Dos cuentos

Dos cuentos

La Gualdra 332 / Río de palabras

 

 

Un poco de humo

El dueño de la casa les grita a los bomberos que se apuren. Parece que se le está escapando el alma.

A pocos metros, los vecinos observan el desastre. El fuego controlado permite a los bomberos ver las entrañas: varias pacas marihuana. Los vecinos abuchean a los bomberos y el fuego, atizado por el viento, crece. Avanza sobre los paquetes de hierba. Ellos tratan de apagarlo hasta con sus lágrimas.

El dueño de la casa les pide a sus vecinos que se marchen porque pronto llegará la policía y comenzarán las indagatorias. Ellos, felices, le arrojan dinero para seguir respirando el humo.

 

 

El testaferro

En realidad ese changuito era también su testaferro.

Era tanta la bonanza de Fernando, un capo de capos, que sus propiedades y cuentas bancarias aparecían a nombre de terceros. La gente lo tenía como un joven empresario en ascenso, y lo creían digno de ser un representante político. Él, por su parte, aprovechaba la situación, aceptando cualquier compadrazgo.

El nombre y huella del chango funcionaban en una notaría, ante la complacencia de un abogado, que tenía cara de orangután.

 

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