas de control natal y por tanto demográfico, procedentes de las presiones de los grandes potentados del mundo que se reúnen en Davos, Suiza cada año, para cuestionarse qué hacer con los pobres. El que las mujeres en México permanezcan en sus casas, dijeron los más ricos, “baja los niveles de competitividad” del país.
Y recordó aquella campaña del Estado mexicano de los años 70, “La familia pequeña vive mejor”, que implicó una reducción de los hijos en las familias, decisiones que “no vienen de la libertad”.
Habló luego entre otros casos, del escarnio de que fueron objeto Las Juanitas, legisladoras quienes dentro de la Cámara de Diputados “no podían dar ni un paso sin la autorización” de sus partidos.
Esto exhibió la violencia simbólica de la que fueron objeto, quienes en algún momento dejaron su lugar a sus suplentes varones, en tanto que jamás fue cuestionado el control de los institutos políticos sobre ellas.
Expuso asimismo casos de violencia psicológica y física que sufren las mujeres que buscan acceder a los espacios del poder público, y que contrario a la forma, esto es, su acceso numérico reserva en el fondo el incremento de las agresiones a la par de la consecución de la paridad 50-50, para seguir limitando sus derechos políticos y civiles
“Estamos haciendo mal las cosas”, los feminicidios se incrementan.
Por último y para cerrar el bloque Cultura de género y violencia, la también periodista y activista por los derechos de las mujeres, Elsa Ángeles Vera, se refirió al culmen de la misoginia, el feminicidio.

Tajante refirió al auditorio que tanto los hombres como las mujeres actuales, los más jóvenes, viven privilegios que ganaron las feministas. Y pidió la atención para su mensaje, que inició con esta afirmación, “hay grupos de mujeres que nos estamos encargando de contar muertas”.
Esos decesos, dijo, hablan de los errores en materia de política pública, y dijo son “desesperantes para quienes somos activistas”.
Para exponer la cadena de omisiones y equívocos en el tratamiento de la violencia hacia las mujeres que derivan en feminicidios, habló del caso de una mujer hidalguense que interpuso tres denuncias, transitó por una serie de instituciones, incluido un albergue, sin que pudiera esto salvar su vida, y antes, evitarle el sufrimiento de la tortura que ejerció en ella su esposo, un militar con el que vivió durante 14 años.
“Entonces yo estoy sorprendida de que yo llevo más de 30 años como feminista y ahora estoy contando más muertas (…) además quiero decirles que fui reportera 18 años, de nota roja”.
“En lugar de que estemos disminuyendo esa violencia tan extrema”, que implica no solo la muerte de la víctima sino quitarle la vida con crueldad y hacerla ostensible tirando el cuerpo en un lugar público.
“Estamos contando más”, a pesar de la existencia de leyes, instituciones, capacitaciones a funcionarios y presupuestos.
“Y para que ustedes vean que estamos haciendo mal las cosas”, expuso datos del Observatorio Nacional Ciudadano, apenas del 10 de abril, en que presentó su informe Implementación del tipo penal de feminicidio en México; desafíos para acreditar las razones de género 2014-2017.
De 2014 a 2017 se registraron 8 mil 904 asesinatos de mujeres, pero solo 2 mil 182 fueron investigados como feminicidios, 24 por ciento; una gran parte de las víctimas eran jóvenes en edad productiva y la mayoría madres de familia, los casos se “investigaron” sin aplicar los protocolos ya establecidos.
Al referirse a Zacatecas dijo, “se ha quedado a la mitad del camino aunque están más avanzadas que en Hidalgo”. No obstante refirió que no encontró un informe que registre “con mucha puntualidad los feminicidios en Zacatecas” y que aunque el gobierno de Amalia Medina construyó una estructura institucional y de leyes “¿y que están haciendo con ella?”.
Dijo también que a todos los gobiernos les tiene muy preocupados por no aparecer como administraciones que permiten el asesinato de mujeres, “el problema es que cuando quieren ocultar el muerto debajo el tapete están evitando la prevención -de las muertes”.
“Cuando una mujer es asesinada es porque muchas cosas que no debieron pasar ya pasaron (…) es porque muchas instituciones no escucharon y no cumplieron con su papel”.
A 25 años de que “el escándalo” de las Muertas de Juárez se haya vuelto una pandemia en el país, dijo que debe replantearse lo ya hecho en favor de la erradicación de la violencia contra las mujeres desde las instituciones, “pues el problema es que no estamos haciendo las cosas bien”.

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