Kori, una de las primeras mujeres tatuadoras con un estudio profesional en Zacatecas

Kori, una de las primeras mujeres tatuadoras con un estudio profesional en Zacatecas

A pesar de que se tiene la idea de que el mundo del tatuaje es para personas de mente abierta, hay algunos hombres que aún mantienen arraigada la cultura del machismo, dice Ana Lizbeth, conocida como Kori, quien lleva poco más de tres años dedicándose a crear arte sobre la piel.

Ella es una de las primeras mujeres en Zacatecas en dedicarse al tatuaje y en poner un estudio profesional, enfrentando en un principio a su familia, a una sociedad y a un sector masculino que ha dominado en este rubro.

Incluso tiene más mujeres clientes que hombres, pues ellas confían en su trabajo sin cuestionarse el hecho de si puede hacerlo por ser mujer. Contrario a los hombres, ya que algunos directamente le preguntan si es capaz de hacer buenos tatuajes.

Aclara que aunque hace algunos años se tenía el tabú de que quienes se tatuaban eran delincuentes o personas que habían estado en la cárcel, muchas de sus clientas son profesionistas como doctoras, veterinarias, licenciadas o estudiantes.

Aunque este machismo no lo encontró en el joven que le regaló su primera máquina para tatuar, quien no mostró un comportamiento de este tipo; gracias a eso pudo desempeñarse en esta profesión.

Con esa inquietud, buscó aprender más por lo que consiguió un empleo en un estudio. Sin embargo, se encontró con actitudes machistas que no le agradaron. Una de ellas fue que le solicitaron que se fuera maquillada o con tacones a trabajar, además de pedirle que hiciera labores domésticas como trapear y barrer.

Posteriormente, le comenzó a pedir cierta cuota por trabajar y aprender, pero cuando la otra persona observó que ella atraía a más clientes empezó a pedirle un poco más de dinero, lo que terminó por fastidiarla y salirse del lugar.

Después llegó a otro lugar similar y aunque se le dieron oportunidades de aprender y trabajar, había actitudes machistas como el decirle “tú no mereces ser mi aprendiz” por el simple hecho de ser mujer. “Pero hubo una situación complicada que viví, que ya no me agradó”, dice y evita entrar en detalles.

Decidió emprender la aventura del tatuaje sola y empezó en un modesto local, en el municipio de Guadalupe. Ahí, comenzó con un pequeño sillón, en un local que aún le faltaban detalles como la pintura y una remodelación.

“Al inicio tenía entendido que era la primera mujer en poner un estudio de tatuajes. Supe que se encontraba una chava en el mismo municipio, y conozco a tres a la fecha. Poco a poco se ve que ha habido mujeres interesadas en el tatuaje”, dice.

En su negocio trabaja un joven tatuador y cuando llegan hombres a preguntar por los costos y diseños, siempre se dirigen a él, dice Kori, pero se sorprenden cuando se les dice que la propietaria del local es mujer.

Pasan dos cosas, entre hombres hay quienes desconfían de su trabajo, pero hay otros que le dicen que quieren que sea una mujer quien los tatúe, pues piensan que tienen más cuidado en los detalles.

Ella cuenta que desde pequeña tenía el gusto por el dibujo. Le gustaba dibujar desde la primaria. Siguió haciéndolo en la secundaria y en la preparatoria comenzó a llevar clases de dibujo y pintura. Confiesa que le gustaba hacer dibujos de mujeres, le atraía la silueta de una mujer.

Al inicio ella se hizo un par de tatuajes para probar en su piel si podía hacer un buen tatuaje. A la fecha, aunque tiene varios tatuajes, revela que por falta de tiempo ha dejado de pensar en hacerse uno más.

Recuerda que su primer tatuaje fue un Zelda que hizo a una pareja. A ambos les gustó su diseño y a la fecha siguen juntos y mantienen ese tatuaje de amor que les hizo la joven tatuadora.

Kori revela que su hija le ha confesado que quiere seguir sus pasos como tatuadora, algo de lo que ella se siente orgullosa, pues se ha convertido en un ejemplo para su hija al buscar sus sueños enfrentándose con valentía a muchas situaciones en una cultura machista.

Además, como ella, su hija también tiene el gusto del dibujo y es algo que disfruta hacer. Aunque su familia no está de acuerdo en que siga sus pasos. “Me dicen que cómo permito que conviva con personas tatuadas, pero pues si convive conmigo que tengo tatuajes. Además, es un mito pensar que las personas con tatuajes son delincuentes”, opina.

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