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El Día Mundial del Teatro debe ser un pretexto para formar público: Arturo Sandoval León

El Día Mundial del Teatro debe ser un pretexto para formar público: Arturo Sandoval León
Arturo Sandoval de León

La Gualdra 333 / Entrevistas / Teatro

 

 

El 27 de marzo se celebró el Día Mundial del Teatro. Diversos medios difundieron el mensaje de Simon McBurney, del Reino Unido; y de Sabina Berman, de México. Pero ¿qué significa el Día Mundial del Teatro para un dramaturgo emergente en la provincia? Arturo Sandoval León habla de su trayectoria, sus inicios y sus expectativas.

Arturo Sandoval León empezó a escribir teatro después de los 30 años, sin haber cursado estudios de teatro o de literatura creativa. En 2014 escribe y dirige su primera obra, Tómbola, que luego fue publicada en la revista Tramoya. En 2015, escribe y dirige Pareidolias, premiada en el XXIV Festival de Teatro Universitario de la Universidad Veracruzana. En 2016 lleva a escena Boomerang, y también es seleccionado por la Coordinación Nacional de Teatro del INBA para dirigir la obra Luneta, de Lucila Castillo, dentro del Programa de Teatro Escolar 2016-2017 en Veracruz. En 2017, presenta su obra Flores para días nublados, con alumnos del Colegio Preparatorio de Xalapa, que resulta ganadora en el Certamen de Teatro de la Dirección General de Bachillerato. También en 2017 escribe y dirige Paso de gato y otros rincones, proyecto con el que la Universidad Veracruzana celebra el 50° aniversario del Festival de Teatro Universitario. Actualmente es Coordinador Interno de la Casa del Lago de la Universidad Veracruzana.

 

Maliyel Beverido: ¿Para ti qué es el Día Mundial del Teatro?

Arturo Sandoval León: La ocasión en la cual las personas que estamos en el ejercicio teatral podemos hacer alguna aportación para que se valore el teatro.

 

MB: Eres dramaturgo y director, pero de formación autodidacta, es decir no estudiaste para eso, ¿cómo te iniciaste?

ASL: Desde pequeño tuve interés por la actuación, con eso empecé. Hubo un programa para escuelas primarias, que hacía el entonces Canal 4 más [ahora Radiotelevisión de Veracruz], donde nos dieron unos talleres. Eso no muchos lo saben, pero yo salía actuando de niño en la tele. Después de eso mi papá compró una cámara de video y me la dejó. Yo recuerdo mi infancia con esa cámara. Hacía yo como sketches con mis vecinos y mis primos. Los ponía a actuar… ¡desde entonces ya andaba yo dirigiendo! Sin querer, y sin estar consciente.

Entonces era un juego. Después, la verdad en algún momento cruzó por mi mente estudiar teatro, pero creo que yo mismo me puse el pie, no vino alguien a decirme “oye, pero entonces de qué vas a vivir”, yo mismo me lo dije. No había tenido un acercamiento real con el teatro, y eso hizo que tuviera ese prejuicio. Entonces me incliné por la sicología. Pero siempre hubo algo que me ligaba al personaje.

 

MB: ¿Al personaje o a la creación de personajes?

ASL: Pues yo creo que al personaje en general, a identificar a los que ya están creados. Cuando estaba yo estudiando psicología empecé a escribir, también como juego, sin estructura, así, a lo que me daba. Me propuse escribir un guion de cine, una historia que yo tenía en la mente, cuando terminé era una cosa sin estructura. Entonces empecé a comprar libros, a leer, a bajar guiones de internet, comparaba otros con el mío y le fui dando forma.

Me interesé entonces en estudiar cine. Trabajaba en Recursos Humanos y el que era mi jefe me dijo “Oye, te voy a poner en contacto con el Jefe del Departamento de Cinematografía de aquí”. Me contacta, me hace una cita, platicamos -era Lorenzo Arduengo-, y con mucho entusiasmo me dice “Mira, nosotros tenemos un vínculo con una institución en San Antonio de los Baños, en Cuba. Yo tengo que gestionar que se vaya gente para allá y tú eres un candidato, entonces si quieres vamos viendo eso”. ¡Y al poco tiempo que se muere!

Luego que me mandan a trabajar acá, a Casa del Lago, hace casi diez años, y ahí es donde yo empiezo a tener contacto con el teatro, no sólo como público, sino que empiezo a conocer todo lo que está atrás: desde que llegan los tramoyas a montar la escenografía, la disposición de las luces, las consolas, los ensayos, todo. Y también, por el mismo trabajo, convivo entonces con el gremio. Me acerqué a gente de la talla de Alberto Lomnitz, Boris Shoemann, Martín Zapata, Paco Beverido, Carlos Converso. Quien realmente me aplastó el botón fue Austin Morgan [que era entonces Director de la Casa del Lago UV y actualmente trabaja en la Coordinación Nacional de Teatro del INBA], él me dijo “Oye, por qué no mejor intentas con teatro”.

