Nunca fuimos contemporáneos. Curaduría pedagógica

Nunca fuimos contemporáneos. Curaduría pedagógica
Proyecto Colección Vecinal, de Gonzalo Pedraza. Realizado junto al programa Artistas en disponibilidad, 7ma. Bienal del Mercosur, Caxias do Sul, 2009. Foto de Gonzalo Pedraza

La Gualdra 331 / Arte / XIII Bienal FEMSA

 

 

“Poner personas en contacto con personas es tal vez

la acción más poderosa que el arte puede generar”.[1]

Mônica Hoff

 

 

Curaduría pedagógica

Esta semana se encuentra de visita la artista, curadora e investigadora Mônica Hoff (Porto Alegre, 1979) en Zacatecas para participar en las actividades del programa pedagógico de Nunca fuimos contemporáneos. Impartirá una charla y un taller en El Santero alrededor de las pedagogías artísticas y la curaduría pedagógica.

Hoff coordinó el departamento de educación y programas públicos de la Bienal do Mercosul, en Porto Alegre, Brasil entre 2006 y 2014, y desde ahí contribuyó a un proyecto excepcional de bienal profundamente preocupada por un programa educativo que ha aportado coordenadas importantes para las rutas de las políticas pedagógicas de este tipo de exposiciones alrededor del mundo.[2]

El proyecto pedagógico desarrollado para la Bienal do Mercosul tendió a hacer más complejas las relaciones entre producción artística, exposición y mediación al adquirir autonomía respecto a los marcos expositivos.

Visita al Museo Pedro Coronel, marzo 2018

Visita al Museo Pedro Coronel, marzo 2018

Usualmente entendemos la función de los programas o departamentos pedagógicos de los museos o exposiciones como coadyuvantes en el entendimiento de la obra artística, es decir, como servicios completamente dependientes de los objetos expuestos. También tendemos a asumir esto como una relación unidireccional en la cual la institución artística transmite ciertos contenidos relacionados con el planteamiento curatorial, las temáticas y los objetos expuestos. Para la 8a Bienal do Mercosul, Ensaios de Geopoética (2011), el artista mexicano Pablo Helguera, planteó el término transpedagogía como un núcleo de trabajo del arte que, en contraste con la disciplina de la educación artística, no se enfoca en la interpretación del objeto artístico o de las herramientas de producción artística, sino como un espacio autónomo propio que, en muchas ocasiones, se sitúa fuera de los marcos expositivos, académicos e institucionales del arte. Es decir, se trata de prácticas que proponen un nuevo pensamiento de la educación a través del arte. El énfasis en éstas como prácticas alude a repensar en la educación a partir del arte no sólo en su carácter simbólico o teórico, sino desde la acción.[3]

Ejercicio de Curaduría en El Santero, marzo 2018

En ese sentido, Hoff plantea que cuando las metodologías artísticas se vuelven pedagogías, educación y arte son aspectos de una misma cosa que condensa poética, política y pedagogía no como enunciados, sino como un tiempo de trabajo en el cual no hay distinción entre ambos.[4]

El proyecto desarrollado a lo largo de distintas ediciones de la Bienal do Mercosul, junto a diversos agentes entre los que participaron Luis Camnitzer, Marina de Caro y Helguera como curadores pedagógicos, apostó por pensar en el proyecto como un tiempo regido por una multiplicidad de agentes y de voces descentralizadas fuera de los espacios y temporalidades dictadas por el programa expositivo, y externas al marco de la Bienal y el control de curadores, artistas y educadores, quienes suelen ser los que dictan los contenidos de estos programas en muchos museos y eventos de arte similares alrededor del mundo. Estos programas suelen estar supeditados a los marcos expositivos a partir de materiales educativos, formación de mediadores y profesores y visitas guiadas.

Laboratorio de mediación impartido por el artista brasileño Jorge Mena Barreto, 9na Bienal del Mercosur, Porto Alegre, 2013. Foto de IndiceFoto

Laboratorio de mediación impartido por el artista brasileño Jorge Mena Barreto, 9na Bienal del Mercosur, Porto Alegre, 2013. Foto de IndiceFoto

En los cambios implementados por un equipo amplio y diverso a lo largo de cuatro ediciones, dicho programa pedagógico tuvo el tamaño de la Bienal do Mercosul, pero con una mayor duración. Se transformó en una red de formación que incluía no solamente a la institución, artistas, curadores y público, sino también a la comunidad de Porto Alegre en un modelo conformado por el programa público, que incluía simposios, conversaciones, charlas de café y citas; residencias; publicaciones y proyectos de artistas. En ese sentido, el programa educativo por un lado, pasó de sólo servir al proyecto expositivo para adquirir autonomía y un peso equiparable al de éste y, por otro, si dentro de los modelos educativos tradicionales el arte tiene un carácter complementario, aquí los proyectos con artistas operaron dentro del proyecto expositivo, pero también como metodologías educativas con un valor propio que no sólo funge como un servicio para la gran exposición.[5]

Mônica Hoff en El Santero, marzo 2018.

