“El cine iberoamericano, su distribución más allá de los circuitos festivaleros”

“El cine iberoamericano, su distribución más allá de los circuitos festivaleros”

Mesa redonda
En el festival de Cine de Berlín Berlinale 2018 no hay sólo proyecciones de películas, mercado, industria, talleres para el desarrollo de talentos y reuniones para productores, sino también mesas de debate.
El Instituto Cervantes y el Instituto Iberoamericano de Berlín organizaron una mesa redonda intitulada “The Ibero-american cinema, its distribution beyond the film festivals circuit” con cinco especialistas de la industria (productores y distribuidores) principalmente iberoamericana. El tema a debatir fue qué pasa con el cine hispanoamericano fuera de los circuitos de festivales. Y es que pareciera que el cine venido de estos países sólo se internacionaliza gracias a los festivales y que su distribución comercial está reducida a los canales tradicionales (compra de derechos y salidas en salas o canales de televisión). Los festivales, si bien es cierto son escaparates, no forman público ni espectadores de sala porque son únicamente eventos puntuales.
Por tanto, dos asuntos marcaron la charla de una hora y media animada por Fernando Epstein (Mutante Cine), Antonio Saura (Latido Films), Hans-Christian Boese (Piffl Medien), Olimpia Pont Cháfer (CICAE), Sandro Fiorin y moderada por Hernán Musaluppi (Rizoma Films): ¿cómo se distribuye el cine latinoamericano en el mundo y en específico en Europa? Y ¿qué pasa con las nuestras plataformas de difusión, incluyendo por supuesto, el internet y la piratería?
Fernando Epstein -productor de Las Herederas (Marcelo Martiness) en Competición en la Berlinale- lanzó la primera piedra: “el problema actual en el mercado cinematográfico latinoamericano es que está atomizado por la gran cantidad de estrenos semanales. Y entonces el famoso “boca a boca” para difundir una película ya no funciona. Ya no es suficiente… y el otro gran problema es que el cine latinoamericano es un cine “operaprimistico” que recorre el mundo.”
Es decir, el problema es la falta de salas para difundir este cine y la legislación que la proteja. Asunto aún más complejo porque ahora ya se ve con poco aprecio hablar de “cine de arte”, porque le da un sentido o pedante para unos o popular para otros.
Antonio Saura, contribuyó con el asunto de las plataformas de Internet como Netflix que han modificado los paradigmas de distribución. Pero entonces, cuando el productor decide meter su película ahí ésta ya no le pertenece. Y lo peor, si no hubo un fuerte marketing antes o si no ha hecho ruido en su país de origen, una vez en la plataforma va a ser “un grano más de esa playa”, el director no va a tener reconocimiento, sólo va a estar en el menú. Aunque Netflix, comentó Sandro Fiorin (Figa Films), está sirviendo una vez más, para difundir el cine estadounidense y la nueva ola de series. No es precisamente el gran portal para el cine latino.
De aquí, se tenía que decantar el problema de la piratería que volvió a partir opiniones: Antonio Saura insistió en que “se siguen buscando herramientas o excusas para justificar un delito. El consumo de películas para las nuevas generaciones daña las salas”; por contraparte, Fernando Saura dijo que más allá de la leyenda de la piratería como el Robin Hood de la cinematografía, es verdad que sin ella habría muchas películas que nunca serían vistas en las salas nacionales (al referirse al caso de Uruguay) y esto porque no existen legislaciones que obliguen, por ejemplo, a Netflix a incorporar y darle prioridad a la producción nacional.

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