Vargas Llosa, entre la amnesia y el argumento blandengue

Vargas Llosa, entre la amnesia y el argumento blandengue

La reciente declaración del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en la que aseguró que la victoria de Andrés Manuel López Obrador representaría para México “un retroceso”, ha venido a convulsionar más la ya de por sí enredada polémica en torno a la contienda electoral por el poder federal. El laureado escritor no escatimó en establecer un paralelismo entre México y Venezuela a partir de lo que definió como “populismo, demagogia y recetas fracasadas”, ello durante la presentación de su más reciente libro.
Llama la atención que el peruano haga una referencia tan directa y juiciosa hacia uno de los candidatos, en especial en un momento en el que los otros dos principales contendientes en la carrera presidencial pasan por un agrio momento de desprestigio al ser señalados como responsables de desvíos de recursos y lavado de dinero, situación que por lo visto no es digna de mención para Vargas Llosa.
Pero más allá de las simpatías políticas del peruano, e incluso más allá de lo que los tres principales candidatos a la presidencia de la República representan para el país, sobresale el hecho de que las declaraciones de Vargas Llosa demuestran carencia de sentido y responsabilidad histórica, además de que su posición política no se basa en argumentos políticos serios, sino en fórmulas de desprestigio del más bajo nivel que se corresponden con las “campañas sucias” que se han agudizado desde 2006 en México, y las cuales contravienen la normatividad del Instituto Nacional Electoral (INE).
Resulta irónico que Vargas Llosa advierta sobre el populismo y la demagogia con un candidato de izquierda que ni siquiera ha llegado al poder federal, y que en cambio omita referirse al populismo y la demagogia que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha utilizado como herramienta desde hace más de 70 años. Parece “olvidar” que su célebre señalamiento de la “dictadura perfecta” en México se corresponde con un gobierno que en su fachada se mantiene al margen de los golpes de Estado y su correspondiente dictadura (como ha ocurrido en varios países de América Latina en las últimas décadas), pero en sus entretelones lleva a cabo un golpe de Estado técnico, y utiliza precisamente la demagogia y el populismo como parte de su instrumental para administrar la pobreza y el miedo de millones de mexicanos.
Ahora bien, podría pensarse que la declaración de Vargas Llosa tal vez fue un “patinón” en un piso político que desconoce, pero lo cierto es que el tema que aborda no se restringe a México, sino que el proceso electoral en el que se encuentra el país también representa una pieza significativo en términos de geopolítica, nivel en el que es muy difícil pensar que Vargas Llosa no tenga un mínimo de dominio.
Hoy por hoy, son justamente los candidatos que el escritor omite señalar como “peligros para México” los que han dado muestra de un mayor alineamiento al esquema de subordinación en el que México está sumido, en especial con respecto del proyecto hegemónico estadounidense.
A Vargas Llosa parece haberle pasado de noche que entre 2001 y 2017 las mineras -foráneas principalmente- extrajeron de México cerca del doble del oro y la mitad de la plata de todo lo que los españoles saquearon durante 300 años de colonia, como recientemente señaló el periodista J. Jesús Lemus; que la promesa priísta de que la reforma energética beneficiaría al país, ha derivado en que de 10.36 pesos por litro que costaba la gasolina en 2012, para el primer trimestre de 2017 ya haya superado los 20.01 pesos por litro, mientras mantenemos la imposición gubernamental de malbaratar el crudo hacia el exterior; que la mano de obra mexicana siga siendo una de las más baratas del planeta, en un esquema que mella los derechos laborales, privilegia al gran capital transnacional, sus maquiladoras, y se sustenta en un acuerdo inequitativo para México como lo es el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN); que en Colombia, al igual que en México (en tanto países con políticas neoliberales y subordinados al exterior), se use el miedo en propaganda y publicidades que señalan el “peligro” de volverse como Venezuela, en lo que es al menos una falta de respeto a la soberanía de ese país.
Tal vez más significativo que lo anterior es el hecho de que Vargas Llosa haya puesto tanto empeño en generar libros como El sueño del celta, el cual describe las dinámicas coloniales que las naciones centrales han ejercido sobre la periferia. El peruano adoptó en su obra una posición favorable a los derechos humanos, y a la vez firme para exponer los procesos de explotación desde el Congo Belga, hasta la selva amazónica del sur del continente americano. Tomando en cuenta dicha posición y el conocimiento de Vargas Llosa con respecto de las modalidades de dominio entre naciones, ¿cómo se explica que en el marco del proceso electoral mexicano emita declaraciones que se corresponden con el nivel de convencimiento más básico que promueven los spots televisivos, y no aporte algo realmente significativo sobre la situación del país, independientemente del candidato por el que pudiera inclinarse?

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