Siempre la luz

Siempre la luz

La Gualdra 330 / Artes visuales

 

Vibrante y hecha de silencios como la música, fuente espectral de texturas y sensaciones, la luz siempre me ha inquietado por lo que oculta recatadamente. Desentrañar esas zonas imperceptibles al ojo cotidiano, creando atmósferas que las enmarquen, ha sido mi pasión de años.

Cuando hago algún retrato, por ejemplo, nunca pienso en la psicología o el físico del modelo, sólo busco la luz natural del lugar. Y ha de ser la luz del norte —fría y directa—, cuya neutralidad me ayudará a rescatar una amplia gama de detalles tonales. Así, donde esté esa luz construiré mi escenario fotográfico. Suelo mover comedores, salas o adornos inútiles para ir preparando el “cuadro” que desee crear. Al modelo lo despinto, a veces hago que se bañe, lo despeino y visto con las ropas que yo elija de su armario; como otro elemento de mi composición, lo acomodo en la escena, decido su postura de pies a cabeza y, ante todo, dirijo su mirada. La imagen queda latente en el negativo y en mi intención.

Entonces llega el momento de intimar con la química. Hago mis propias soluciones para revelar la emulsión sensible de la película y, luego, del papel; y este debe ser cálido —como el portriga o el brovira de Agfa— porque registra los negros sobre negro y los detalles de textura en los blancos. Aunque es el resultado que espero al fotografiar con luz natural del norte, aún debo trabajar con minuciosidad en el laboratorio. Y nuevamente entra la luz: la que se deja guiar, desde mi ampliadora, la que puedo concertar y maquillar con mis manos o con algunos cartoncillos negros para suavizar o intensificar las tonalidades que busco. En tal empeño ocupo algún tiempo: hago las pruebas que sean necesarias para ir descubriendo, del negro al blanco, toda la gama de grises posible hasta lograr, al fin, la imagen definitiva.

Con ella, una vez seca, vuelvo a la luz del día: a mi estudio. Uso pincel y acuarela para cubrirle los puntos de polvo que siempre se filtran; una ligerísima capa de cera, que yo preparo, la protegerá del mundo táctil que le espera. Ya no me pertenece. Se mostrará sola, silenciosa y única, a la luz de otros ojos.

 

*El texto está tomado del libro: Susana Chaurand, Elogio a la luz / Praise of light, cemex, 2002.

La exposición Elogio a la luz, de Susana Chaurand, Retrato, naturaleza muerta y autorretrato (fotografía análoga). Se inaugura este 14 de marzo en la Casa Municipal de Cultura de Zacatecas. Permanencia: hasta el  11 de junio.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_330

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