Nunca fuimos contemporáneos. Programa pedagógico. El devenir moderno de lo contemporáneo

Nunca fuimos contemporáneos. Programa pedagógico. El devenir moderno de lo contemporáneo
Sala de la colección de arte africano en el Museo Pedro Coronel

La Gualdra 329  / XIII Bienal FEMSA

 

 

Cualquier persona con cierto interés en cuestiones artísticas que visite Zacatecas, puede quedar sorprendida al descubrir los acervos resguardados en los museos de la ciudad. La realidad es que pocas ciudades en el país concentran la variedad y calidad de colecciones que se encuentran en exhibición permanente en los distintos museos que forman parte del Instituto Zacatecano de Cultura. En estos acervos se puede encontrar arte moderno y antiguo, artes populares, arte clásico e indígena del continente Americano, pero también de Europa y África así como obras en distintos formatos como pintura, escultura, fotografía, textiles u obra gráfica. Las colecciones de los museos de la ciudad de Zacatecas constituyen un importantísimo capital cultural que puede ser aprovechado de múltiples maneras. Con esto no sólo me refiero a su participación dentro de ciertas industrias de servicios, como el turismo, sino también en su capacidad para generar conocimiento y distintas perspectivas de cómo ver el mundo.

Y es que aunque en ocasiones las piezas expuestas en una exhibición permanente de un museo parezcan inertes y petrificadas, la realidad es que cualquier objeto posee una vitalidad particular que lo inclina a ser entendido de múltiples maneras, en ocasiones por sí solo o, en otras, a través de su yuxtaposición con varias piezas. Explotar el objeto hacia múltiples significados y relaciones es tarea de una curaduría y montaje crítico que lucha por zafar a una pieza particular de la camisa de fuerza que le otorga sólo un entendimiento determinado.

El primer módulo del programa pedagógico de la XIII Bienal FEMSA Nunca fuimos contemporáneos, titulado “Los museos después de la bienalización. El devenir moderno de lo contemporáneo”, busca justo esto: ofrecer un panorama histórico del museo y sus exposiciones para entender su funcionamiento actual y explorar distintas alternativas que vayan en contra de su stasis con el fin de multiplicar las perspectivas y lecturas que puedan ofrecer a través de sus colecciones. Tal maniobra busca la expansión del conocimiento a través de objetos que pareciera que “ya han dicho todo lo que pueden decir”; objetos en colecciones permanentes que se han visto de la misma manera durante años o, inclusive, décadas. La formulación de nuevas ideas y relaciones a través de estas piezas no hará otra cosa que subrayar el mandato de saber que es razón de ser de prácticamente cualquier institución museística.

Más que presentar metodologías institucionales de análisis y trabajo para el desarrollo de articulaciones o montajes, el programa pedagógico tocará casos de estudio históricos donde el quehacer de exposiciones cumple estas funciones críticas. Es difícil hablar de una, dos o tres metodologías correctas o adecuadas ya que la curaduría y el montaje cuentan con cierta plasticidad que les permite escapar a las limitantes de “los pasos a seguir”, “la opción correcta” o “la manera adecuada de hacer las cosas”. Actualmente proliferan los programas de estudio que buscan ejercer estas limitaciones en el campo de la curaduría que conllevan cierto riesgo de homogeneizar el entendimiento de una práctica que constantemente se auxilia de la creatividad y la imaginación informada. En oposición a estas tendencias institucionales, el programa de la XIII Bienal FEMSA apuesta a la experimentación y a modelos flexibles, reflexionados a través de casos históricos y teniendo en mente las condiciones del presente.

Para muchos la historia puede representar un asunto un tanto tedioso. Esta desafortunada percepción no invita, en muchos casos, a la reflexión del pasado que, como se sabe, mucho ayuda para entender las condiciones del presente y se presta para establecer vínculos temporales no cronológicos. Lo segundo quizá suene algo críptico pero básicamente lo que quiere decir es que una situación del pasado puede encontrar resonancia en el presente y, si es así, es posible extrapolarla, actualizarla, traerla al día de hoy y ver los resultados que pueda tener. Quizá esto se pueda ilustrar a través de un ejemplo:

