La tilde en éste, ése y aquél (y sus plurales y femeninos)

La tilde en éste, ése y aquél (y sus plurales y femeninos)

La Gualdra 330 / Lenguaje / El Picaporte

 

 

 

Quizá para enfatizar la importancia de lo que quieren comunicar, algunos conocidos nuestros ponen equivocadamente tilde a las palabras “este”, “ese” y “aquel” (y a sus plurales y femeninos) cuando estos vocablos son adjetivos y no pronombres.

Recordemos que existen nueve partes de la oración: Artículo, Nombre o sustantivo, Adjetivo, Pronombre, Verbo, Adverbio, Conjunción, Preposición, Interjección. El adjetivo (ad iectus: lanzado junto a) es el que va “pegado” al nombre. El pronombre (pro nomen: en lugar del nombre) es el que sustituye al nombre para no estar mencionándolo a cada rato.

A partir de estas definiciones se entiende como una regla general que cuando hay nombre también hay adjetivo, y cuando no hay nombre sí hay pronombre. Ejemplos: “Esta torta es mía y ésta es tuya”. Cuando digo “Esta torta”, tengo juntos al adjetivo demostrativo y al nombre o sustantivo. Cuando agrego “y ésta”, se entiende que ya no tengo por qué mencionar al mismo sustantivo, y entonces entra en acción el pronombre. Al adjetivo no le pongo tilde porque no debe llevar: porque es una palabra grave terminada en vocal. Pero al pronombre sí le ponga una tilde en la “e” por la elemental razón de que no quiero que llegue a confundirse con un adjetivo.

Por eso es incorrecto escribir: “Ven por éste regalo”. Lo correcto es no poner tilde. Es incorrecto: “Pásame ése papel”. Si el otro replica ¿Cuál?, en lo siguiente puede entrar el pronombre: “Ése. Si fuera alacrán ya te hubiera picado”.

Agreguemos que, al menos en el español que hablamos en México, los pronombres pueden ser utilizados con un dejo despectivo: A ésa (que es título de por lo menos tres canciones), Ya te vas con aquéllos, ¿Ahora qué trae éste?, Deja que se aparezca aquél, Vamos al bar con aquéllas… Por ser pronombres, todas estas palabras han llevado tilde y no por razones de pronunciación de acento, sino para diferenciarlas de adjetivos.

Recientemente la Real Academia de la Lengua Española “recomendó” que ya ninguna de estas palabras, adjetivos o pronombres, lleve tilde. Parece que cedió a la exigencia de muchos que “se la complicaban” con entender la diferencia y les dijo algo así como: “Bueno: que al cabo son pocos los casos en que estas palabras podrían confundirse”. Por ejemplo: “¿Por qué andan comprando aquellos libros tan usados?” tiene un adjetivo demostrativo y parece una frase dirigida a un “ustedes”. Pero si pongo una tilde, “aquellos” deja de referirse a los libros para hablar de unos sujetos: “¿Por qué andan comprando aquéllos libros tan usados?”. La pausa y el tono que utilice en lo oral evitará confusión, pero en lo escrito el riesgo es mayor.

Muchos hablantes del español, que aprendimos de las horas en aulas y de las gramáticas viejas a venerar nuestra lengua, continuamos resistiéndonos a esta simplificación que parece anarquía para complacer a quienes parecen llevar como lema: “Yo no estoy para aprender reglas. Como quiera entiendes lo que quise escribir”. En ese “como quiera” podemos estar encerrando nuestro próximo daño a la comunicación efectiva.

 

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