Paz y Cultura

Paz y Cultura

Cuesta mucho trabajo hacer una introducción para tratar este par de temas y sobre todo hacerlo al alimón, sobre todo, porque en estos días de incertidumbre este par de conceptos parecen más lejanos que nunca.
Más que nada porque para tratar el tema de la paz primero hay que aventar interminables rollos sobre asuntos de violencia, agresividad, mala entraña, crímenes, criminales, degradación humana, incompatibilidad de caracteres, ira irracional, codicia, despojos, falta de valores, corrupción y un montón de temas que tienen que ver más que nada con la mala leche y la hijuep… (aquí, puntitos, por la censura) de una muy buena parte de la población en el mundo que se dedica al “cultivo” de todas las malas artes antes mencionadas y que por una extraña y singular paradoja la manera en que algunos sabios de la guerra y la violencia la tratan de resolver, es precisamente a través de la confrontación y el contra ataque. La tesis es que los índices de violencia y criminalidad únicamente pueden inhibirse con más violencia y criminalidad. Y la neta es que así no funciona la cosa. La no violencia es un ente en si mismo que arroja y coloca en un estado del ser y de conciencia único que es la paz. Cuando la no violencia es condicionada por la violencia misma entonces jamás se podrá decir que la paz verdadera existe.
Por otra parte, cuando se habla en singular o en plural de cultura, en escencia se está evitando contrarrestar todo lo que no lo es, como la falta de educación elemental, la chambonería, la ramplonada, la ignorancia, las costumbres retrógradas, la escasez de valores, la intolerancia, la patanería, la incivilidad y montones otros de de desgraciadas gracias que suelen pintar de cuerpo entero al ciudadano común y requetecorriente que pulula por todos los rumbos de nuestro sufrido planeta y se desfoga y proyecta desde el principio de que si todos los demás lo hacen, ¿por qué yo no? La justificación siempre tendrá razones –si así se puede llamar a esta bellaquería- para exigir hasta el extremo a los demás y hacerle al tío Lolo cuando se trate de las aportaciones de la primera persona. Dicho de esta manera, todo se diversifica en la tarea de encontrar principios que permitan proyectar una visión educativa de la nación que identifique y permita encontrar puntos de convergencia de la sociedad para definir una identidad que pueda marcar los rumbos que definan la cultura que proyecte a la población de este país.
Entonces, la base de lo aquí tratado es que difícilmente se podrá llegar a desarrollar cualquiera de los dos conceptos si no se dan como esas pastillitas para la gripe, que sean dos y se tomen juntas. Si no se puede vivir en un esquema donde se dé prioridad a los principios que fundamentan la paz, entonces, será imposible sentar las bases para desarrollar un proyecto cultural. Cuando se encuentre la fórmula para mantener una de ellas, es porque simultáneamente se estará trabajando en afianzar la otra; y esta retroalimentación directa y continua dará origen a una codependencia dialéctica que arrojará circunstancias novedosas a las que no se está ya acostumbrado ni como persona, ni como ciudadano ni como un ente social.
Será muy agradable ver la proliferación de acciones de todo tipo que tengan que ver con la construcción de nuevos proyectos que enaltezcan al ser humano, como la permanencia y la pertenencia; conceptos hoy día tan desairados que ya difícilmente la gente recuerda lo que significan y lo que se siente vivir inmersos en proyectos de vida que tengan estos elementos como base y sustento. Se volverían a recuperar conceptos como integración familiar, el multi mencionado tejido social sano y adaptativo como base del diseño de un nuevo modelo de sociedad; el amor y el respeto al prójimo, así como el cuidado de los semejantes.
Para empezar, aquí en el terreno corto se insiste desde esta columna, habrá que rescatar el esfuerzo por lograr una educación trascendente como base de la causa cultural que quiera establecerse y defenderse y para tal efecto hay que rescatar mínimamente tres elementos básicos e imprescindibles: un plan curricular con visión de futuro basado en los esfuerzos históricos de quienes más han aportado a este esfuerzo; un muy intenso programa de formación de profesores, gestores y promotores de la enseñanza y planes y programas de aprendizaje que permitan rescatar a la población del marasmo tecnológico del que es cautiva. Y la situación ambiente que facilitaría el estado ideal para que lo anterior ocurra es esa sensación que sólo viviéndola puede identificarse, La Paz.
No se podrá llegar lejos si los enfrentamientos surgen desde los lugares donde debe cultivarse la educación y la cultura, cuando los responsables de promoverlas únicamente se preocupan en fortalecer sus canonjías burocráticas y se olvidan de la población objetivo que son los profesores, los estudiantes y los artistas, para citar a los menos. Éstos deben preocuparse por enseñar, aprender y crear con destreza y no andar mendingando y peleando como perros hambrientos a sus pares un mendrugo de oportunidad para hacer del nuestro un país mejor. Sueños guajiros.
Invitación a todos los “cultos” (que hay muchíiisimos): Escenautas continúa su temporada anual. Este viernes 23 de febrero, en el Centro Cultural Ciudadela del Arte, se presenta por cuarentava ocasión el monólogo SOLO, de Samuel Beckett, entrada gratuita, 8:00 pm, Bóveda 2. Comente e invite a sus amigos.

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