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La “constitución moral” y el principio de debilidad del soporte

La “constitución moral” y el principio de debilidad del soporte

Un tiempo fui un ferviente lopezobradorista. Luego crecí y dejé de serlo. Pero de los viajes ideológicos uno aprende casi tanto como de los viajes turísticos. Así que en esta ocasión, procurando dejar mis filias y fobias bajo el control estricto de la transparencia—por ello abrí con la oración con la que abrí este tema – me gustaría tratar un tema que va a dar de qué hablar en estas inminentes campañas.
No es mi objetivo aquí hacer ni apología ni ataque de nadie. Sólo exploraré un concepto curioso como es el de ‘constitución moral’ a la luz de otro aspecto poco conocido de los derechos humanos. El primero lo propone Andrés Manuel López Obrador en su discurso ante el Partido Encuentro Social (PES) donde tomó protesta como su candidato presidencial. Allí, afirmó que la regeneración nacional para conseguir una “república amorosa” pasa por tener “un código del bien”. La idea del señor López es básicamente reposicionar la moral en la política y eliminar con ello lo que considera es la causa de lo que él llama “la desgracia nacional”: “Es urgente revertir el actual predominio del individualismo por sobre los principios que alientan hacer el bien en pro de los demás.” Y agrega: “Sólo así podremos hacer frente a la mancha negra del individualismo, la codicia y el odio que nos ha llevado a a la degradación progresiva, como sociedad y como nación.”Según él, sirviendo a los demás es la única y verdadera forma de conseguir “la felicidad”, el objetivo último de las personas. Nunca dice qué entiende por servir a los demás. No complejiza. No pone ejemplos. No permite oponerse a su postura en modo alguno. Oculta, blinda su posición. No dice si debemos servir con dinero al adicto a la cocaína. No dice si debemos servir con silencio cómplice al pródigo que vive en constante precariedad económica. No dice si debemos servir evitando criticar al que cree con exceso de confianza a causa de su propia inseguridad, que puede lo que no puede, o que no puede, lo que puede. En fin. Así son los políticos en campaña. Después de todo, promete honestidad, no veracidad, no relevancia.
Con este discurso no queda claro el lugar AMLO tiene en mente para esta “Constitución moral” dado el contexto institucional del país. Pero sí parece estar al centro de su proyecto político. No dice si será de jerarquía superior a la Constitución vigente hoy, o si ocupará el lugar de la constitución vigente hoy, o si servirá para juzgar el trabajo del gobierno, o de todos dentro y fuera de sus alcobas. Se pueden hacer muchas críticas a esta noción por ejemplo la de que no es función del presidente convocar a un constituyente para hacer tal o cual cosa, o la de si hay algún procedimiento en la Constitución ex professo para ello o no, son críticas técnico-jurídicas que dejo para el que está mejor preparado y dispuesto a hacerlas.
Lo importante aquí, en mi concepto, es un tipo de comprensión equivocada al respecto de la naturaleza de las leyes y normas jurídicas en general. Muchas personas piensan que la licencia de conducir es el plástico que tienen, de modo que cuando lo extravían creen que no tienen licencia. ¿Pero para qué sirve tanto registro y papeleo que uno debe llevar a la dirección de tránsito? En esa dirección están los datos que respaldan que una licencia de conducir está vigente o no, independientemente de la posesión del documento que lo avale. Pasa lo mismo con un montón de otros documentos. Hay obligación que dependen para su existencia de un documento: los billetes de quinientos pesos, por ejemplo, pero también los pagarés. Si usted pierde un quinientón, adiós al día de trabajo que le costó conseguirlo. Pero no todos son así. Por ejemplo, si uno pierde en un incendio la cédula profesional, no por ello debe uno volver a cursar la licenciatura. Sería absurdo. El documento registra un hecho, más no constituye el hecho registrado ¿La pérdida del archivo te hace ser menos médico o menos ingeniero, o en su caso, menos mexicano, menos casado, menos padre, madre o ciudadano? ¿Podemos aspirar a tener una especie de constitución moral, que CONSTITUYA, y no sólo registre,la moral requerida para contrarrestar el individualismo y blablablá? Pues parece realmente extraño, pero hasta aquí, al menos yo, no lo veo absurdo—i.e. contradictorio–.