Los acervos de muchos museos zacatecanos están conformados por lo que fueron las colecciones particulares de varios destacados artistas locales. Por esta razón los museos llevan su nombre: Pedro y Rafael Coronel, Manuel Felguérez. El coleccionismo practicado por estos artistas es muy distinto a algunas de las ideas y comportamientos contemporáneos alrededor de la práctica del coleccionismo como una forma de inversión un tanto prosaica. En el caso de los hermanos Coronel y Felguérez, sus colecciones no pueden ser vistas como esto, los objetos más bien parecen responder a otra lógica. Esto es muy evidente en el caso de Pedro Coronel y el universo material de su colección que comprende máscaras africanas, estampas japonesas, escultura clásica griega, piezas de arte precolombino y obra gráfica de artistas que incluye figuras como Francisco Goya, Joan Miró y Julio Le Parc, sólo por mencionar algunos. La lógica del museo moderno demandó por mucho tiempo que las piezas en exhibición se dispusieran, a simple vista y de manera aparente, de forma coherente. Por decir algo, que toda la obra gráfica se encontrara reunida en una sala, en otra el material cultural proveniente de Africa y en otra el arte prehispánico. Esto reflejaba las tendencias hacia la especialización a manera de compartimentos que es tan típica del pensamiento moderno. El arreglo del acervo del museo Pedro Coronel parece, en gran medida, seguir esta lógica.

No obstante, esta colección de objetos podría ser entendida de más y distintas formas y en particular en relación al trabajo de Pedro Coronel. En su producción, por ejemplo, pareciera que varios de estos objetos artísticos se asoman de vez en cuando. Es decir, estos objetos que coleccionó sin duda impactaron su trabajo y esto es algo muy evidente si se observan algunas piezas de su colección frente algunas de sus pinturas o esculturas. Coronel amasó con los años una colección que se puede calificar como ecléctica, en la que sobresale su gusto por la gráfica y el arte antiguo y original de América, África, Asia y Europa. Su coleccionismo, en apariencia poco sistemático, se puede relacionar con un modelo histórico, quizá uno de los más tempranos, que sirvió para la articulación de conocimiento y la sistematización en el estudio del mundo material: los gabinetes de curiosidades o cámaras de maravillas propios del renacimiento temprano en Europa. En este modelo, un individuo coleccionaba una serie de objetos aparentemente sin conexiones (minerales, objetos naturales, obras de arte, utensilios de distintas culturas, y hasta algunas piezas inclasificables o “maravillosas”) con el fin de contraponerlos o yuxtaponerlos. A partir de este juego de relaciones se encontraban o entablaban nexos inesperados entre ellos.

Teniendo en mente lo anterior se podría pensar el acervo del Museo Pedro Coronel como un enorme gabinete de curiosidades que se puede prestar, por ejemplo, a un juego de relaciones con la propia obra del artista. Se podría reparar para este ejercicio, por ejemplo, en su estupenda pintura La Lucha (1958), resguardada en otro museo de la ciudad, el Museo Francisco Goitia. Revisando el universo material de Coronel es posible ver en esta pintura ciertas soluciones de las máscaras africanas y sobretodo de algunas esculturas de cráneos del arte prehispánico. En su temática, La Lucha resuena con las series gráficas Los desastres de la guerra de Goya o La infancia de Ubu de Joan Miró. En otros aspectos de su solución plástica, la pintura de Coronel se puede relacionar con los personajes presentes en una obra gráfica de Victor Brauner y, en lo que respecta a su color, con las piezas de Le Parc. De esta forma, piezas del acervo del museo que a simple vista parecen no guardar ninguna relación pueden ponerse en diálogo a través de una pintura de Coronel. Máscaras africanas y arte precolombino pueden ser ubicados en el mismo plano que el trabajo de Brauner o Miró. También, como se puede observar en este caso, este tipo de maniobra puede entablar conexiones con acervos de otras instituciones.

Este tipo de ejercicios son los que se contemplan para el primer módulo del programa pedagógico de la XIII Bienal FEMSA, en los que se exploran nuevas relaciones entre los objetos que comprenden una colección y que, inclusive, puedan entablar nexos con otros acervos, más allá de su propio recinto. Este objetivo resuena con las intenciones de las intervenciones museológicas del programa de Nunca fuimos contemporáneos, que buscan entablar relaciones entre las distintas intervenciones o exhibiciones que se presentarán, al mismo tiempo, en los distintos museos de la ciudad de Zacatecas en octubre de este año.

Museo Arte Abstracto Manuel Felguérez, vista del patio central, cortesía del MAAMF

Pedro Coronel. La Lucha. Óleo sobre tela. 1958. Secretaría de Cultura-INBA-Museo Francisco Goitia

 

Sala 1 MAAMF.

Sala del Museo Pedro Coronel

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-329

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