Estética de la brevedad, la poesía de Ana Belén López

Estética de la brevedad, la poesía de Ana Belén López
Fotografía de Iván Lizárraga.

La Gualdra 333 / Entrevistas / Poesía

 

Este ciclo de entrevistas a poetas permite reconocer las distintas formas para acceder a la poesía, y en esta ocasión tendremos tiempo de caminar tranquilamente junto a Ana Belén López (1961). Ella es originaria de Culiacán, Sinaloa. Su obra reserva dosis concretas de realidad, y nos traslada desde escenarios personales a contextos donde es fácil reflejarse. Como ella misma lo expresa, cualquier persona podría leer sus poemas porque son accesibles y claros. Asimismo, construye una estética breve, pero sobre todo, es profundamente reflexiva. Permitamos que mientras un edificio se derrumba en nuestro interior, esas otras posibilidades de expansión de la lectura se construyan junto al Pacífico, que en esta ocasión también nos acompaña.

 

Armando Salgado: Ana Belén López, entre los múltiples significados de la poesía, cada autor configura los propios. ¿Qué es la poesía para ti?, ¿cómo llegaste a ella?, ¿qué autores se reflejan en tu manera de pensar?, ¿qué momentos poéticos estarán contigo para siempre?

Ana Belén López: La poesía llegó a mí a través de la academia. Tuve la fortuna de ser alumna del poeta Hugo Gola mientras estudiaba la carrera de Literatura Latinoamericana en la Ibero. Siempre había sido lectora, razones obvias para estudiar Letras, pero leía sobre todo cuento y novela. Mientras Hugo nos presentaba autores de poesía norteamericana descubrí algo que intuí, entonces, que tenía que ver con la forma de escritura que coincidía con mis inquietudes. Fijar la imagen era algo que me interesaba, durante un tiempo largo había trabajado de aprendiz en la Fotografía de mi papá, Guillermo López Infante. La abandoné porque me decidí por la literatura. En clase de Hugo, leí con mucha curiosidad y entusiasmo a los poetas norteamericanos, Denisse Levertov, E.E. Cummings, Charles Olson, Robert Creeley en especial a William Carlos Williams, los imagistas, quisiera creer que fueron una influencia en mi trabajo, o que en ellos encontré el impulso necesario para seguir. La misma definición del poema de Williams, “una máquina hecha de palabras que provoca una emoción” sigue siendo mi mejor manera de definir al poema y tratar de echarlo a andar.

Me interesan las formas abiertas del verso libre, la precisión del lenguaje, la condensación de una imagen, que el objeto cotidiano sea transformado por una operación de lenguaje. El ritmo que es marcado por una sonoridad interna, por la relación que surge fonéticamente entre una palabra y otra. Ver por debajo y por atrás, como si el lenguaje se atreviera a ver el interior del árbol o del sol.

La euforia de los primeros poemas es algo difícil de describir. De pronto, tener que parar todas las actividades porque una palabra resuena es muy emocionante. La constante necesidad de hacer notas en papeletas, en servilletas, en recibos, esa euforia, esa excitación creo que se da en pocas ocasiones, y entonces uno tiene que trabajar al margen para poder seguir creando y no sólo esperar esos estados de inspiración. Creo en la lectura y el análisis también como una forma de crear, el deslumbramiento que provoca el verso de otro autor me parece un profundo acto de asombro.

 

AS: Mención aparte merece Octavio Paz; ¿de qué manera este poeta hizo escala en tu formación como poeta?, ¿tu documento de titulación aborda en particular alguna pieza de Paz?, ¿crees que debamos recurrir a él de forma constante?

