La irracionalidad del negocio minero en Zacatecas

La irracionalidad del negocio minero en Zacatecas

Qué hace posible que se tolere una invasión cuasi-colonial de industrias extractivas (mineras), que arrancan la riqueza natural, dejan un paisaje lunar, maltraten la forma cotidiana de vida de las comunidades de pobladores cercanas a las mineras, no dejan derrama económica significativa y amenazan el futuro sostenible de las próximas generaciones. Sendos estudios han mostrado que el discurso desarrollista de los gobiernos para justificar la apertura a este tipo de industria no tiene más que saldos negativos detrás de ellos. Proveen al capital trasnacional de materia prima, mineral metálico y no metálico, pero a cambio de eso, acaparan una cantidad enorme de territorio (son más de 2 mil 875 concesiones mineras), 7 de cada 10 trabajadores son subcontratados, lo que significa que están en seria desventaja laboral, y son fuente perenne de conflictos: san Martín en Sombrerete y El Coronel en Ojocaliente tuvieron problemas enormes por incumplimiento en derechos laborales; Peñasquito y Salaverna en Mazapil desplazaron localidades completas; y los diversos problemas por el depósito de residuos contaminados. En el pasado febrero, los comunitarios de Chalchihuites hicieron actos de protesta contra la First Majestic Silver Corp, porque su unidad Del Toro ha generado afectaciones a las viviendas de estos por la detonación de explosivos que se usan para la explotación. Si observamos el hilo de conflictos y afectaciones de las empresas mineras con los trabajadores y habitantes de las zonas de explotación, constatamos que la actitud de los gobiernos, tanto federal como estatal, no han estado del lado de los zacatecanos.
¿Cómo es que los gobiernos no actúan en consecuencia y siguen dando protección a los intereses de industrias que no son más que economías de enclave, que por serlo sacan la riqueza (en plazos alrededor de 15 años) y luego se irán a trabajar a otros lados del mundo dejando aquí miseria y abandono? Veamos la experiencia de Noria de Ángeles. El daño ecológico es brutal, es el ejemplo mismo de la insustantibilidad: la mega-minería consume 4 de cada 5 litros de agua destinados a la industria, el uso de cianuro para los métodos de lixiviación y la movilización de 4 toneladas de roca para obtener un gramo de oro dejan una estela de muerte, etc. Con todos los datos aportados por estudios rigurosos sobre el tema, y un vistazo a la ley minera, emerge la pregunta que no encuentra fácil respuesta: ¿por qué no actúan las autoridades para detener un negocio que no es nuestro, sino a costa nuestra? La única explicación es la compra de las voluntades de las autoridades federales que garantizan los intereses de estas empresas que no benefician a nadie más. Recordemos que en Zacatecas se propuso un impuesto así llamado ecológico, y fueron las autoridades federales las que litigaron contra los intereses de los zacatecanos. Por eso, es racional la petición de los colonos de Chachihuites de solicitar que mejor se retiren esas empresas del estado. Cualquier criterio con mínima racionalidad pública apoya esa solicitud.

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