El plebiscito del Spauaz: la inconformidad anónima y sus signos

El plebiscito del Spauaz: la inconformidad anónima y sus signos

En los dos últimos procesos de revisión contractual entre UAZ-SPAUAZ se han combinado dos rasgos que sorprenden cuando van juntos: la poca participación de las bases docentes en el proceso de revisión, y el alto porcentaje que vota por la huelga. Generalmente, cuando hay mucho voto por la huelga supone un fuerte descontento que, a la vez, se traduce en móvil de participación sindical. La indiferencia tiende a ser pasiva, y sus formas de manifestarse es en la abstención y en los votos por no-huelga. Así las cosas, es extraño que exista inconformidad, que es lo que explica la votación por la huelga, y al mismo tiempo nula participación en los procesos organizativos. Las sesiones de la coordinadora de delegados y las asambleas generales sin presencia de profesores, sin quorum las primeras y prácticamente desiertas las segundas. Un móvil de la movilización es la inconformidad, ¿Por qué en este caso no ocurre así? Significa que hay algunas anomalías que generan la extraña combinación de la que hablamos. Un dato esencial para percibir el fenómeno es que todo el aparato de la rectoría, los directores y una buena parte del propio Comité Ejecutivo del Spauaz estaban trabajando para inclinar la votación por la no-huelga. Lo cual significa que no tienen control sobre una masa importante de profesores; pero tampoco significa que algún grupo de oposición pueda arrogarse esa representatividad. Es una masa sin representación.

En suma, es una inconformidad anónima. No discute, no promueve propuestas ni se deja ver. Pero vota por el estallamiento. No están ni con la patronal, ni con la dirigencia sindical, ni con grupos opositores visibles. Algo que puede explicar ese anonimato es el temor a ser reprimido o señalado o bloqueado. También la comodidad de votar sin hacer oposición activa. El anonimato es señal de una atmósfera de poca libertad. En fin, estos temas deben poner a pensar a los universitarios sobre la organización sindical que construyen, y deberían también pensar nuevas formas de participación y organización en su sindicato. Los grupos que ahora existen no cuentan con la adherencia de un porcentaje muy amplio de profesores, casi el 48 por ciento.

Ahora la Rectoría universitaria debería preocuparse por dar señales de procesos de cambios de fondo en la conducción y su política laboral. Un signo de que entendió el proceso es atender la preocupación por la seguridad en el empleo y, por ello, desencadenar el proceso de basificación. Contrario a lo que ha venido haciendo, al desplazar laboralmente a los tiempos determinados, en una estrategia de ahorro poco inteligente. Es muy probable que la mayoría de votantes por la huelga sean esos tiempos determinados vulnerados. Otra conclusión: el hecho de que la inconformidad sea anónima descalifica a la dirigencia sindical como mediador de las preocupaciones de esos profesores. Es una dirigencia con mayor ausencia de legitimidad. Como podemos ver, son muchos los temas que los universitarios deben reflexionar para explicar esa inconformidad anónima que no se deja aprehender.

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