Novelar a Villaurrutia: Palou

Novelar a Villaurrutia: Palou

La Gualdra 329  / Libros / Op. Cit.

 

 

Lo entendieron bien Los Contemporáneos. Para escribir una gran literatura, recuérdese a Eliot, es menester el conocimiento de la tradición y el talento individual. La hipérbole de la sensibilidad de cada quien.

En la distancia, acercarse al grupo literario parece traer consigo una condición sine qua non, la ponderación de sus individualidades más personales y humanas, espacio donde la libertad del género novelístico ajusta de buena manera. Algo que hace Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966) en En la alcoba de un mundo.

Una novela —no un ensayo— sobre Villaurrutia. Y no porque acercamientos especializados sobre el autodenominado no grupo haya pocos. Ni porque desde su condición de gran estudioso de la literatura el autor no esté en condiciones de hacerlo. (Ahora Palou enseña literatura de tiempo completo en Tufts University, donde es jefe del departamento de Lenguas Romances).

Justo por lo contrario —al tiempo que la lectura y ubicación panorámica de los hacedores de la revista Ulises está hecha y su obra divulgada— era menester indagar un poco más en los rincones anteriores a las frutos creativos de un Villaurrutia (1903-1950) frente al espejo, y en la habitación oscura que habitó a lo largo de su existencia.

Hacerlo, incluso más, desde el entendimiento que sobre la novela debe tener el mismo Palou, así demostrado en este nuevo título, no sé bien por tantos qué número de su conjunto en el género, tan diverso en temas y estructuras. En esta nueva novela del —ironías de nuestra república letrada— Premio Xavier Villaurrutia 2003, arribamos al estado de ánimo del personaje, premisa de la escritura de una obra poblada de elementos como la soledad, el viaje, la nostalgia, el desamor y el ejercicio libre de su sexualidad.

Elementos de difícil explicación que, aunque no preocupación para el novelista en tanto antecedentes de un comportamiento y una obra, se despliegan con gran transparencia ante el lector. El que avanza no sólo por las estaciones más accidentadas de la vida de Villaurrutia sino por su mismo temperamento. Buena ingeniería novelística de Palou que se materializa en las distintas voces narrativas incluidas en En la alcoba de un mundo. Una, podríamos resumir en una frase, verosímil mentira de papel.

Conocedor de la novela histórica, Palou recorre además en esta nueva entrega los años que abrazaron a Los Contemporáneos (los Gorostiza, Cuesta, Owen, Barreda, Nandino, Ramos, González Rojo, Torres Bodet, Ortiz de Montellano, como también el pintor Agustín Lazo, compañía de muchos años en la vida de Villaurrutia). Su génesis y desarrollo hasta desembocar en la anunciada muerte del personaje novelado (Donde voy no hay aduanas, ni policía, ni amigos: un vacío interminable, quizá. Y luego nada).

Con una cuidada prosa, ya en las primeras páginas, Palou perfila al colectivo literario y su integrante de excepción:

“El tema de la huida, del retorno, del naufragio. El hijo pródigo, en lo que tiene de matafórico es el tema nuestro: desarraigo, ausencia de tradición, rechazo. Se nos acusa de antinacionalistas por lo que nosotros creemos que es nuestra mayor virtud y nuestra mayor contribución al país; dotarlo de una cultura, de un trabajo, de una pasión. Modernizar su literatura…”.

 

Nuevos tiempos

No todo fue pintura mural en el México postrevolucionario. El fascismo avanzaba en el mundo y en nuestro país el presidente Lázaro Cárdenas daba un nuevo impulso a los cambios. A la temprana muerte del bardo zacatecano Ramón López Velarde (…nos inspiraba una gran admiración. Lo fuimos a visitar a sus clases y él, con su eterno jacquet, interrumpía para saludarnos, leer nuestros textos y comentarnos algunas cosas. No llegamos a ser amigos, no sé si por la timidez del poeta o por nuestra incapacidad de adolescentes) le seguirían Los Contemporáneos.

(Los que “escucharon a los mensajes universales para incorporarlos a la literatura mexicana. Leyeron a franceses como Paul Valéry y André Gide, a estadounidenses como Walt Whitman y Carl Sandburg, pero no descuidaron a los clásicos españoles. El resultado fue un retorno a las formas clásicas, enriquecido por las innovaciones de los movimientos de vanguardia que, surgidos en diversas partes del mundo, revolucionaban la forma de interpretarlo”, explica Vicente Quirarte en Introducción a la cultura artística de México).

Entre ellos —cursis, amanerados, elitistas, dandis, modernos, extranjerizantes, pero nacionalistas, populacheros, varoniles, democráticos y contradictorios—, un Xavier Villaurrutia que el novelista nos acerca para acompañarlo en su destino.

¿Quién fue Xavier Villaurrutia?

“Quién sabe, dirán con sus lenguas mustias —leemos—. Nadie ni nada me recordará nuevamente. ¿Y tus textos?, me podrás decir […]. Mis textos no son nada en los siglos de la lengua española. También, aunque más lejos quizá, serán condenados al olvido. Ya no seré nada, porque además no tengo nada. Nada sino estas manos que me permiten escribir que no tengo nada”.

 

Principio y fin de Villaurrutia

Principio. Su arribo a Nueva York, al lado del dramaturgo Usigli, donde Villaurrutia descubrirá una selva moderna, “dispuesto a ser otro, alejado de mí mismo —de todo lo que soy— sin libros, sin casa, sin diversiones. Apenas algún amigo y Rodolfo, que me acompaña y comparte este desencuentro atroz”.

Final. “¿Quién terminé siendo? —reproduce el narrador juez que quiere saberlo todo y valorarlo todo como si pudiera erguirse ilusamente en conciencia la voz de Villaurrutia—: este cuerpo maltrecho, estas piernas temblando, esta conciencia desecha que ya no cree en nada, que ya no cree nadar en su propio fango”.

El Villaurrutia que contiene, revive, novela y obsequia al lector Palou.

 

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Pedro Ángel Palou, En la alcoba de un mundo. El amor y la oscura muerte de Xavier Villaurrutia, Seix Barral, México, 2018, 224 pp.

@mauflos

 

 

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