ABL: En mi escritura es muy importante la estética de la brevedad, sin embargo, admiro profundamente los poemas largos. Me interesa la historia y la poética del poema largo y narrativo. En Octavio Paz encontré en su obra una extraordinaria coincidencia, sus reflexiones sobre este tema y además, los diez poemas largos que publicó durante su vida. Fue un recorrido fascinante. Hice esa investigación para mi tesis de licenciatura, enfocándome en el análisis del último poema que publicó, Carta de creencia, entonces no se sabía que sería el último pero fue una especie de testamento poético. Tuve la oportunidad de conocerlo, de comentar el trabajo y fue un privilegio. Por supuesto que hay que regresar a su obra todo el tiempo, su lucidez es decisiva.

 

AS: Ana Belén, ¿cuál es la salud de la poesía sinaloense actual?, ¿crees que el Pacífico: su clima, sus playas, influyan en los temas que eligen para escribir?, ¿qué otros momentos ha gozado la literatura en esta zona?, ¿qué otros autores debemos conocer, los cuales en ocasiones no son visibles en otras latitudes?

ABL: Sinaloa es un estado intenso. Por su clima, su belleza, su producción agrícola y pesquera. Es rico. Y es violento. Culiacán está considerada la capital del narcotráfico latinoamericano. Hay una fuerte cultura del narco y del lavado de dinero. Pero, en algunas ocasiones ha habido gente que le apuesta todo al arte y a la cultura. Tuve la fortuna de pertenecer a la colección Punto luminoso de la Editorial Andraval en donde publicaron a quince autores sinaloenses, justo en el momento en que el país se convulsionaba en la guerra contra el narco (2012). Ahí están Jesús Ramón Ibarra, A.E. Quintero, Ernestina Yépiz, Mario Bojórquez, Paco Alcaráz, León Cartagena y el resto de los trabajos que son de una calidad literaria incuestionable. Retrato hablado pertenece a esta colección, eso me gusta mucho.

En Mazatlán, sucede algo diferente, de manera natural prolifera el canto y la danza. La gente de Sinaloa es rica en expresiones musicales. De todo tipo, ópera, banda, pop, rock, jazz, ballet, regional. Danza contemporánea. La poesía se ha dado, también, pero de forma aislada, independiente. En mi generación, tuvimos que salir a estudiar fuera si nos interesaba una formación seria en el área de humanidades o arte. Algunos regresamos, otros no. Todavía es lamentable que en Mazatlán las universidades no tengan oferta en áreas de humanidades. Entonces los grupos que se forman de manera independiente son verdaderos esfuerzos individuales. Pero sí los hay.

 

AS: Ana Belén, la poesía se conceptualiza todo el tiempo, pero ¿cómo seleccionar un buen poemario?, ¿cómo saber que ciertos autores son fundamentales?

ABL: En alguna ocasión, un editor me dijo que para editar libros buenos se necesitaba tener muy buen olfato. Nunca olvidé la expresión. Sin embargo, creo que además de ese impulso intuitivo está la experiencia de lectura. Distinguir entre las diferentes corrientes estilísticas a las que corresponde cada autor. Y por supuesto esperar el asombro. Buscar en el poema y en su conjunto la emoción de la que nos habla Williams.

 

AS: Ana, tu poesía suele ser precisa y narra lo mismo una sensación profunda derivada de un recuerdo al igual que un hecho cotidiano; utilizas un lenguaje poético preciso y lo adaptas a estructuras flexibles que dan fluidez a tus textos. Tus poemarios Alejándose avanza (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1993), y Retrato hablado (Andraval ediciones, 2013), tienen 20 años de distancia entre sí, ¿cómo relacionas estos dos extremos en tu carrera como creadora?, ¿qué otros libros has publicado y cuáles nos recomiendas?

