Retablo, película peruana de Álvaro Delgado-Aparicio en la Berlinale 2018

Retablo, película peruana de Álvaro Delgado-Aparicio en la Berlinale 2018

La familia completa se está acomodando para posar; el padre a un costado y vestido de traje va organizando con órdenes al resto de los miembros, unos cargando bebés, otros con niños al lado y las mujeres mayores tratando de mantenerse rectas. Pareciera que se trata de la pose para la foto familiar -la del recuerdo- de alguna fiesta. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que la voz de fuera del campo más que organizar las posturas va describiendo físicamente a los personajes, incluyendo el color de la ropa. Ligero paneo del plano y vemos al niño descriptor con los ojos tapados por la mano de su padre. Están memorizando los detalles de la familia que va a esculpir en un retablo.
Justo ese es el nombre, Retablo, de la película ópera prima del director peruano Álvaro Delgado-Aparicio triplemente seleccionada en la Berlinale 2018: Generation 14plus (sección para adolescentes), Cine native (sección que rescata el cine indigenista) y Teddy Award (premio LGBT).

Y como muchos retablos tripartitos, la cinta de Delgado-Aparicio está montada en tres partes que visualmente son un viaje de entrada y salida al retablo.

Retablo es la historia de Segundo, un joven de 14 años que está aprendiendo el oficio de su padre, el arte de crear retablos. La familia vive en la región de Ayacucho (Andes peruanos), en una comunidad tradicional y aún cerrada. La madre se dedica a la casa, mientras que los hombres están en el taller o van al mercado del pueblo para vender sus piezas. Sin embargo, el secreto del padre va a romper el idilio del hijo y la tranquilidad será cosa del pasado.

Delgado-Aparicio nos comentó en entrevista, que su intención era mostrar la admiración de un hijo por su padre y encontrar la herramienta dramática que intensificara ese sentimiento, de ahí el porqué de haber recurrido a la sensibilidad de las sexualidades.

Psicólogo de formación y con 40 años entrados, Delgado-Aparicio comenzó este proyecto hace cinco años gracias a una estancia y el apoyo del Sundance Feature Film Program Lab. Aunque el guion que salió de ese taller, de las 120 páginas que tenía, sólo se quedó con un párrafo, “lo que estaba detrás de ese párrafo es cuando uno idealiza a alguien y esa persona no es como te la habías imaginado, sientes un hueco. Sientes una decepción. Entonces, en cómo te afecta esa decepción. La relación paterno-filial”.

Sin embargo, una de las técnicas de creación del taller es la de imaginar cuál es la imagen que cerrará la película: “y sabía que quería que fuera la salida del retablo. Quería que Segundo (Junior Béjar Roca) hiciera su propio retablo e interpretara su relación con su padre. Quería que él se viera desde fuera y que nosotros, los espectadores, quedáramos dentro”.

El Retablo un tríptico de colores
y hablado en quechua

La película está estelarizada por Junior Béjar Roca, Amiel Cayo y Magaly Solier. Este elenco tuvo la casualidad de que todos son hablantes nativos de quechua. Delgado-Aparicio vio entonces la posibilidad de hacer una película hablada en quechua a pesar de que el guion estaba en español. Se decidió incorporar intérpretes porque él no habla quechua y comenzó una dinámica de rodaje: primero se bloqueaban las escenas en español y luego la hacían en quechua, los intérpretes iban notando qué cosas se incorporaban o eliminaban en la traducción y las iban afinando.

A pesar de ese cambio, que fue un agregado positivo, Delgado-Aparicio respetó sus dos ideas claras desde el inicio: “todo iba a hacerse desde la perspectiva del niño. Él arranca la película viendo el mundo desde el papá. Y la otra, yo siempre sabía que la última escena era saliendo del retablo”.

Entonces, desde el inicio de la cinta nos damos cuenta de que estamos viendo figurines -humanos si se quiere- posando. Estamos acercándonos a ese retablo a través de los ojos del niño Segundo. En esta primera parte, los planos-secuencia son más bien contemplativos porque estamos aprendiendo el oficio de crear retablos. Pero poco a poco el ojo se acerca a los detalles.

En seguida, el carnaval del pueblo. Las puertas del camión tienen el color de los retablos, unos saltimbanquis las abren y salen del interior los habitantes del pueblo disfrazados para la fiesta. Los planos secuencia se mueven más rápido. La música y la fiesta imponen otro ritmo. Estamos dentro del retablo, “en un contexto retablezco, desde la paleta de color, la luz, los detalles…”, comenta emocionado el artesano de esta película.

Y finalmente, es necesario salir de ese mundo colorido y enfrentarse a la montaña, a la población y a la tradición. Salir del retablo y verse a uno mismo, cómo nos queremos ver sin importar cómo los otros nos vean.
El Retablo de Delgado-Aparicio no está marcado por los clímax narrativos sino por los puntos visuales. El plano-secuencia final, de 7 minutos, se alarga justamente para reducir el vértigo y avisar al espectador que estamos llegando al final.
Retablo ha ganado en el 2017 el premio al Mejor Filme Peruano en el Festival del Lima, y según lo contado por Delgado-Aparicio, ha sido aceptado por varios festivales, entre ellos Habana Film Festival. Seguro que algún festival mexicano estará en este 2018

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