Notas para leer los reportes de las encuestas electorales

Notas para leer los reportes de las encuestas electorales

El proceso electoral en México 2018 apunta para ser muy distinto a los anteriores. En los hechos, la llamada precampaña se convirtió en una primera vuelta informal para dejar solamente dos finalistas. Las encuestas realizadas por algunas de las empresas más estables y con metodologías muy parecidas, durante el último mes, reportadas por el Colegio de especialistas en demoscopia y encuestas (CEDE) arrojan resultados muy parecidos, lo que da la impresión de que los electores ya conocen a los principales candidatos y la volatilidad típica sobre la intención del voto ha disminuido significativamente.
Si enfocamos nuestra atención al promedio de las preferencias electorales efectivas observaremos que la diferencia entre quien encabeza las encuestas (Andrés Manuel López Obrador) y quien va en segundo lugar (Ricardo Anaya) es de casi 8 %. Y un porcentaje similar separa a Anaya del tercer lugar (Meade). El primer promedio es al que hay que poner especial atención durante la campaña, más que al resultado de intención de voto publicado por cada casa encuestadora o medio de comunicación, porque en algunos casos, sus resultados pueden haberse disparado. Recordemos que el nivel de confianza de casi todos los trabajos es de 95 %, pero ello no impide que alguno de ellos arroje resultados que corresponden al 5 % muy improbable.
Es importante recordar que existen, al menos, tres tipos de encuestas: las académicas, las de medios de comunicación, y las patrocinadas por partidos políticos. Las encuestas académicas por lo general no forman parte de la campaña electoral. Por ejemplo, se sabe que el CIDE realiza un “Estudio Nacional Electoral” que forma parte de un proyecto internacional para analizar qué factores influyeron en el electorado mexicano a la hora de votar. Ese análisis es realizado posterior a la elección y sus conclusiones no se dan a conocer durante la campaña. En cambio, las encuestas patrocinadas por los medios de comunicación son las que alimentan la cobertura noticiosa, constituyen el núcleo de lo que en Estados Unidos llaman “la carrera de caballos”. Estas encuestas se realizan con el incentivo de informar día a día sobre aspectos de la campaña electoral: los cambios en la intención de voto, la percepción ganadora, si la imagen de los candidatos ha mejorado o empeorado durante la campaña, los niveles de reconocimiento de nombre, entre otros. En el caso del reporte del CEDE, lo que observamos es que AMLO, Anaya y Meade ya han alcanzado un reconocimiento de nombre competitivo, pero parece que Meade está cargando con la mala imagen del gobierno de EPN y del PRI. Es de llamar la atención que, a diferencia de anteriores procesos, AMLO tiene una buena imagen y va en primer lugar en la percepción de que va a ganar.
Por otra parte, es importante ni siquiera prestar atención a las llamadas encuestas “patito”, que incluyen los sondeos que no son ni científicos ni representativos (no incluyen métodos de muestreo con selección probabilística de personas encuestadas). También incluyen aquellos sondeos que traten de aparentar ser serios, pero que no lo son, firmadas por casas encuestadoras que aparecen repentinamente y desaparecen al terminar las campañas. Otros ejemplos de encuestas de mala calidad son las realizadas en Facebook, que no son representativas del universo de votantes en México. Finalmente, existe un tercer grupo de encuestas, las encuestas patrocinadas por partidos políticos, “filtradas” a los medios de comunicación o difundidas en las redes sociales. Hay que tener cuidado con esas encuestas, y en general, no hay que tomarlas en cuenta, ya que son pagadas por los equipos de campaña y su propósito no es informar, sino generar una percepción a favor de algún candidato. Tampoco hay que fiarse en encuestas telefónicas que, en el mejor de los casos, sus resultados sólo reflejan las opiniones de un subconjunto de la población. Adicionalmente, evite compartir las encuestas falsas que abundan en redes sociales. Estas suelen circular en redes sociales y sólo buscan desinformar al electorado copiando los reportes de las casas encuestadoras más serias, pero alterando las preferencias electorales.
Por último, los reportes de algunas casas encuestadoras contienen preferencias “brutas” mientras que otros se refieren a preferencias “efectivas”, las cuales no son comparables. Las preferencias brutas incluyen la “no respuesta”, es decir, el porcentaje de personas que contestó que aún no sabe por quién va a votar o simplemente no respondió la pregunta de intención de voto. Mientras que las preferencias efectivas eliminan ese porcentaje, y se recalcula la intención de voto, asignando el porcentaje de ‘no respuesta’ a cada candidato. Es importante observar el comportamiento de las preferencias brutas a lo largo de la campaña, dado que el porcentaje de “no respuesta”—como es de esperarse—tiende a disminuir a medida que se acerca el día de la elección. Por lo mismo, es importante observar si hay algún sesgo partidista en la “no respuesta”, es decir, si los puntos porcentuales que pierde la “no respuesta” le suman puntos porcentuales a algún candidato.

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