ABL: Escribo de forma muy lenta. Además de hacer poemas breves, entonces, reunir material suficiente para publicar un libro me lleva muchos años. En efecto, hay veinte años de distancia entre Alejándose avanza y Retrato hablado. En 2001, Ediciones sin nombre publicó Del barandal, y en 2009, el Instituto Sinaloense de Cultura publicó un libro de fotografías y poesía que hicimos en conjunto Martín Gavica, la bailarina Claudia Lavista y yo, Silencios. Fue una experiencia muy interesante, trabajábamos al mismo tiempo con las formas del cuerpo como paisaje. En Retrato hablado arriesgué otras formas. Me incliné más al poema narrativo y es un libro muy personal, autobiográfico. Tiene que ver con mi infancia y la forma en que me despedía de mi papá, él murió a finales del 2012, creo que por eso, sin saberlo, me despedía también de la infancia y de otros personajes que aparecen como mis abuelos. Mis poemas son sencillos, creo que cualquiera se puede acercar a ellos, recién he estado en lecturas con niños de primaria, por primera vez, y los reciben con mucho entusiasmo. Lo difícil de mis libros es conseguirlos.

 

AS: Tuviste la oportunidad de ejercer la docencia por muchos años en Sinaloa, y en tu práctica diaria combinaste disciplinas artísticas para fortalecer la formación de tus estudiantes: háblanos de ello, ¿qué experiencias recuerdas con ahínco?

ABL: Durante diez años fui maestra de literatura en la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán. Es una escuela fundada por la compañía de danza contemporánea Delfos, y el programa de la licenciatura es integral, llevan historia del arte, filosofía, música, teatro, y yo trabajaba sobre todo con poesía. Descubrí el mundo paralelo entre danza y poesía. Sobre todo a partir de las vanguardias del siglo veinte. Aprendí mucho a experimentar con otro tipo de estudiantes. Fue una experiencia maravillosa, ellos eran explosivos, creativos y cuando realizaban coreografías basadas en textos literarios era muy interesante. Espero haberles dejado esa inquietud, esa sensación de que hay poemas que ya nunca te abandonarán.

También con Delfos trabajamos en conjunto una puesta en escena que se llamó “Cuatro cuartos”. En una casa del siglo pasado, montamos una escena en cuatro de las habitaciones. Escribí un poema para cada una de ellas y éstos resonaban en los pasillos mientras pasabas de una otra. Fue muy bello trabajo lo que la Compañía hizo.

 

AS: Ana, si tuvieras la oportunidad, ¿qué te dirías a ti misma si comenzaras a escribir de nuevo?, ¿qué sugerencias te compartirías ante escenarios donde no hay las mismas condiciones para las mujeres que deciden hacerlo?

ABL: ¿Qué me diría a mí misma? En los noventas intenté pedir una beca de jóvenes creadores y no me la dieron, intenté otra y entré a un par de concursos. Entonces me quedó claro que por mi forma y tiempos de escritura era mejor resolver la economía de otra manera y mantener mi independencia a mis propios ritmos. Ahora me da gusto haber continuado pese a esa lejanía que yo misma marqué. Por si fuera poco, también renuncié a la vida académica, me mudé a Mazatlán luego de vivir quince años en la Ciudad de México. Nunca dejé de trabajar ni de estar alerta a los momentos propicios, a los diferentes estímulos, a investigar, leer, descubrir. Creo que lo volvería a hacer igual.

 

RECUADRO

Ana Belén López (Culiacán, Sinaloa, 1961) estudió en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México la licenciatura en Literatura Latinoamericana y la maestría en Letras Modernas en donde, también, fundó y participó en la elaboración de la revista Poesía y poética dirigida por Hugo Gola en los noventas. Ha sido profesora de literatura impartiendo la materia de Narrativa y poesía latinoamericana del siglo XX, desde hace más de veinte años. Es autora de los libros de poesía Alejándose avanza, Del barandal, Silencios y Retrato hablado. Su poesía se  ha traducido a varios idiomas y se publica en diversos medios en el país como las revistas Pauta, Letras libres, Revista de la Universidad entre otras. Desde 2001 publica la columna “Imágenes sueltas “ en el periódico Noroeste de Mazatlán.

 

Una mujer
se persigna
al cruzar la calle
la atropella
un camión
pierde un zapato
el monedero
se abre
brillan las monedas
con la luz del sol

Del barandal (2001)

 

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