Mônica Hoff en El Santero, marzo 2018.

En este sentido, si la lógica de los programas educativos en eventos de este tipo suelen estar relacionada directamente con las exposiciones, a las cuales el público participante asiste a construir conocimiento a partir de los objetos expuestos, el giro en la bienal se basó en que los programas públicos fueran coordinados por los mediadores y no por los curadores o los artistas; los programas se ampliaron para incluir saberes no vinculados con las artes visuales y se comenzaron a implementar programas dentro de los cuales los talleres no eran impartidos por artistas, educadores o —en la lógica del arte conocido como práctica social— por artistas o curadores que trabajan con sectores sociales vulnerables, sino directamente por gente en situación de calle, vecinos, campesinos o especialistas de otras áreas; se llevaron las sesiones a contextos públicos en vez de conservarlas en auditorios o foros educativos dedicados para ello por la institución de la Bienal; se comenzaron a desarrollar talleres para curadores, educadores, artistas y público en general sin establecer distinciones jerárquicas entre éstos y se llevaron los proyectos de residencias a espacios y agentes externos al sistema del arte, en donde se produce otro tipo de conocimiento que no forzosamente está relacionado con las artes visuales.

La aproximación que estos programas públicos desarrolló está más vinculada con el sentido freiriano de la educación, en donde se atiende a las condiciones materiales de existencia y a las epistemologías como potencia y lugar desde el cual se produce conocimiento. En esta exploración se asume una igualdad de inteligencias que parte de que todos los participantes tienen algo que aprender y todos tienen algo que enseñar. Así, se desarrollan talleres impartidos por niños, por pescadores, agricultores, integrantes de comunidades originarias, astrónomos, etc., quienes comparten su concepción del mundo así como las herramientas con las cuales se relacionan con él.

En este sentido, por ejemplo, el simposio internacional organizado en el marco de la 9a bienal fue organizado por gente de la comunidad de Porto Alegre en vez de por curadores o artistas, y ocurrió en distintos espacios de la ciudad y no en un auditorios destinados para ello.[6]

Andanzas Nocturnas, proyecto realizado por los mediadores de la 8va Bienal del Mercosur, Porto Alegre, 2011. Foto de Maroni Klein

Andanzas Nocturnas, proyecto realizado por los mediadores de la 8va Bienal del Mercosur, Porto Alegre, 2011. Foto de Maroni Klein

Este tipo de intervenciones buscan restarle el carácter de insularidad a la institución expositiva de la bienal. La autonomía que el programa pedagógico adquiere dentro de este contexto establece las condiciones para pensar en un programa educativo que tiene lugar en paralelo y rebasa temporalmente los marcos expositivos utilizando las metodologías del arte como pedagogías instituyentes que no dependen de estos marcos y que no son instrumentadas por la bienal, sino por la comunidad en la cual ésta ocurre.

De este modo, la relación con el arte no se limita a la intervención del objeto artístico ni a la exposición, sino también a otras experiencias que no dependen de esos marcos. La bienal no es sólo una muestra, sino también una escuela de curricula abierta y de carácter público dirigida por la propia comunidad de la ciudad.

 

Durante su visita a Zacatecas, Mônica Hoff imparte un taller intensivo donde discute junto con los asistentes acerca del potencial de la mediación en las bienales y los museos, la práctica de la pedagogía curatorial, así como las actividades teórico-prácticas de mediación para preguntar en qué medida el mediador se diferencia del artista, del curador, del educador y del gestor cultural y cómo hacer de la mediación una práctica creativa y de investigación. Esta sesión marcará la pauta del segundo módulo del programa pedagógico, Pedagogías experimentales, en el que se invitará a diversos agentes para compartir sus experiencias y proyectos relacionados al arte y a la curaduría como herramienta de exploración pedagógica.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-331

[1]    Mônica Hoff, “Curaduría pedagógica, metodologías artísticas, formación y permanencia: el giro educativo de la Bienal del Mercosur”, en Errata 4 (Abril 2011), 52.

[2]     Luis Camnitzer, “Arte y educación: ¿quién le pinta el cascabel al gato?”, en Errata 4 (Abril 2011), 17.

[3]     Pablo Helguera, “Transpedagogia”, en Pedagogia no campo expandido, Pablo Helguera y Mônica Hoff (org.) (Porto Alegre: Fundação Bienal de Artes Visuais do Mercosul, 2011)

[4]     Mônica Hoff, Op. Cit., 52-53.

[5]     Mônica Hoff, “El arte donde (aparentemente) no está: la experiencia educativa de la Bienal del Mercosur”, conferencia en Décimas jornadas sobre fotografía (Centro de Fotografía de Montevideo, 3 de diciembre de 2014). Disponible en youtube.com/watch?v=gXycQvm9pfA

[6]     Idem.

Banner Home Videos 578 x 70

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70