MB: ¿Hubo algo más que te haya jalado al teatro, además de la convivencia?

ASL: El cine nunca se dejó tocar, y el teatro ahí sentí que lo podía palpar, y eso me emocionó. Escribí un par de textos que se fueron al cajón. El tercero fue Tómbola, y quienes lo leyeron dijeron “Hay que montarla”. Una era mi colega Rosa Eglantina González [ahora directora del Teatro Ignacio de la Llave, de Xalapa], y la otra, también egresada de la Facultad de Teatro, estaba haciendo aquí su servicio social, Estefanía Ahumada [Premio Nacional de Joven Dramaturgia 2017].

 

MB: Y te fue muy bien con Tómbola. ¿En ese momento te arrepentiste de no haber estudiado teatro? ¿O en algún momento te has arrepentido de no haberlo hecho?

ASL: Ehh, en ese momento no, pero últimamente sí, porque al principio no me importaba nada más que hacerlo y ya, pero ahora que ya hay un poco de camino se da uno cuenta de que también la formación hace falta para las cuestiones burocráticas… Y porque, definitivamente, las herramientas de la academia te ahorran algunas vueltas en el camino.

 

MB: Escribiste una obra sobre y para los técnicos de la escena, es decir los pones a representar una historia que habla de ellos, ¿qué te movió a hacerlo?

ASL: Ellos, los técnicos. De ellos salió. Un día cuando me iba a presentar en el Festival de Teatro Universitario me dijeron “Oye Arturito, fíjate que desde hace años tenemos la intención de hacer una obra, pero no nos hacen caso, le dijimos a fulano y a sutano y pues nada, entonces estábamos platicándolo aquí y dijimos Arturito sí se avienta con el texto, ¿va?”. Cuando me fui me empezó a caer el veinte y me dije oye, pues esto es una gran idea, tengo que hacerlo. Que lo ejecuten personas que están alrededor del ejercicio, pero sin tener formación actoral, y que lo escriba una persona en la misma condición…

 

MB: Los técnicos son gente de teatro y a veces están marginados por la misma gente de teatro ¿tú te identificaste con esa marginación?

ASL: Sí, ése fue uno de mis motivos. Honestamente, a mí me costó mucho trabajo que me abrieran espacio en el gremio. Son muy celosos los teatristas. Algunos me señalaban por no tener la formación, la academia. Ahora se convirtió en una característica favorable, me identifican por eso.

 

MB: Esta obra de la que hablamos, Paso de gato y otros rincones, entusiasmó a los ejecutantes, gustó al público, y creo que sorprendió a los teatristas, ¿fue un parteaguas?

ASL: Sí, si lo veo así, fue como una graduación. La obra fue invitada… bueno, nosotros la propusimos para celebrar el 50 Aniversario del Festival de Teatro Universitario. Ese marco era muy importante porque reunía a la comunidad teatral, y ahí yo sentí que sí se aceptó mi trabajo.

 

MB: Y ahora, a partir de eso, ¿qué esperas de ti mismo en los próximos cinco años?

ASL: En los próximos cinco años… pues, ¡mínimo un premio nacional! Y también ir a la Muestra Nacional ¿no? Eso es lo que sigue.

 

MB: Hasta ahora tú has dirigido tus obras ¿cómo ves la posibilidad de que otro director tome una obra tuya?

ASL: Para mí sería padrísimo [lanza un profundo suspiro de alivio]. La dirección es bonita, pero muy cansada en muchos sentidos; desvelos, cansancio físico y también emocional, porque se conecta uno con los personajes y con los actores. Además, al menos por aquí, el director no nada más es artístico, también se vuelve gestor, productor, y tiene que resolver mucho. Entonces, el que alguien se ocupe de eso sería fabuloso pues yo me dedicaría nada más a escribir. Pero quisiera volver a la primera pregunta que me hiciste.

 

MB: ¿Acerca de qué significa para ti el Día Mundial del Teatro?

ASL: Sí, es que quiero añadir que es un magnífico pretexto para que el público conozca el ejercicio teatral. Creo incluso que es como nuestra obligación, porque si sólo nos celebramos a nosotros mismos nos quedamos cortos, nos quedamos debiendo. Deberíamos buscar otras fechas, otros momentos que sirvan para llegar al público, para crear público.

 

 

 

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