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¡Mujer, mujer divina! (2a parte)

¡Mujer, mujer divina! (2a parte)

Hace una semana lanzamos este humilde homenaje a la MUJER en su día, en su semana y en su año, un homenaje a la condición femenina que debe ser permanente buscando junto con ellas el respeto que no se les ha dado a través de la historia, el reconocimiento por ser las transmisoras de la cultura y los valores de generación en generación, por su posición central dentro del universo que tiene como unidad la familia, hijos y conyugue orbitan alrededor de ellas. Son ellas en forma prominente quienes representan sin lugar a dudas el centro medular de la existencia humana.
El día de la MUJER se dio alrededor del mundo, con eventos como la huelga de brazos caídos que tuvo su epicentro en Madrid, pero también en toda España y en Argentina fundamentalmente, las manifestaciones de protesta en las calles de las ciudades del mundo – México incluido – con enérgicas protestas por la poca y pobre acción de gobiernos y estados en contra de la violencia de género, hasta los simbólicos homenajes como el que dio la cadena Mc Donalds invirtiendo su característico doble arco para que representara la W de women, hasta los homenajes a representantes del género femenino en las más diversas profesiones, así como las mil y una conferencias en diferentes foros sobre diferentes temas relacionados a la mujer.
Pero; a una semana de las celebraciones algo tan importante ha terminado en un silencio cómplice de lo que no debe, no puede ser olvidado, y por lo tanto al menos bien valdría la pena recordar que es lo que hace más de 100 años dio inicio a la celebración del día de la MUJER alrededor del mundo. Inicialmente fue un homenaje a las mujeres socialistas, a las cuestionadoras y contestatarias que en 1909 salieron a las calles a protestar por las inhumanas condiciones de trabajo dentro de una maquiladora en Nueva York donde laboraban más de 500 mujeres muchas de ellas menores de edad. Dicha manifestación sirvió de poco porque un año más tarde en 1910 un incendio cuyas causas nunca fueron aclaradas, arraso el edificio donde trabajaban en condiciones infrahumanas, sin salidas de emergencia – porque los dueños sentían que por ahí podrían robar mercancía – con pasillos bloqueados y sin medidas de seguridad. Lo que provocó la muerte más cruel de casi 150 mujeres muchas de ellas que brincaron al vacío para no sufrir la furia de las llamas.
La investigación posterior – como la realizada en Pasta de Conchos – eximio a los dueños de cualquier responsabilidad, y después de manifestaciones nacionales e incluso mundiales, 3 años más tarde el gobierno obligo a los dueños a dar 75 dólares por cada vida perdida dentro del incendio.
Las cosas no han cambiado mucho en el mundo pero estos hechos hicieron que se consolidara la conmemoración del día mundial de la mujer – en todo el mundo – como se hace actualmente, Se trata un día no solo para protestar, o para establecer foros de discusión, huelgas o marchas, sino para reflexionar sobre asuntos que les involucran – por su condición de mujer – y que por ende nos involucran a todos como es el caso de los femenicidios y claro traer a la memoria el asunto de las muertas de Juárez.
En cuanto al primer tema, el de los femenicidios, es decir lo que se define como quitar la vida solo por su condición de mujer, es un tema que de acuerdo a los expertos tiene que ver en mucho – aunque no exclusivamente – con el tema del machismo, un patrón cultural en el que hemos crecido muchos mexicanos si no es que la gran mayoría, y que debemos recordar que es impulsado incluso por una madre que sin querernos inculca entre sus descendientes esta cultura.
No olvido a mi propia madre exigiendo en forma muy dura a mis hermanas a que nos sirvieran – a los hermanos varones en la mesa, – como me hubiera gustado una respuesta del estilo “que se sirvan solos que para eso tienen manos” lo cual hubiera creado un enérgico regaño – y posiblemente algo mas – por parte de mi madre, mis hermanas lo hacían gustosas no por la orden sino por el cariño que nos tenían, pero esto es una muestra tangible de cómo se inculcan en nuestras sociedades la cultura machista.
Como consecuencia de este tipo de cultura muchos hombres ven a la mujer como algo inferior, algo que está ahí para servir, y claro no pueden tolerar que – como muchas veces sucede – sean más inteligentes, ganen más dinero, estén más preparadas o tengan más valores.
Es de ese rencor muchas veces inculcado por la propia madre que el hombre se siente con derecho a ejercer la violencia contra el sexo opuesto, sobre todo si dentro de su entender, ha sido despreciado o denostado por una mujer, y es entonces donde se da la agresión, que no necesariamente tiene que ser física, puede ser incluso psicológica o de muchas otras formas, y ahí comienza un esquema que puede terminar con el feminicidio.
Pero hay otro factor que es el que nos lleva a intentar entender a las muertas de Juárez – y seguramente de muchos otros sitios del mundo – y que de alguna forma pudiera estar relacionado con el acoso ahora impugnado desde el movimiento #metoo que nace en Hollywood y se extiende por el mundo entero. El hombre muchas veces entiende a la mujer como un objeto de satisfacción sexual, lo tiene innato dentro de su biología tiene que ver con la reproducción y la supervivencia de la raza humana, pero se transforma negativamente por patrones culturales y se convierte en acoso donde la línea que divide el natural filtreo ante alguien atractivo, en una relación de supeditación de quien es más fuerte- física social o económicamente – para lograr un objetivo. Este tipo de relación puede llevar a niveles extremos de personas desquiciadas que en una relación ya de por si patológica sienten un placer adicional al quitar la vida de aquella persona con la que se relacionan sexualmente, y esto explica en mucho la violencia en contra de la mujer que se da en lugares como Ciudad Juárez donde entran también factores que mucho tienen que ver con el comercio sexual.
Y mientras esto tiene que seguirse analizando en búsqueda de cambiar estos patrones de conducta, en el plano nacional nos encontramos con brutales asesinatos como el de la activista femenina María Luisa Ortiz Arenas cuyo cuerpo fue encontrado con signos de tortura y de agresión sexual hace apenas una semana en el estado de Guerrero, o en el entorno local el caso de Cinthia Nayhelli de solo 16 años de edad brutalmente asesinada en octubre del año pasado después de que se abusó de ella sexualmente, donde las autoridades no han podido encontrar nada – pero nos piden que confiemos en ellas – o para llegar al extremo de lo concebible cuando una niña de 7 años es atacada sexualmente al abrir la puerta de su casa por un sujeto de 35 años de edad, que se constituyen como 3 casos contundentes del problema que enfrentamos.

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