Los derechos humanos, por ejemplo, muchos creen que son derechos cuya existencia depende de que estén plasmados en algún documento. Y se contentan con citar algún tratado internacional, sea la Declaración Universal de los Derechosdel Humanos o la Convención Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, o lo que sea. ¿Pero qué pasaría si se quemaran todos los documentos que contienen esos derechos, y y si desaparecieran los archivos y registros, enciclopedias e incluso expertos en estas materias? ¿Ya se valdría el genocidio, la esclavitud o la persecución política por razón de opinión? Claro que no. Los derechos humanos, así, no son los documentos que los contienen. De hecho, el sentido profundo del derecho humano es que debe estar en un soporte que los poderosos no puedan modificar—legítimamente – con un mero acto de su voluntad. Si los derechos fundamentales, sea el código del bien, la constitución moral o lo que fuere, estuviera al alcance de los poderosos, no serviría para su propósito fundamental: limitar a los poderosos. Así, no importa cuántas asambleas de la ONU, del Congreso de la Unión, cuantos AMLOs, Néstoras Salgado o Enriques Dussel haya.
Poner o quitar derechos morales no es un asunto de números, ya que los números confieren poder y limitar el poder es el principal objetivo, por ejemplo, de los derechos humanos. Este es el principio, que propongo que se llame, el principio de la debilidad del soporte: mientras más importante sea el derecho o bien jurídico tutelado, menos depende para su existencia en el soporte en el cual está inscrito. El papel uno de los soportes más débiles, quizá sólo superado por la memoria humana para consagrar derechos que conduzcan a la regeneración nacional. Ya no digamos la felicidad. Dentro de los papeles, las minutas, actas y otros documentos que dependerán para su existencia, de UN poderoso, de UN partido político o de UN acto de votación, de UNA asamblea. Pretender hacerlo así es, para efectos, lo mismo que convocar a una revolución armada, pero en lugar de balas, boletas electorales.
Así, si AMLO cree que su Constitución moral constituirá la moral, estamos frente a un claro candidato a dictador. Confeso.
Nadie va a defender al individualismo y el abuso, por sobre el bien común per se y en general. De modo que, ¿contra quién está proponiendo esta idea? Las leyes vigentes que tenemos consagran debidamente—más no constituyen – derechos humanos tan fundamentales que llegarían a proteger la vida o patrimonio de UNA persona, contra el deseo homicida o de despojo de 130 millones de personas. ¿Eso calificaría como individualismo del que AMLO está haciendo su sparring político? Nuestra constitución, en el apartado de Garantías Individuales, defiende al individuo de embates posibles que pueden venir de las mayorías, ya sea directamente o representadas en sus legisladores y gobernantes. En cierto sentido, la corrupción es eso: es el abuso del manto de legitimidad que tienen unos, para lastimar a otros. Unos al amparo del poder de las mayorías, contra otros que no tenemos esa cobija protectora. ¿Llamará AMLO individualismo a estas posibilidades jurídicas? ¿Considerará que nunca que haya nada que parezca perjudicar a la mayoría para beneficiar a un individuo se podrá convalidar al individuo? ¿Si expropiar las fortunas de Carlos Slim o de Alfonso Romo sucede para beneficiar a las mayorías deteniendo este individualismo acumulador, entonces la nueva constitución lo va a permitir? ¿Qué pasa si la mayor parte de la población en 2024 quiere votar por regresar a la supuesta “mafia del poder”: se les respetaría como una decisión jurídicamente válida, aunque sea una decisión moralmente corrupta—a sus ojos –? ¿Qué pasaría si se demuestra que el desarrollo económico de México se ve muy beneficiado al permitir el aborto de fetos de siete meses de gestación? ¿Contaría ese aborto como un servicio a la patria? ¿Qué pasaría si descubrimos que una de la marihuana conduce a una excesiva ansiedad y elimina la posibilidad de la responsabilidad, causa depresión y demás? ¿Por ser en beneficio de la mayoría se haría ilegal? ¿Y si una mafia decide seguirla vendiendo y produciendo se les combatiría, como dijo él, no sólo con la coacción sino con las emociones? Etc.
AMLO deja muchas dudas con su—interesante y recomendable – discurso para encabezar la candidatura a la presidencia del PES. Pero de las pocas cuasi-certezas que deja es que parece suponer que la palabra de Dios depende para existir de los libros en los que está impresa. Podemos hacerle al loco, y pensar que AMLO es el menos grande de los males. Pero no es que la población se oponga al contenido de sus ideas. La población que desconfía, lo hace de todo lo que hay detrás: quiere, con su voluntad y rito, constituir la moral como si fuera un cheque al portador o una charola. Esto es dar al César lo que es de Dios. ■

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