Se deciden a ganar, ¿o no?

Se deciden a ganar, ¿o no?

Si unos niños deciden jugar al teléfono descompuesto, como juego infantil, digan lo que digan, no se generan mayores consecuencias que las de “ganar” o las de “perder”. Asunto que se resuelve, con volver a jugar, ¿y hacerlo con más ingenio o más fuerza? Por lo regular, para ellos ni eso último sería determinante, sino jugar hasta el aburrimiento y a otra cosa mariposa, porque se comparte siempre la posibilidad de volver a jugar.
Jugar al teléfono descompuesto sería una eventualidad infantil más para divertirse y poner a prueba el ingenio de los jugadores con resultados tan improbables, tanto para uno, como para otro, de manera que si se gana o se pierde, siempre se tiene la capacidad y garantía de poder iniciar de nuevo, más ahora, ¿en democracia y libertad?, cuando hasta se cuenta con algún teléfono celular para involucrarlo y divertirse con las capacidades y los juegos disponibles, más aquellos al alcance del propio ingenio, en ese momento.
Como sea, en tanto juego, por lo regular, los actores, jugadores, siempre pueden iniciar de nuevo, según las reglas a que ambos se sujetan, mientras cada uno echa mano de la capacidad o los márgenes que existan para corregir y hacer avanzar el juego, a su favor o para contrarrestar efectos negativos.
Cuando dos estadistas, a cual más, con graves o ligeras responsabilidades, estatales, nacionales, regionales y hasta mundiales, sin quererlo, se embarcan en un juego de teléfono descompuesto. ¿Qué será lo más difícil en una situación así? Para sus actores, se supone, lo relevante para su rango o por su rango, Presidentes, Gobernadores, etc., será seguir jugando porque la continuación del juego será parte de la solución de los problemas que tratan y cuya solución parte, cuando menos, de mantener el flujo de su administración. O sea, sin ganador, ni perdedor, para ambos lo importante es continuar el juego, sobre todo, si se trata de asuntos de largo plazo, como la migración y la compleja población migrante y tantos otros, aún pendientes.
Cuya complejidad, en la historia de la humanidad, ¿se quiere contener, desde la antigüedad, con muros? ¿Qué tan posible es eso, su construcción, mantenimiento y respeto? El muro de Berlín, aunque resistió la cultura, no fue tan operante y después de tanto gasto y vidas, hasta el rock lo hizo “estallar”. ¿Qué tanto sabe y aprecia Trump, la música rock, o Peña Nieto? La ópera rock, ¿de ambos? ¿Es tragedia y pantomima? La duda sería si su fragilidad cultural podrá resistir la bestial agresividad que de vez en vez, posee a Trump, sobre todo, en un año electoral como éste, que va más allá del muro y aquí, en México, algo muy serio está en juego: ensayarse en una alternancia que de darse, no podrá ser contenida con la agresividad, ni de Peña, ni de Trump y que, dadas ciertas condiciones culturales, el muro debería removerse en la mentalidad de ambos, para bien de la población en los dos lados de la frontera y eso quiere decir, mejor generar condiciones para ordenar el flujo migrante a ambos lados y contenerlo con una cultura democrática, que sea cada vez más democrática y cultural. ¿O entonces, de qué y para qué van a servir las elecciones? ¿Sólo para afianzar como ricos a los más ricos y crear condiciones para que lo sean más, mientras los pobres se amontonan por todos los márgenes, sin esperanza ni recursos, ni culturales, ni económicos, ni sociales para subsistir y recuperarse con consistencia cívica, cultural y política?
¿El muro de Berlín estará ahora en México y dónde está Pink Floyd para ayudar a romperlo? ¿Bastará nuestro rock en los antros o será puro reventón? Lo único cierto, Trump es una amenaza para el mundo y nuestros estados y gobiernos son endebles para contener su bestialidad, ante un liderazgo presidencial priista, que parece culturalmente débil y decadente. Por favor, si traen poemas perdidos en las alforjas, es momento de sacarlos, hasta para la izquierda por supuesto y no la de cartón y caciquillos, sino una que inspire esperanza y dé señas de su capacidad política y cultural para construir alternativas, creíbles, más allá de manosear la palabra: democráticas.
Las consecuencias derivadas bien pueden producir malestar o afectar el bienestar de las respectivas naciones, EEUA o México, en algún aspecto o de algún modo. Pero, incluso, una situación así, de juego de una complejidad, diversa, pero concreta, hasta se pudiera manipular por alguno de los jugadores, (¿o por varios de ellos?) para intentar resolver hasta problemas a los cuales ni se había pensado involucrarlos antes, sino hasta abrir en ese momento la coyuntura para ensayar a lograr algunas ventajas adicionales concretas pero que fueran significativas para la mayoría de los mexicanos, sin una distinción ideológica más allá que la de una democracia concreta y actuante contra el autoritarismo o los autoritarismos a contener. ¿Cómo contener o enfrentar la pobreza, con éxito, sin eso?
Aunque los hombres de negocios, no quieran, AMLO, VA y el problema para el triunfo no son ellos, por supuesto, sino que una falta de unidad puede llevar a la derrota. ■

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