Wikus

Wikus
Max Beckmann. Autorretrato como enfermero. 1915.

La Gualdra 328 / Río de palabras

 

 

A Wikus le pareció una niñería que el celador le entregara un polluelo de cacatúa. Debía cuidarla y alimentarla noche y día, incluso, hasta en medio de los sueños.

Pasaron las semanas y los graznidos del ave cobraron ímpetu. Quería apachurrarla con sus fuertes dedos. Se resistía a hacerlo porque deseaba volver a estar con su familia. Una noche de copas, un pleito con su esposa y un terrible griterío por parte de sus hijos, lo llevaron directo a la cárcel.

Cierta madrugada, en medio de una pesadilla, Wikus notó que el pájaro escapaba de la celda con dirección al campo. Cuando despertó, estaba a su lado el celador. En ese momento, el preso de fornido cuerpo se hincó y suplicó con amargura para que no se llevara el ave. Pero no le hizo caso.

Horas después anotaron en su expediente: ha aceptado la rehabilitación. Sin embargo, se hace necesaria una confirmación. Y después de criar a un hipopótamo, un león e incluso, un dinosaurio y tras haber padecido mil pesadillas, diez mil hincamientos y muchos lloriqueos, le dieron su anhelada libertad.

 

 

 

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